Yaya Culibali, el mago maliense de las marionetas

Culibaly en un taller en Túnez

Túnez.-Cuando habla del arte de las marionetas, Yaya Culibaly lo hace con una voz profunda y una pasión contagiosa. “A la marioneta hay que tratarla como una persona. Incluso después de dejar de utilizarla, porque puede tener otra vida en un futuro, quizás en un museo”, predica ante una docena de estudiantes tunecinos en el marco del Festival de Teatro Internacional de Cartago, el más importante de África. Culibaly, originario de Mali, es uno de los más grandes maestros de marionetas del mundo, por lo que viaja a menudo para transmitir unos conocimientos transmitidos de generación en generación desde hace siglos.

Un taller con Culibaly es algo más que una sesión de formación sobre la técnica de fabricación y manipulación de las marionetas tradicionales malienses. Es una verdadera clase magistral sobre la cultura y sabiduría tradicional africana. “Mi padre decía que el arte de las marionetas es la suma del imaginario colectivo de la humanidad”, cuenta ante un público hipnotizado. Según el maestro, esta disciplina hunde sus raíces en la prehistoria, y en diversos lugares de la Tierra hay constancia de su existencia hace más de 5.000 años. 

Si bien en nuestra cultura tienen un valor de transmisión oral de cuentos y mitos, en Malí también ha tenido tradicionalmente una dimensión espiritual. “Las marionetas estaban consideradas el medio para conectar con nuestros ancestros, con el más allá. Servían para regular los ciclos de la vida natural”, relata este anciano, que creció en un pueblo remoto y es incapaz de ofrecer una fecha precisa de su nacimiento.

Por esta razón, se han situado en el punto de mira de los grupos yihadistas, que hace una década han asolado regiones enteras de Mali, y de la región del Sahel. “Cuando entran en un pueblo, uno de los primeros objetivos de los yihadistas son los artistas en general, y quienes trabajan con marionetas en particular. Consideran que la representación de figuras islámicas es un pecado grave”, explica Fasiné Culibaly, hijo de Yaya y su mano derecha. Dado que ambos residen en la capital, Bamako, cuentan con una mayor protección.

“Los yihadistas son gente que ha traído unas ideas que nos son ajenas. Los pueblos del Sahel son pacíficos y han tenido siempre buenas relaciones entre ellos”, asevera Culibaly, que considera que las marionetas promueven la tolerancia y el entendimiento. “Las marionetas suelen representar los diversos caracteres humanos, a menudo representados por animales. A través de ellas, desarrollamos la empatía, la capacidad de entender al otro. Son una herramienta que facilita la convivencia”, sostiene el maestro.

En las últimas décadas, se ha revalorizado el arte de la marioneta, sobre todo en Occidente, donde antes era considerado una disciplina menor. Culibaly participó en la primera convención que reunió artistas de varios continentes, celebrada a principios de los años ochenta en París, y que desembocó en la creación de la Escuela Superior Nacional del Arte de la Marioneta (ESNAM), un referente mundial con sede en la región francesa de las Ardennes. Ahora bien, la cultura de las marionetas existe en el mundo entero, pero Culibaly cita como sus preferidas las de Laos e Indonesia. 

Pronto Mali tendrá también su propio centro dedicado al arte de las marionetas, y que incluirá un museo, un teatro y una casa de huéspedes para que artistas del mundo entero vengan a realizar estadías. De momento, ya cuenta con unas 25.000 marionetas, muchas de ellas patrimonio de la familia que se dedica a este arte desde el siglo XIII. De estas, hechas por él calcula que son unas 2.000. Su hijo, Fasiné, al ser preguntado si continuará con la tradición familiar, sonríe y responde: “Por supuesto, la duda ni se plantea”. 

Artículo publicado en La Voz de Galicia

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