Posibles respuestas a la “rebelión catalana”

Más allá de los bailes de cifras entre los diversos medios, es evidente que la Diada de hoy ha sido un éxito. Al ser la sexta Diada con una movilización masiva, podría darse por descontado. Sin embargo, las condiciones este año son muy diferentes. La fiesta nacional catalana llegó después de que el Gobierno español y el Tribunal Constitucional hayan advertido a todos aquellos que colaboren con el referéndum del 1-O que se enfrentan a un procesamiento, inhabilitación y multa, e incluso la cárcel. Los próximos días, centenares de políticos y funcionarios deberán tomar decisiones que pueden afectar de forma decisiva sus vidas, y no es lo mismo hacerlo cuando uno siente el aliento de un gentió detrás. Por eso, el éxito de la Diada no es un dato menor.

Actualmente, no parece posible reconducir el conflicto entre las instituciones catalanas y españolas antes de la polémica cita con las urnas. En cambio, una ventana de oportunidad se abrirá el diá después. La hoja de ruta del independentismo habrá llegado a la penúltima línea de una larga lista. Pase lo que pase el primero de octubre, entraremos en un nuevo escenario que permitirá imaginar nuevas soluciones. ¿Qué posibles respuestas puede dar el Gobierno español?

Desde el inicio del llamado “procés”, Rajoy no se ha movido ni un centímetro: el referéndum es imposible, y a cualquiera que viole la Constitución le caerá encima el peso de la ley. El día 2-O, la Moncloa puede seguir por esta senda. Seguramente, es lo que le pide el cuerpo a la dirección del Partido Popular. Pero sería una apuesta muy arriesgada, más de lo que parece a simple vista. En los anteriores episodios históricos en los que el pueblo catalán se ha rebelado para mantener o recuperar su soberanía, la respuesta ha sido la represión, si hace falta, con la ayuda del Ejército. Así fue como terminó la declaración de la República Catalana en octubre (qué mes!) de 1934. El president terminó en la cárcel, y la autonomía suspendida.

No obstante, lo que en siglos precedentes fue una carta ganadora, no está claro que lo sea en 2017. Como estrategia, ahora la represión suele puede funcionar si es quirúrgica. Es decir, de baja intensidad y corta duración. Por ejemplo, podría serlo si inhabilitando o condenando a la cárcel a varios políticos se consiguiera asustar a una parte del electorado soberanista, haciéndole desistir y cambiar de voto. Cuando desde el PP y C’s se reclama la celebración de elecciones en Catalunya, parecen confiar en este escenario.

Ahora bien, el hecho de que en la Diada no se haya detectado deserciones (la multitud no pareció menor que en anteriores ediciones), permite dudar de la finura de tales cálculos. Además, el hecho de que el Govern haya firmado el decreto de convocatoria del 1-O en bloque, y lo hayan secundado ya cerca de 650 alcaldes catalanes, implica que la lógica represiva conllevará la inhabilitación o encarcelamiento de centenares de cargos electos. La cifra ascendería a varios miles de personas si incluimos a los funcionarios que facilitarán el 1-O. ¿Tolerará la UE semejante escabechina democrática sin pestañear? Lo dudo.

Si el Gobierno de Rajoy se avieniera a dialogar, tendría ante sí dos opciones. La primera, pactar un referéndum “a la escocesa”. Es lo que desearían Puigdemont y Junqueras, pero parece casi imposible que resulte aceptable para el PP. La segunda, negociar un nuevo estatuto político para Catalunya dentro del Estado. Esta salida, por su parte, nunca sería aceptable para la CUP. Pero quizás sí para la ex Convergencia y ERC si el enfoque utilizara un nuevo vocabulario, hasta ahora inexplorado, formado por conceptos como “soberanía compartida”, “Estado libre asociado” o “confederación”. Es una solución propuesta, por ejemplo, por Josep Ramoneda, uno de los más lúcidos analistas políticos catalanes. Es una salida que disgusta a ambos lados de la trinchera porque significaría que no hay vencerdores ni vencidos. Y, precisamente por eso, es la única salida negociada posible.

El problema, claro está, es que es una iniciativa huérfana de padres, más allá de algún intelectual. Para hacer realidad este escenario, quizás hará falta que la comunidad internacional presione a ambas partes. Cierto es que hasta ahora no se ha mojado, bajo el tópico de “se trata de un conflicto interno”. Pero las coordenadas están cambiando. Antes, el conflicto eran solo palabras, ahora ya son hechos. Los gobiernos europeos no se han manifestado, pero sí los editoriales de la prensa internacional, incluida la estadounidense. Casi todos apuestan por una salida negociada, y por conceder una respuesta a las demandas catalanas. 

En el bando catalán, no será fácil aceptar negociar un nuevo marco de relación con España, visto el estropicio del Estatut del 2006. Ahora bien, si al acuerdo incluyera nuevas garantías y dosis de soberanía, no sería imposible. Sobre todo, porque la alternativa no es muy prometedora. ¿Qué estrategia puede adoptar el bloque soberanista el día día 2-O? Dudo que el referéndum se pueda organizar con las garantías necesarias. Y dudo también que la participación sea masiva. Sin estos argumentos, veo imposible que un Estado catalán fuera reconocido a nivel internacional. La alternativa a negociar con España es desencadenar una ola de desobediencia civil “a la Gandhi”. Ahora bien, su éxito sería incierto porque, a diferencia de la India británica, la independencia no cuenta con el apoyo abrumador del pueblo de Catalunya. Como mucho, es algo más de la mitad.

Un apunto antes de cerrar. Públicas son mis simpatías independentistas, y el hecho de que defienda una solución confederal no significa que reniegue de ellas. Pero cuando la defensa de unos ideales hasta las últimas consecuencias puede dañar a tu país, es un imperativo moral hacer concesiones. Y es mi convicción que una escalada en el conflicto tras el 1-O sería muy negativa tanto para España como para Catalunya. Es la hora de negociar. Tras las movilizacines y las urnas, es la hora de la política.

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Un pensament sobre “Posibles respuestas a la “rebelión catalana”

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