Túnez recupera su seguridad frente a la amenaza yihadista

Túnez.-Durante las últimas semanas se acumulan los anuncios por parte de touroperadores internacionales respecto a su intención de volver a incluir entre sus paquetes de viajes a Túnez, país proscrito al turismo occidental de masas después de dos atentandos en 2015 que mataron a 59 viajeros. La última operación terrorista de envergadura fue el frustrado intento de asalto a Ben Guerdane, una ciudad fronteriza con Libia, hace exactamente un año, y el último atentado se remonta a noviembre del 2015. A pesar de la confianza que destilan las autoridades tunecinas, el país se enfrenta aún a importantes retos en el ámbito de la seguridad, como el posible retorno de cientos de yihadistas alistados en milicias extranjeras.

“Vuestra victoria en la batalla del 7 de marzo, la victoria de nuestros agentes de seguridad y militares fue un punto de inflexión en la lucha contra el terrorismo”, proclamó el primer ministro Yusuf Chahed en el acto de conmemoración de las víctimas de Ben Guerdane. Esta sensación renovada seguridad es compartida por buena parte de la opinión pública, y de ahí que cuando el Chahed tomó las riendas del Gobierno, mantuvo al frente de las carteras de Interior, Justicia y Defensa a los mismo responsables que nombró su predecesor. Los analistas en seguridad comparten esta visión. “Las fuerzas de seguridad han registrado notables éxitos, desarticulando un buen número de comandos”, apunta Ridha Raddaoui, director del Centro Tunecino de Investigaciones y Estudios sobre el Terrorismo (CTRET)

Las policía del país magrebí recibieron fuertes críticas después de los atentandos yihadistas del Museo del Bardo, que se saldó con la muerte de 22 personas, y sobre todo el de la playa de Susa, donde las víctimas mortales ascendieron a 38, la mayoría turistas británicos. A principios de este mes, seis agentes tunecinos fueron procesados por su actuación aquella aciaga mañana de junio bajo el cargo de “no asistir a personas en peligro”. De acuerdo con el informe judicial, su tardía respuesta -el terrorista pudo disparar contra los turistas durante más de 30 minutos- fue “deliberada y no justificada”, y se debió a “simple cobardía”.

Desde entonces, las fuerzas de seguridad tunecinas se han puesto las pilas. Cuando decenas de milicianos del autodenominado Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés) lanzaron un ataque sorpresa en Ben Guerdane, se enfrentaron a una respuesta rápida y eficaz, y ni tan siquiera pudieron hizar su negro entandarte en la comisaría de policía durante unos minutos. Un total de 55 milicianos fueron abatidos, por solo 13 policías y soldados. En buena parte, este cambio es fruto de un programa de cooperación firmado con los países del G7 en este ámbito, y que incluía el adiestramiento y la provisión de nuevo material. Por ejemplo, Alemania y EEUU han asistido la puesta en marcha de un nuevo sistema electrónico de vigilancia de la frontera libia. Por su parte, España ha entrenado a los agentes tunecinos en cuestiones como la identificación y desactivación de “bombas trampa”.

Sin embargo, la completa ausencia de atentados más allá de las montañas fronterizas con Argelia resulta sorprendente. El año pasado, las expectativas de los expertos apuntaban a una probable retahíla de nuevos atentados. Sobre todo, porque Túnez, es el primer exportador de voluntarios yihadistas a Siria e Iraq, y porque era de esperar que los reveses del ISIS en el campo de batalla precipitarán el retorno a sus países de los combatientes extranjeros. Además, las elevadas cifras de arrestos de presuntos terroristas apuntaba a la existencia de un autèntico vivero también en territorio tunecino. Según CTRET, unos 6.000 tunecinos se hallan condenados, procesados o investigados por terrorismo, mientras el ministerio del Interior asegura haber desarticulado más de 160 células solo en 2016.

Ahora bien, algunos expertos apuntan a que esas cifras son engañosas. “Como la definición de terrorista en la última ley es muy amplia, se ha procesado a personas por mensajes favorables al ISIS en las redes sociales. Pero eso no significa que sean terroristas preparados para atentar”, apunta Ridha Yahyahoui, director del CTRET. Una fuente securitaria, que preferie guardar el anonimato apunta a otra causa por la ausencia de atentados: “Muchos de los jóvenes que se fueron a Siria, querían luchar contra las masacres de Bashar al Assad, y pueden no compartir la idea de atentar en el propio país, contra sus compatriotas”.

Por su parte, las organizaciones de derechos humanos han alertado respecto a las peligrosas consecuencias de la política antiterrorista actual de brocha gorda. Las autoridades no solo han arrestado de forma preventiva a personas por sus creencias religiosas o su aspecto -a menudo, una larga barba-, sino que han cometido numerosos abusos, según un reciente informe de Aministía Internacional. Una combinación que podría ser paz para hoy, pero más violencia para mañana.

Artículo publicado en EL PAIS el día 22-03-2017

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