Una ley “fantasma” para reprimir más en Egipto

No es inusual que aquellos que sufrieron la persecución bajo un sistema político, una vez en el poder, se apropien de los antiguos métodos y los utilicen contra sus adversarios. Eso es lo que ha sucedido en Egipto con la llamada Ley de Reunión, promulgada por las autoridades coloniales británicas en 1914 para reprimir cualquier movilización de tipo nacionalista durante la I Guerra Mundial. Más de un siglo después, la norma ha resucitado con fuerza, convirtiéndose en la piedra angular del sistema represivo del brutal régimen del mariscal Abdelfatá al Sisi.

El Cairo Institute for Human Rights Studies (CIHRS), junto a 23 abogados y activistas, ha interpuesto una demanda ante la justicia egipcia para suspender esa funesta ley y la publicación de su derogación en la gaceta oficial del Estado. Y es que, según el informe del CIHRS, la legislación ya fue anulada en 1928 por ambas cámaras del Parlamento egipcio. Sin embargo, el rey Fuad no quiso hacerlo público en la gaceta oficial, por lo que los regímenes posteriores, incluso el nacionalista fundado por Nasser en 1952, la han utilizado para reprimir a los disidentes.

De acuerdo con el informe, los jueces suelen sumar en sus sentencias las penas de cárcel recogidas en la Ley de Manifestación y la de Reunión, por lo que el régimen “es capaz de castigar a los ciudadanos más severamente por reunirse pacíficamente de lo que lo hacían las autoridades coloniales hace un siglo”. La controvertida norma, que prohíbe la congregación de cinco o más personas en el espacio público o privado si constituye una amenza al orden público, se basa en el principio de “responsabilidad compartida”.

Por tanto, si en una manifestación se producen altercados o la destrucción de la propiedad pública es posible castigar con la misma pena a todos los que tomaron parte en el acto aunque no fueran sus autores materiales. En el mismo saco caen incluso aquellos que convocaron la concentración aun cuando no asistieran. Por eso, es “la causa número uno” de la condena de decenas de miles de egipcios a penas de hasta 20 años de cárcel desde 2013.

Artículo publicado en EL PAIS el 18-03-2017

Trump y el “despertar” de Túnez

A pesar de haber lanzado intervenciones militares en el mundo islámico, tanto George Bush como Barack Obama se esforzaron en sus discursos en contrarrestar la idea de que la suya era una cruzada contra el islam, a la que definían a menudo como una “religión de paz”. Con Trump, el enfoque es completamente diferente. El problema no es un grupúsculo que tergiversa el islam, sino la esencia misma de esta confesión, a la que consideran hostil a la modernidad y sus logros, como la democracia y los derechos humanos. El islam y las sociedades musulmanas serían, para ellos, inasequibles a cualquier cambio o evolución.

Túnez, un país que aprobó una Constitución democrática y laica en 2014, desmiente la falacia de Trump y sus aliados europeos, los Wilders, Le Pen, etcétera. Y no lo hace solo ahora, sino que ya lo hacía en el siglo XIX, como demuestra la excelente exposición L’eveil d’un nation (El despertar de una nación), inaugurada en la capital del país magrebí el 27 de noviembre y que concluye la próxima semana. La muestra tiene lugar en el precioso palacio Ksar el-Saïd, la residencia del último Bey (monarca) tunecino, y que ha sido rehabilitado y reabierto después de haber caído en desuso después de 1956.

“L’eveil d’une nation” es una lección de historia sobre el proceso de reformas políticas y sociales experimentado en el siglo XIX en Túnez hecha a partir de las obras de arte y objetos de la época. Por ejemplo, se pueden apreciar los retratos de varios reyes europeos, entregados a los Beys como regalos en motivo de una visita oficial. “Fue un periodo de cambios, en el que Túnez ya miraba a Europa. Pero estos movimientos suscitaron resistencias”, explica Ridha Moumi, el comisario de la exposición. De hecho, las coordenadas del país magrebí entonces no eran tan diferentes de las españolas: aprobación de una Constitución liberal, marcha atrás por las presiones de los sectores más conservadores, la entrada de tropas francesas …

El primer reformador fue Ahmed Bey, que abolió la esclavitud en 1846, unos años antes que EE UU Una década después, decretó la igualdad ante la ley de todos los sujetos del país, independendientemente de su religión, el llamado aqd el-amen (literalmente, “contrato de la seguridad”). En 1860, con la promulgación de una Carta Magna que limita los poderes del Bey, se instaura una monarquía constitucional. Sin embargo, al coincidir con una crisis económica y un aumento de la presión impositiva, una revuelta de los jefes de las tribus de las zonas rurales obliga a suspender su aplicación. Ahora bien, muchos ven en aquellos vientos de reforma las semillas del “excepcionalismo” tunecino actual.

