Tunísia deixa al marge el jihadisme, i els turistes comencen a tornar

Des de fa unes setmanes, els carrerons de la medina (“el casc antic”) de Tunis estan més animants. I no es només per l’arribada de la primavera, sinó per l’aparició de brots verds del sector turístic. Tímidament, els creuers es van deixant veure al port de la capital, i els grans touroperadors internacionals reescriuen les seves ofertes d’estiu per incloure Tunísia, país proscrit al turisme occidental després de dos atemptats el 2015 que van provocar la mort de 59 viatgers. Mentre els atacs terroristes se succeeixen inexorablement en altres països de la regió, ja fa més d’un any que el país magribí no pateix cap atemptat d’envergadura. Tot i això, l’amenaça jihadista no ha estat completament erradicada.

Aquesta sensació de renovada seguretat és compartida pel govern tunisià, l’opinió pública i les ambaixades estrangeres, ja que moltes d’elles han retirat el consell als seus compatriotes de no viatjar al país. “La millora de les capacitats de les forces de seguretats tunisianes és evident, i en part, és fruit de la cooperació amb diversos països occidentals”, sostè un diplomàtic europeu destinat a Tunísia. Per aquesta raó, quan el primer ministre Yusuf Xahed va assumir el seu càrrec a l’estiu, va mantenir els responsables de les carteres de Justícia, Defensa i Interior. Continua llegint

La más dura travesía por el desierto de los Hermanos Musulmanes

Con sus líderes encarcelados o en el exilio, alguno condenado a la pena de muerte, y sus bases desmoralizadas y diezmadas, los Hermanos Musulmanes se hallan seriamente tocados. Esta no es la primera vez para una organización con cerca de nueve décadas de historia repleta de conflictos con las autoridades egipcias. Sin embargo, a la represión estatal se añaden actualmente otros problemas: una amarga división interna que amenaza de escindir el grupo y la posibilidad de ser incluido en la lista de organizaciones terroristas de EEUU. Esta esta puede ser la más larga y dura travesía por el desierto de la Hermandad que fundó el islamsimo moderno.

La llegada a la Casa Blanca de Donald Trump ha sido toda una bendición para el presidente Abdelfatá Al Sisi, el autoritario mariscal que derrocó a través de un golpe de Estado a Mohamed Morsi, uno de los dirigentes de los Hermanos Musulmanes. Trump, que ha definido a Al Sisi como “un tipo fantástico”, comparte su visión de que se debe luchar contra todos los movimientos islamistas, incluidos los moderados.

Por primera vez, la petición del mariscal a los Gobiernos occidentales para que declaren a la Hermandad “organización terrorista”, tal y como Egipto hizo en 2013, no ha caído en saco roto. La Casa Blanca está estudiando esta posibilidad, y el secretario de Estado, Rex Tillerson, situó en la misma categoría a Al Qaeda y los Hermanos Musulmanes en su sesión de confirmación en el Senado. Continua llegint

Seis años después, Mubarak es puesto en libertad

Exactamente 2.171 días después de su mediático arresto, el exdictador egipcio Hosni Mubarak ha recobrado la libertad. Mubarak ha abandonado este viernes por la mañana el hospital militar donde ha pasado gran parte de sus días en prisión, según ha confirmado su abogado a France Presse. Con esta decisión, la justicia egipcia emitió la última señal que faltaba para poder escribir el obituario de la revolución egipcia de 2011, que otorgó una dimensión regional al movimiento de rebelión iniciado en Túnez, propiciando su contagio a Siria y Libia. La excarcelación de Mubarak posee un valor simbólico, pues Egipto ya hace tiempo que padece otra dictadura militar aún más feroz liderada por el mariscal Abdelfatá al Sisi. Seis años después, las llamadas primaveras árabes se han convertido en el más duro de los inviernos

La puesta en libertad es consecuencia de la absolución definitiva de Mubarak a principios de este mes por parte del tribunal superior de casación de los cargos relativos al asesinato de centenares de manifestantes durante la revolución. Aunque el exdictador fue procesado posteriormente por otras causas de corrupción, aquella fue la que provocó su arresto inicial el 13 abril del 2011, y la que habría podido conllevar una condena de mayor gravedad.

“Él ya está en su casa de Heliópolis”, declaró a la agencia Reuters su abogado, Farid al Deeb, en referencia a una mansión adquirida al Estado de forma irregular y situada en un acaudalado barrio de la capital egipcia. De momento, no podrá viajar al extranjero al tener pendiente aún una causa por apropiación indebida de fondos públicos. “Su puesta en libertad es otra muestra de una revolución que fue lanzada, pero no completada”, comenta Timothy Kaldas, investigador del think tank TIMEP. “Juzgar a Mubarak de acuerdo con las leyes que él aprobó, en base a la investigación hecha por la policía que él diseñó y bajo la autoridad de jueces que él nombró siempre representó un desafío”, apostilla.

