Arabia Saudí, en busca de la hegemonía en el mundo árabe

Túnez.-Con Siría e Irak patas arriba a causa de sus respectivas guerras civiles, y con el gigante egipcio desgarrado por una grave crisis económica y securitaria, la opulenta Arabia Saudí se halla ante una oportunidad de oro para convertirse en el Estado árabe más poderoso e influyente, cuasi hegemónico. Curiosamente, otra petromonarquía suní del Golfo Pérsico se ha convertido en una especie de piedra en el zapato de sus aspiraciones. Qatar no puede disputar a los saudíes su liderato regional, pero sí ponerlo en cuestión desmarcándose de sus iniciativas. De ahí que el rey Salman haya tocado a rebato, y haya acordado con sus más estrechos aliados no sólo romper relaciones diplomáticas con el pequeño emirato, sino aislarlo económicamente.

“Este es un movimiento que Arabia Saudí preparaba desde hace más de un mes. Su verdadero objetivo es la sumisión total de Qatar”, sostiene el analista Ali Ahmed, del Institute for Gulf Affairs, en Washington. Según Ahmed, el supuesto apoyo de Doha a movimientos terroristas, la razón alegada por Riad y sus aliados, es una simple excusa para recabar el apoyo de la comunidad internaional en un momento en el que el yihadismo causa estragos en Occidente.

De hecho, el Gobierno saudí no ha sido más escrupuloso que el qatarí a la hora de financiar milicias salafistas en Irak o en Siria, con el objetivo de derrocar a Bachar al Asad. Es más, aunque Qatar profesa una parecida interpretación fundamentalista del islam, nunca la ha promovido fuera de sus fronteras con el mismo ahínco que el reino de los Saud, cuyo talonario ha sufragado a mezquitas e imanes salafistas en todo el mundo desde hace décadas.

Aunque la última querella entre saudíes y qataríes se inició hace un par de semanas con una guerra de filtraciones embarazosas en sus respectivos medios de comunicación, las raíces de su enemistad son más profundas. Todo arranca a mediados de los años noventa, cuando Qatar decidió ascender a la primera división diplomática regional propulsada por la renovada influencia que adquirió a través de la cadena de televisión panárabe Al Jazeera. Arabia Saudí, el país más poblado y poderoso del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), que reúne a los seis países árabes de la región, nunca vio con buenos ojos la contestación qatarí a su hegemonía en la organización.

Sin embargo, la hostilidad entre ambos no se disparó hasta el brote de la llamada “Primavera Árabe”, en 2011. El resquebrajamiento del orden regional, y la caída de algunos aliados de Riad como el raïs Hosni Mubarak, abrió las puertas a la expansión de la influencia de Doha en toda la región. El vehículo escogido fue el apoyo a los partidos y movimientos islamistas, sobre todo a los Hermanos Musulmanes en Egipto. El nuevo tiempo político dio impulsó a los islamistas patrocinados por Qatar también en Palestina, Siria, Túnez y Libia.

En Riad sonaron las señales de alarma, ya que, para la familia real saudí, el islamismo de la Hermandad representa una amenaza existencial. Ninguna otra ideología, ni el liberalismo ni la socialdemocracia, representa una verdadera alternativa a su gobierno para una sociedad tan ultraconservadora como la saudí. Por ello, Riad se alió con el general egipcio Abdelfatá al Sissi para derribar a Mohamed Morsi, el presidente de la Hermandad en Egipto.

El refugio que Doha otorga a algunos de sus líderes es todavía hoy un motivo central en la disputa con Arabia Saudí, Emiratos Árabes, y sobre todo, Egipto. El otro, es su política exterior independiente frente a Teherán, centro de poder chií y el archienemigo saudí. Tras la estela del próspero emirato, otros países del CCG, como Kuwait o Omán, a veces osan sugerir que una política de diálogo con Irán sería mejor que la actual cruzada liderada por Riad, que recuerda a la retórica del expresidente Bush por aquello del “O estás conmigo o contra mí”.

Las desavenencias entre ambas petromonarquías ya llevó a una ruptura de relaciones diplomàticas en 2014, pero no a un asedio económico como el actual. Con el ascenso al trono de Salman Ibn Saud el año siguiente, hubo una reconciliación y el nuevo monarca incluso visitó Doha el pasado diciembre. Con el apoyo qatarí a la destructiva aventura militar saudí en Yemen, la crisis parecía resuelta … hasta que Donald Trump llegó a Oriente Medio días antes del estallido de la crisis.

“El reforzamiento de las relaciones entre Washington y Riad, así como la hostilidad de Trump hacia Hamás e Irán han envalentonado a los saudíes”, comenta Michael Stephen, un investigador especializado en el Golfo Pérsico del think tank británico RUSI. “Qatar está en una posición muy débil. Creo que tendrá que hacer unas concesiones considerables para resolver esto “, añade. Ciertamente, un nuevo acomodo, con mayores concesiones qataríes, es el escenario más probable. Hasta ahora, nunca ha llegado la sangre al río entre los miembros del GCC, que vive su peor crisis desde su creación en 1981. Pero por si acaso optara por cambiar de bando, Irán ayer le lanzó un guiño a Doha, y se ha ofrecido a exportar esas provisiones de alimentos atascadas en la frontera con Arabia Saudí, única conexión terrestre de la península qatarí.

Artículo publicado en La Nación el día 06-06-2017

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