Alepo, punto de inflexión en la guerra civil siria

Túnez.- Antes del inicio de la guerra civil en Siria, Aleppo no era solo la segunda ciudad con más habitantes del país, sino su capital económica y un vibrante centro cultural. Por ello, y por el valor simbólico que otorgaron tanto el régimen como los grupos rebeldes a su control, su caída en manos de Bashar al-Assad y sus aliados extranjeros representa un punto de inflexión en el conflicto.

El golpe a la moral de la oposición es demoledor. “La toma de Aleppo por Al-Assad y Rusia, que significó la destrucción de la ciudad, con todos sus hospitales, y que se cebó con médicos y trabajadores humanitarios, simboliza la aniquilación de cualquier intento de contestación al régimen sirio”, sostuvo la activista siria Leila Nachawati.

Además, miles de personas esperaban ayer, con temperaturas bajo cero, que se reanuden las evacuaciones del este de Aleppo, interrumpidas anteayer después de que se desataran nuevos enfrentamientos. Fuentes del gobierno sirio afirmaron que se alcanzó un nuevo acuerdo con los rebeldes que incluye también la evacuación de otros lugares asediados.

Sin embargo, ello no significa que la guerra haya terminado, como reconoció el propio presidente. Y para muestra, basta deslizar el foco unos centenares de kilómetros hacia el sudeste, donde está la histórica ciudad de Palmira, con impresionantes tesoros arqueológicos antes de la conflagración. Al mismo tiempo que los medios oficialistas celebraban los progresos en los barrios orientales de Aleppo, las hordas de Estado Islámico (EI) reconquistaban Palmira, de la que habían sido expulsadas con gran fanfarria tan solo nueve meses antes.

El diezmado ejército sirio, que no colapsó gracias a los indispensables refuerzos de la aviación rusa, el Hezbollah libanés y las milicias iraníes, iraquíes y afganas, es incapaz de mantener el territorio que recupera. Siria es todavía un lugar demasiado amplio y la oposición, demasiado tenaz para las tropas de Al-Assad: cuando se despliegan en una nueva región, dejan a otra vulnerable a los ataques de la oposición. Mucha mesa para tan corto mantel.

Ciertamente, el régimen consiguió su gran objetivo: dominar la llamada “Siria útil”, la franja central del país, que concentra las principales ciudades, la mayoría de la población y sus tierras más fértiles. El precio fue enorme, ya que algunos barrios y ciudades se vieron reducidos a escombros y cenizas. Sin embargo, una parte del Sur, los alrededores de Damasco y el montañoso norte del país continúan como un feudo de los grupos islamistas y nacionalistas apoyados por varias potencias extranjeras.

También allí, en el Norte, son fuertes los kurdos, que consiguieron construir un enclave semi independiente que defenderán con uñas y dientes. Y, por supuesto, el este del país continúa bajo las zarpas de EI. Es allí donde se halla Raqqa, la capital de su califato.

Así las cosas, el futuro de Siria dependerá sobre todo de la actitud que adopten las diversas potencias implicadas en el conflicto. La caída de Aleppo, pero sobre todo la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, y probablemente luego la de François Fillon al Elíseo, ambos con simpatías hacia la “doctrina Putin” en Siria, abren las puertas a un cambio de la ecuación siria en perjuicio de los grupos y milicias opositoras a Al-Assad.

A cambio del abandono del apoyo político de Estados Unidos a los grupos rebeldes, ¿presionará Putin a Al-Assad para que haga concesiones con el fin de llegar a un acuerdo de paz con la oposición moderada que aísle a los grupos extremistas?

Una de las dudas de esta nueva fase en la guerra es si se reabrirán las negociaciones para alcanzar una solución política al conflicto. Esta opción, patrocinada por la ONU en las diversas rondas de Ginebra, está estancada. Al menos, de momento.

Hoy, el Consejo de Seguridad de la ONU votará un proyecto de resolución francés para que el organismo supervise el proceso de evacuación de civiles y combatientes rebeldes de Aleppo.

Habida cuenta del rol decisivo desempeñado por la aviación rusa y los milicianos controlados por Irán durante los últimos meses, la palabra de estos dos países contará mucho. Sin su ayuda, quizás hoy Al-Assad ya no sería el presidente sirio, por lo que su influencia sobre él es mucho mayor que al inicio del conflicto.

“Quizás la gran incógnita es ver qué pasos darán los tradicionales patrocinadores de los grupos rebeldes, y en particular Turquía, Qatar y Arabia Saudita. Tienen dos opciones: redoblar su ayuda para contrarrestar los avances del régimen, o por el contrario retirarla, y darse por vencidos”, explica el catedrático Ignacio Álvarez-Osorio, autor del libro Siria: revolución, sectarismo y jihad.

“En los últimos meses se pudieron apreciar cambios sobre el terreno, ya que algunos de estos países redujeron de manera notable su ayuda militar amparándose en la delicada situación económica que atraviesan. Parece evidente que tras seis años de guerra y escasos avances, algunos de ellos están replanteando su estrategia”, agrega Álvarez-Osorio.

De estas decisiones por parte de las diversas cancillerías mundiales dependerán la duración y las condiciones del final oficial de la guerra en Siria. Ahora bien, a falta de una verdadera reconciliación nacional y el establecimiento de un sistema democrático, imposible ahora con un régimen envalentonado, no es de esperar que Siria experimente a corto plazo la paz, por lo menos en el sentido pleno de este término. Ni tan siquiera aunque el régimen realizara mayores concesiones a las ofrecidas hasta ahora en la mesa de negociaciones.

Artículo publicado en el diario La Nación el día 18-12-2016

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