Desde su comienzo, el proceso al veterano general, presentado como un héroe de la guerra de 1973 contra Israel, fue más político que legal. El expresidente pasó la mayor parte de su reclusión en un hospital militar, en teoría, debido a su delicado estado de salud. Sin embargo, según muchos observadores, su situación respondía más bien a la búsqueda por parte del Gobierno militar de un equilibrio entre la voluntad de otorgar un trato deferente a uno de sus miembros pero, a la vez, aplacar la sed de justicia de buena parte de la población.

Tras su exoneración, los familiares de las víctimas de la Revolución ya expresaron a la prensa sus sentimientos de dolor y rabia. Sin embargo, la mayor parte de los egipcios parece haber pasado página respecto al periodo en el que el destino de Mubarak suscitaba auténticas pasiones. Después de la aplicación de un duro plan de ajuste en otoño, la preocupación principal de millones de familias egipcias es cómo llegar a final de mes. Mubarak, de 88 años, accedió al poder después del asesinato del presidente Anuar Sadat, y gobernó el valle del Nilo con mano de hierro durante tres décadas.

“Creo que nos equivocamos al dar un valor icónico a la figura de Mubarak, cuando lo realmente importante era su sistema, que ha sido renovado por [el presidente] al Sisi”, comenta a través de un mensaje electrónico Bassem Janoubie, uno de los activistas que contribuyó a estimular la rebelión de la plaza Tahrir. “Cuando la mayoría sueña en encontrar un trabajo que le permita subsistir, la gente acaba sintiendo que vivían mejor en la era Mubarak… y están dispuestos a perdonarlo del todo. Ahora ya no les importa la democracia, que es percibida como un lujo”, añade.

La exoneración de un régimen entero

Tras un condena inicial a cadena perpetua en 2012 por la represión de la revuelta, un tribunal de apelación ordenó la repetición del juicio. En el segundo proceso, Mubarak fue absuelto, decisión ratificada por la justicia hace un par de semanas. El exdictador sí que fue condenado junto a sus dos hijos a tres años de cárcel en un causa por corrupción, un castigo que ya habían cumplido en régimen de prisión preventiva. Por esa razón, Alaa y Gamal Mubarak ya pisaron de nuevo la calle en 2015. El patriarca ha tenido que esperar un poco más.

Durante estos tumultuosos años postrevolucionarios, la mayoría de personalidades vinculadas al antiguo régimen fueron absueltas o recibieron leves condenas, como el último ministro del Interior, Habib al Adly. En cambio, muchos jóvenes revolucionarios languidecen en la cárcel, o se hallan sumidos en la depresión. Y es que el golpe de Estado ejecutado por al Sisi en 2013 desató una represión inédita, dirigida no solo contra los líderes del movimiento islamista que ostentaba el poder y a miles de sus simpatizantes, sino contra cualquier voz disidente. Mubarak no ha resultado ser “el último faraón”.

La nostalgia no es un sentimiento exclusivo de Egipto, sino que invade también a los ciudadanos de los otros países donde soplaron con fuerza los vientos revolucionarios, como Siria, Yemen o Libia, todos ellos martirizados por guerras civiles. Por eso, la estabilidad es hoy un valor que cotiza al alza en la región. Al final, Mubarak habrá sido el dictador árabe que mejor parado ha salido de su caída. Pocos lo podían aventurar hace seis años y un mes, cuando la gesta de Tahrir asombró al mundo entero.

Artículo publicado en EL PAIS el día 21-03-2017

Túnez recupera su seguridad frente a la amenaza yihadista

Túnez.-Durante las últimas semanas se acumulan los anuncios por parte de touroperadores internacionales respecto a su intención de volver a incluir entre sus paquetes de viajes a Túnez, país proscrito al turismo occidental de masas después de dos atentandos en 2015 que mataron a 59 viajeros. La última operación terrorista de envergadura fue el frustrado intento de asalto a Ben Guerdane, una ciudad fronteriza con Libia, hace exactamente un año, y el último atentado se remonta a noviembre del 2015. A pesar de la confianza que destilan las autoridades tunecinas, el país se enfrenta aún a importantes retos en el ámbito de la seguridad, como el posible retorno de cientos de yihadistas alistados en milicias extranjeras.

