Contra la cobertura “en directo” de los atentados terroristas

Ahora que por fin la célula yihadista en Cataluña ha sido completamente desarticulada, es hora de hacer balance. Hay un amplio consenso en la gran labor de los Mossos y el resto de instituciones catalanas. No tan positiva es la valoración de los periodistas. Y como miembro del gremio, voy a aportar mi reflexión.

No sé si es necesario recordar los ejemplos de precipitación, difusión de bulos y otros errores experimentados desde el pasado jueves, día del funesto atentado en la Rambla. En todo caso, ahí van algunos errores, de los que pocos medios se han librado: que si hay un terrorista (o varios) atrincherado en un restaurante de la Rambla con rehenes -incluso algún medio indició que se habían abierto negociaciones con él!-; que si en Cambrils intentaron cometer un atropello masivo, que si los terroristas eran retornados de Siria … incluso dos periodistas españolas fueron arrestadas por entrar en un piso precintado por los Mossos de un sospechoso en Ripoll. Dejaremos de lado la utilización interesada de los atentados para contaminar el independentismo, porque esto merecería un artículo aparte.

¿Por qué tantos errores? En general, diría yo, porque la immediatez en la cobertura le ha ganado la partida al rigor, una tendencia agudizada sobre todo tras la llegada de internet. La competencia por llegar el primero es normal, pero ahora se ha convertido en obsesión. Hay otras razones que no ayudan precisamente a realizar un buen trabajo en momentos de dificultad: la precariedad laboral de los periodistas jóvenes -como sucede en la mayoría de profesiones- y las presiones en las redacciones por obtener más beneficios (o menos pérdidas). Encima, ahí están las redes sociales, convertidas en auténticas cajas de resonancia, para magnificar y multiplicar cualquier error. El resultado, sobre todo las horas después del atentado, fue una especie de gran ceremonia de la confusión.

En concreto, buena parte del problema es la moda de la cobertura “en directo” de los atentados terroristas, y no solo por parte de los medios del país en cuestión, que tendría una mayor lógica. Actualmente, tras un atentado de una cierta envergadura en Occidente, se inicia una misma liturgia mediática: las televisiones contectan en directo con la ciudad mártir, a menudo con una cámara con un plano fijo en la zona precintada. Mientras presentadores y expertos inician la exposición de especulaciones y tópicos de todo tipo, se van repitiendo hasta la saciedad los primeros vídeos de la tragedia subidos de las redes sociales, que suelen mostrar gente corriendo presa del pánico. Todo bastante insubstancial, a la espera de que lleguen informaciones de verdad. Es en es periodo inicial de confusión cuando las informaciones incorrectas o los bulos campan a sus anchas.

Aunque hoy parezca lo normal, las coberturas de las tragedias no fueron siempre así. De pequeño, recuerdo ver interrumpido un programa de televisión con un boletín informativo de unos pocos minutos para ofrecer información sobre un hecho inesperado, habitualmente luctuoso. Luego, se reanudaba la programación habitual hasta que hubiera información suficiente para completar el siguiente boletín. Durante este periodo de tiempo, los periodistas recababan la información, la verificaban y la ordenaban. Y claro, los errores eran muchos menos que ahora.

¿Cuándo cambió todo? Como muchas otras cosas, con el 11-S en EEUU. Aquel día, millones de personas se pasaron horas sentados delante el televisor, hipnotizados ante la repetición constante de la colisión del segundo avión en una de las Torres Gemelas. Pasarían días hasta que se pudiera trazar una hipótesis sólida de la autoría. Pero la CNN y las otras cadenas de noticias vieron cómo su audiencia se multiplicó. Y claro, los ejecutivos de las televisiones del mundo entero tomaron nota, y lo copiaron. A partir de entonces, hay una especie de competición, también entre diarios, sobre quién tiene la cobertura más grande en cada atentado. Cada ataque abre un nuevo ciclo con artículos y declaraciones calcadas, de políticos, responsables del orden público, expertos antiterroristas etc.  

Revertir esta situación no es fácil. A cada uno, su parte de responsabilidad. El periodista que sobrevive dentro de este complejo engranaje debería resistir a las presiones del jefe que está un peldaño más arriba, y reproducir solo informaciones contrastadas. Pero, ciertamente, no es fácil. Y el ciudadano, debería cambiar de canal, de emisora, las horas siguientes a un atentado. O incluso apagar el aparato. Que vaya al cine, a visitar a un pariente o a pasear el perro. En una sociedad de consumo, es el telespectador u oyente quién debe con su comportamiento señalar a los que mandan en nuestros conglomerados mediáticos que se equivocan, que el rigor y la calidad se deben anteponer a la immediatez. Si es que opina lo misma, está claro.

PD: en relación con los excesos frente a la amenaza yihadista, y no solo de los medios, de lectura obligada este articlo de Ignacio Sánchez-Cuenca.

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4 pensaments sobre “Contra la cobertura “en directo” de los atentados terroristas

  1. Opino exactament igual i li donc tota la raó quan diu que per part del telespectador o oient no ens hem de passar hores per saber la última notícia del cas que ens ocupi. Deixem tranquils al que fan la seva feina i en el seu moment ja se’ns explicara com ha anat tot. És encomiable el suport ciutadà, però aquest també es pot donar sense fer soroll.

  2. Absolutamente de acuerdo. La cobertura debería ir guiada siempre por el rigor y la calidad de las informaciones contrastadas en vez de por ese “ansia” de saber más que nadie, antes que nadie, de lanzar las reflexiones más sesudas nada más producirse el ataque. Sólo dan pie a un clima de adicción, de terror, de enganche a las imágenes, de eco vacío de contenido real. Muy buena esta reflexión Ricard. Se debería volver a los boletines y dejar la reflexión y la información detallada cuando el periodista la ha trabajado. Informar no es apresurarse, informar es responder a las preguntas, ahí está el verdadero periodismo. Lo demás es sensacionalismo para vampiros de los “blackmirror”. Abrazos.

  3. Retroenllaç: Atentados terroristas, psicosis y problemas de las sociedades abiertas | La última en llegar

  4. Yo fui de los que se quedó pasmado viendo tv3 unas 4 horas seguidas, dejé de hacerlo cuando me dí cuenta que la información que tenía a las 20,00 era muy poca, y la mayoría de información se había ido desmintiendo con la misma velocidad que llegaba. Coincido totalmente con la reflexión del artículo.

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