Todos estos documentos históricos, como el aqd al-amen y la primera Constitución del mundo islámico, están expuestos al público. También lo está el Tratado del Bardo, emplazado encima de la misma mesa y la misma sala donde fue firmado en 1885. El acuerdo representa el inicio del periodo colonial francés, que se prolongaría hasta 1956. Aunque los franceses llegaron con promesas de modernización, como suele suceder con todos los proyectos imperialistas, su gobierno se dedicó más bien a la explotación del territorio y sus habitantes.

Precisamente, fue este perverso matrimonio entre la dominación y las ideas de liberalismo y progreso el que engendró una poderosa forma de resistencia ideológica: el islamismo político. El colonialismo no solo frenó el proceso de cambios endógenos en las sociedades árabo-musulmanas de finales del XIX, sino que ensució y desacreditó los conceptos vinculados a la modernidad occidental, como la democracia y las libertades individuales. Algo parecido pasó en otros países, como Egipto, Irán o Irak.

Obviamente, esta parte de la historia del mundo árabe es convenientemente obviada por la extrema derecha y sus ideológos, pues niega la presunta naturaleza inmutable y retrógrada de las sociedades del sur del Mediterráneo. Sin embargo, aquel proceso histórico y sus consecuencias no deberían ser demasiado difíciles de comprender, al menos en España. ¿O acaso los españolitos de princpios del siglo XIX recibieron con los brazos abiertos a las tropas napoleónicas? A nadie le gusta que unos forasteros les impongan reformas, ni aún siendo beneficiosas. Para desgracia de Túnez y sus vecinos, sus sociedades no tuvieron suficiente fuerza como para repeler las ansias expansionistas europeas. Y sobre aquella traumática experiencia edificó el islamismo su posterior hegemonía ideológica.

Artículo publicado en EL PAIS el día 24-02-2017

Toque de atención a Túnez por los abusos en la lucha antiterrorista

Túnez.-En un plazo de un par de semanas, tres organizaciones internacionales (la ONU, Amnistía Internacional y Abogados Sin Fronteras) han publicado sendos informes críticos con la política antiterrorista de las autoridades tunecinas. En sus textos, lamentan que en Túnez, el único país árabe que ha sido capaz de culminar su tránsito a un sistema democrático, los cuerpos de seguridad y los tribunales hayan violado los derechos humanos de los sospechosos de pertenecer a grupos terroristas, lo que representa una marcha atrás hacia los tiempos del dictador Ben Alí. El Gobierno tunecino, por su parte, ha respondido a las críticas asegurando que se trata de “casos aislados”.

Ben Emmerson, un alto cargo de la ONU especializado en política antiterrorista, abordó en su visita al país magrebí el tratamiento a los nacionales retornados de zonas de conflicto. “Me han informado que unos 1.500 individuos se hallan involucrados en procesos por actos terroristas. Menos de un 10% han sido sentenciados, y el resto se ven privados de libertad durante largos periodos sin haberlos encontrado culpables de ninguna ofensa”, afirmó en un comunicado en el que también se declaraba “particularmente preocupado” por la situación en la cárcel de Mornaguia, a la que tuvo acceso. El centro no cumple los estándares internacionales mínimos y el número de reclusos supera en un 150% su capacidad. Continua llegint

El mundo árabe, una nación futbolística

A medida que se acercaban las ocho de la tarde, hora de inicio de la final de la Copa de África entre Egipto y Camerún, iban desapareciendo las sillas libres en un bar popular del centro de la capital tunecina. Los más tardones se tuvieron que conformar con ver el partido de fútbol de pie desde la calle. Dentro, el aire era cada vez más denso y cargado, pocos eran los clientes que no daban ávidos sorbos a una shisha, o pipa de agua. Una explosión de alegría y aplausos quebró la tensión inicial gracias el gol de Mohamed Elneny que ponía a “los faraones” por delante en el marcador.

Al comienzo de la segunda parte, Camerún empezó a achuchar la portería del incombustible Essam al-Hadary —a sus 44 años, el último héroe de Egipto—, y el ambiente se fue tornando cada vez más sombrío en el bar. Empate en el minuto 59, y desenlace cruel a falta de dos minutos para el final. “¡Un robo, ha sido un robo!”, se desgañitaba un adolescente con un peinado psicodélico sentado en primera fila. El locutor estrella de Al Yazira —tunecino, por cierto— también acusó con vehemencia al árbitro de no haber visto una clarísima mano de Vincent Aboubacar. Sin embargo, la prensa internacional vio en la misma jugada un golazo del delantero camerunés, que soltó un certero latigazo después de un acrobático control con el pecho. Continua llegint

La Kadisha, el valle sagrado del Líbano

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Imagen de Bsharri

Bsharri.-En una apacible tarde de otoño en el valle de la Kadisha, es fácil olvidar que uno se encuentra menos de 30 kilómetros de la tragedia siria, en el mismo mundo árabe desgarrado por el extremismo islámico. Salpicado por incontables cruces de madera y hornacinas con figuras de la Virgen en su interior, este cañón abrupto compite en iglesias por capita con la mismísima Roma. No en vano, al abrigo de sus escarpadas montañas, prosperó durante siglos la confesión cristiana maronita, embrión identitario de la idea de Líbano, territorio de frontera entre Oriente y Occidente.