“Vuestra victoria en la batalla del 7 de marzo, la victoria de nuestros agentes de seguridad y militares fue un punto de inflexión en la lucha contra el terrorismo”, proclamó el primer ministro Yusuf Chahed en el acto de conmemoración de las víctimas de Ben Guerdane. Esta sensación renovada seguridad es compartida por buena parte de la opinión pública, y de ahí que cuando el Chahed tomó las riendas del Gobierno, mantuvo al frente de las carteras de Interior, Justicia y Defensa a los mismo responsables que nombró su predecesor. Los analistas en seguridad comparten esta visión. “Las fuerzas de seguridad han registrado notables éxitos, desarticulando un buen número de comandos”, apunta Ridha Raddaoui, director del Centro Tunecino de Investigaciones y Estudios sobre el Terrorismo (CTRET)

Las policía del país magrebí recibieron fuertes críticas después de los atentandos yihadistas del Museo del Bardo, que se saldó con la muerte de 22 personas, y sobre todo el de la playa de Susa, donde las víctimas mortales ascendieron a 38, la mayoría turistas británicos. A principios de este mes, seis agentes tunecinos fueron procesados por su actuación aquella aciaga mañana de junio bajo el cargo de “no asistir a personas en peligro”. De acuerdo con el informe judicial, su tardía respuesta -el terrorista pudo disparar contra los turistas durante más de 30 minutos- fue “deliberada y no justificada”, y se debió a “simple cobardía”. Continua llegint

Una ley “fantasma” para reprimir más en Egipto

No es inusual que aquellos que sufrieron la persecución bajo un sistema político, una vez en el poder, se apropien de los antiguos métodos y los utilicen contra sus adversarios. Eso es lo que ha sucedido en Egipto con la llamada Ley de Reunión, promulgada por las autoridades coloniales británicas en 1914 para reprimir cualquier movilización de tipo nacionalista durante la I Guerra Mundial. Más de un siglo después, la norma ha resucitado con fuerza, convirtiéndose en la piedra angular del sistema represivo del brutal régimen del mariscal Abdelfatá al Sisi.

El Cairo Institute for Human Rights Studies (CIHRS), junto a 23 abogados y activistas, ha interpuesto una demanda ante la justicia egipcia para suspender esa funesta ley y la publicación de su derogación en la gaceta oficial del Estado. Y es que, según el informe del CIHRS, la legislación ya fue anulada en 1928 por ambas cámaras del Parlamento egipcio. Sin embargo, el rey Fuad no quiso hacerlo público en la gaceta oficial, por lo que los regímenes posteriores, incluso el nacionalista fundado por Nasser en 1952, la han utilizado para reprimir a los disidentes.

De acuerdo con el informe, los jueces suelen sumar en sus sentencias las penas de cárcel recogidas en la Ley de Manifestación y la de Reunión, por lo que el régimen “es capaz de castigar a los ciudadanos más severamente por reunirse pacíficamente de lo que lo hacían las autoridades coloniales hace un siglo”. La controvertida norma, que prohíbe la congregación de cinco o más personas en el espacio público o privado si constituye una amenza al orden público, se basa en el principio de “responsabilidad compartida”.

Por tanto, si en una manifestación se producen altercados o la destrucción de la propiedad pública es posible castigar con la misma pena a todos los que tomaron parte en el acto aunque no fueran sus autores materiales. En el mismo saco caen incluso aquellos que convocaron la concentración aun cuando no asistieran. Por eso, es “la causa número uno” de la condena de decenas de miles de egipcios a penas de hasta 20 años de cárcel desde 2013.

Artículo publicado en EL PAIS el 18-03-2017

Trump y el “despertar” de Túnez

A pesar de haber lanzado intervenciones militares en el mundo islámico, tanto George Bush como Barack Obama se esforzaron en sus discursos en contrarrestar la idea de que la suya era una cruzada contra el islam, a la que definían a menudo como una “religión de paz”. Con Trump, el enfoque es completamente diferente. El problema no es un grupúsculo que tergiversa el islam, sino la esencia misma de esta confesión, a la que consideran hostil a la modernidad y sus logros, como la democracia y los derechos humanos. El islam y las sociedades musulmanas serían, para ellos, inasequibles a cualquier cambio o evolución.

Túnez, un país que aprobó una Constitución democrática y laica en 2014, desmiente la falacia de Trump y sus aliados europeos, los Wilders, Le Pen, etcétera. Y no lo hace solo ahora, sino que ya lo hacía en el siglo XIX, como demuestra la excelente exposición L’eveil d’un nation (El despertar de una nación), inaugurada en la capital del país magrebí el 27 de noviembre y que concluye la próxima semana. La muestra tiene lugar en el precioso palacio Ksar el-Saïd, la residencia del último Bey (monarca) tunecino, y que ha sido rehabilitado y reabierto después de haber caído en desuso después de 1956.

