Un duro plan de austeridad sacude a la sociedad egipcia

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Un hombre busca entre la basura en El Cairo

“En el barrio la gente está desesperada. No se habla de otra cosa. Los precios de los alimentos se encarecen cada día, a veces, incluso en cuestión de horas. Ya vivíamos al día antes de las nuevas medidas … Ahora, no sé cómo nos vamos a apañar”, comenta con un tono triste Alaa, un joven transportista cairota emigrado del sur profundo. Su barrio, el Bulaq, situado no muy lejos del centro de El Cairo, es un arrabal de calles sin asfaltar cubierto de basura. Es en estos suburbios pobres de la capital donde las nuevas políticas macroeconómicas y de austeridad del régimen del mariscal Abdelfatá al Sisi provocan una mayor ansiedad.

La semana pasada, el Gobierno decidió apostar por una política de flotación de la libra egipcia, después de varios años sostiendo de forma artificial el valor de la moneda nacional frente al dólar. En cuestión de pocos días, la libra perdió más de la mitad de su valor, pues su tipo de cambio con la divisa estadounidense ha pasado de 8,8 a más de 17. “La caída de la inversión extranjera, y la escasez de ingresos provenientes del turismo y el canal de Suez … han hecho de esta medida algo inevitable para combatir la escasez de dólares”, sostiene David Ampudia, un analista de la consultoría Focus Economic. Durante los últimos meses, el Ejecutivo había impuesto estrictos controles de capitales que dificultaban a las empresas la importación de productos. 

El día siguiente, sin apenas tiempo para encajar el golpe, los egipcios se despertaron con otra dolorosa noticia: la retirada de buena parte de los subsidios públicos a los combustibles, provocanto una subida de los precios de entre el 35% y el 47% de los diversos tipos de gasolina. La austera decisión se añade a otras de parecidas adoptadas a finales de verano, como el aumento de los precios de la electricidad entre un 25% y un 40%, y la introducción de un impuesto del IVA del 13%. El objetivo de las autoridades es reducir un déficit que hace un lustro se eleva por encima del 10% del PIB. Además, todas estas medidas forman parte de un paquete acordado con el FMI y que incluye la inminente firma de un crédito de más de 11.000 millones de euros.

En un país que importa buena parte de los alimentos que consume, las políticas de flotación y de recortes amenazan con ahogar las clases populares de un país donde más del 40% de la población vive con menos de dos dólares al día. Sin embargo, el duro impacto de las medidas también se deja sentir en los sectores más pudientes de la sociedad, como muestra la reciente rebelión de los estudiantes de la exclusiva Universidad Americana de El Cairo a causa de la subida de las matrículas. “Mi salario es el mismo, pero mi poder adquisitivo se ha reducido a la mitad. Deberá buscar nuevas fuentes de ingresos o intentar salir del país”, explica Michael Hanna, un farmacéutico de 39 años.

Los próximos meses se prevén muy duros, pues se espera un repunte de la inflación por encima del 20%. Así pues, no se trasladará de forma automática el porcentaje de devaluación de la libra. Muchas compañías se habían visto obligadas a acudir al mercado negro de divisas, donde el tipo de cambio del dólar oscilaba alrededor de 14 libras, por lo que ya habían repercutido parcialmente en sus precios la devaluación de la moneda, lo que explica que la inflación fuera ya el mes pasado del 14%.

Encima, de momento, la devaluación apenas mejorará la competitividad de buena parte de las empresas egipcias, ya que procesan productos importados. Tampoco se las promete felices el sector turístico, donde los tour operadores ya habían reventado precios sin que sirviera para atraer de nuevo a los turistas occidentales, recelosos de la seguridad del país. “A largo plazo, una libra débil sí fomentará la producción doméstica como substituto de las importaciones y mejorará la competitividad egipcia en mercados extranjeros”, considera Ampurdia.

Los analistas alertan de las tensiones sociales que pueda generar ahora apretarse el cinturón en un país donde ya hubo un fuerte “revuelta del pan” en 1977, bajo la presidencia de Anuar Sadat. Sin embargo, Alaa no la espera en el Bulaq. “La gente está cansada y tiene mucho miedo. El ministerio del Interior es ahora más fuerte que antes. No creo que salgan a manifestarse”, afirma. De hecho, en las redes sociales circuló una convocatoria de protestas masivas contra la política económica del Gobierno para el pasado viernes que no se materializaron. El convocante era un misterioso grupo llamado el Movimieno de los Pobres.

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