Además de esconder en sus entrañas decenas de grutas dedicadas a vírgenes y santos, ermitas e iglesias excavadas en la roca de sus más remotos rincones, los montes de la adusta Kadisha atesoran también la más formidable reserva de cedros de Líbano, símbolo de este diminuto país en peligro de extinción. Su principal pueblo, Bsharri, fue cuna y sepultura de Khalil Gibran, el poeta libanés más célebre a nivel internacional, y por eso, es sede de un interesante museo dedicado a su figura. Belleza natural, historia y cultura se funden en estos parajes sagrados para los maronitas, donde reposan los restos de una veintena de patriarcas. Una excursión ideal para un largo fin de semana, sobre todo para los amantes del trekking.

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Angustia en Túnez por sus desaparecidos en el Mediterráneo

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Rashida Beji en la oficina de Terre pour Tous

“Me he intentado suicidar dos veces, todavía sufro de depresión y me estoy medicando. A menudo, tengo la sensación de no poder respirar”, explica Henda Baccouche, de 54 años y madre de cuatro hijos. El menor de ellos, Helmy, de 21 años, desapareció en septiembre del 2012 tras subirse a una patera rumbo a Italia. Rashida Beji, una mujer de unos azulísimos ojos tristes y ataviada con un hiyabgranate, cuenta una historia parecida: “No tengo noticias de mi hijo desde que se marchó a Italia, en 2011″. Estas mujeres, angustiadas pero aún esperanzadas, representan el rostro humano que eclipsan las estadísticas de la tragedia del Mediterráneo.

La ONG tunecina Terre pour tous (Tierra para todos) agrupa a las familias de decenas de jóvenes cuyo rastro se perdió en un incierto viaje en el Mediterráneo. La mayoría de sus miembros son mujeres, que durante los últimos cinco años no se han cansado de manifestarse periódicamente frente al Ministerio de Asuntos Sociales de Túnez. Reclaman a las autoridades de su país que esclarezcan qué sucedió con sus familiares, desaparecidos tras embarcarse clandestinamente hacia las costas europeas, una ruta de la muerte en la que han fallecido 5.083 migrantes durante 2016, el año más mortífero hasta la fecha, según la Organización Internacional de las Migraciones (OIM). En 2017, la agencia de la ONU ya ha contabilizado 254 víctimas mortales. Continua llegint

La joventut tunisiana s’aboca a l’art

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Jihed Khmeri en plena actuació

Tunis.-Els colonitzadors francesos van dissenyar l’Avinguda Bourguiba de Tunis, situada al cor de la ciutat, amb la voluntat de recrear els Camps Elisis de París. Tanmateix, i malgrat ser la seu de les botigues de roba de marca internacional, el passeig té un caràcter eminentment popular més que no pas exclussiu. La Bourguiba recorda més aviat la Rambla de Barcelona abans de la seva invasió pel turisme de masses. Fins fa poc, només li mancava una cosa: els músics i altres artistes de carrer. Durant la dictadura de Ben Alí, estava prohibit tocar al carrer, i els que h feien, s’arriscaven a acabar a la presó. Per primera vegada, ja es veuen cercles de gent apreciant l’art informal. El país va recuperant el pols de la vida, sobretot en l’àmbit cultural.

L’Avinguda Bourguiba, seu del teatre nacional però també del temut ministeri de l’Interior, va ser un dels escenaris principals de la Revolució del 2011. Aquella pulsió contestatària, que va desencadenar per contagi la Primavera Àrab, va ser protagonitzada sobretot pels joves. No obstant això, amb una tasa d’atur juvenil propera al 40%, la joventut no se sent la principal beneficiària de la revolta. El compromís social i politic ha deixat pas al desencant, un cop la classe política tradicional s’ha atrinxerat al poder. Avui, sis anys després d’aquell asombrós 14 de gener que va deixar al món bocabadat, bona part de les energies aquesta generació rebel i somniadora s’han canalitzat cap a l’art. Aquests en són quatre exemples en disciplines diferents. Continua llegint