“L’eveil d’une nation” es una lección de historia sobre el proceso de reformas políticas y sociales experimentado en el siglo XIX en Túnez hecha a partir de las obras de arte y objetos de la época. Por ejemplo, se pueden apreciar los retratos de varios reyes europeos, entregados a los Beys como regalos en motivo de una visita oficial. “Fue un periodo de cambios, en el que Túnez ya miraba a Europa. Pero estos movimientos suscitaron resistencias”, explica Ridha Moumi, el comisario de la exposición. De hecho, las coordenadas del país magrebí entonces no eran tan diferentes de las españolas: aprobación de una Constitución liberal, marcha atrás por las presiones de los sectores más conservadores, la entrada de tropas francesas …

El primer reformador fue Ahmed Bey, que abolió la esclavitud en 1846, unos años antes que EE UU Una década después, decretó la igualdad ante la ley de todos los sujetos del país, independendientemente de su religión, el llamado aqd el-amen (literalmente, “contrato de la seguridad”). En 1860, con la promulgación de una Carta Magna que limita los poderes del Bey, se instaura una monarquía constitucional. Sin embargo, al coincidir con una crisis económica y un aumento de la presión impositiva, una revuelta de los jefes de las tribus de las zonas rurales obliga a suspender su aplicación. Ahora bien, muchos ven en aquellos vientos de reforma las semillas del “excepcionalismo” tunecino actual.

Todos estos documentos históricos, como el aqd al-amen y la primera Constitución del mundo islámico, están expuestos al público. También lo está el Tratado del Bardo, emplazado encima de la misma mesa y la misma sala donde fue firmado en 1885. El acuerdo representa el inicio del periodo colonial francés, que se prolongaría hasta 1956. Aunque los franceses llegaron con promesas de modernización, como suele suceder con todos los proyectos imperialistas, su gobierno se dedicó más bien a la explotación del territorio y sus habitantes.

Precisamente, fue este perverso matrimonio entre la dominación y las ideas de liberalismo y progreso el que engendró una poderosa forma de resistencia ideológica: el islamismo político. El colonialismo no solo frenó el proceso de cambios endógenos en las sociedades árabo-musulmanas de finales del XIX, sino que ensució y desacreditó los conceptos vinculados a la modernidad occidental, como la democracia y las libertades individuales. Algo parecido pasó en otros países, como Egipto, Irán o Irak.

Obviamente, esta parte de la historia del mundo árabe es convenientemente obviada por la extrema derecha y sus ideológos, pues niega la presunta naturaleza inmutable y retrógrada de las sociedades del sur del Mediterráneo. Sin embargo, aquel proceso histórico y sus consecuencias no deberían ser demasiado difíciles de comprender, al menos en España. ¿O acaso los españolitos de princpios del siglo XIX recibieron con los brazos abiertos a las tropas napoleónicas? A nadie le gusta que unos forasteros les impongan reformas, ni aún siendo beneficiosas. Para desgracia de Túnez y sus vecinos, sus sociedades no tuvieron suficiente fuerza como para repeler las ansias expansionistas europeas. Y sobre aquella traumática experiencia edificó el islamismo su posterior hegemonía ideológica.

Artículo publicado en EL PAIS el día 24-02-2017

Toque de atención a Túnez por los abusos en la lucha antiterrorista

Túnez.-En un plazo de un par de semanas, tres organizaciones internacionales (la ONU, Amnistía Internacional y Abogados Sin Fronteras) han publicado sendos informes críticos con la política antiterrorista de las autoridades tunecinas. En sus textos, lamentan que en Túnez, el único país árabe que ha sido capaz de culminar su tránsito a un sistema democrático, los cuerpos de seguridad y los tribunales hayan violado los derechos humanos de los sospechosos de pertenecer a grupos terroristas, lo que representa una marcha atrás hacia los tiempos del dictador Ben Alí. El Gobierno tunecino, por su parte, ha respondido a las críticas asegurando que se trata de “casos aislados”.

Ben Emmerson, un alto cargo de la ONU especializado en política antiterrorista, abordó en su visita al país magrebí el tratamiento a los nacionales retornados de zonas de conflicto. “Me han informado que unos 1.500 individuos se hallan involucrados en procesos por actos terroristas. Menos de un 10% han sido sentenciados, y el resto se ven privados de libertad durante largos periodos sin haberlos encontrado culpables de ninguna ofensa”, afirmó en un comunicado en el que también se declaraba “particularmente preocupado” por la situación en la cárcel de Mornaguia, a la que tuvo acceso. El centro no cumple los estándares internacionales mínimos y el número de reclusos supera en un 150% su capacidad. Continua llegint