Las 5 batallas que decidirán el futuro de Oriente Medio

Túnez.-Después de décadas de estancamiento político, las llamadas “Primaveras Árabes” desataron una dinámica de cambios acelerados en todo Oriente Medio que hizo saltar por los aires el viejo orden regional. Algunos regímenes se desmoronaron, mientras otros países cayeron en una espiral de violencia sectaria. Más de cinco años después, el mundo árabe se ha convertido no solo en el escenario de múltiples conflictos bélicos, sino también de una lucha descarnada por parte de las potencias mundiales por hacerse con la hegemonía de la región que atesora las mayores reservas mundiales de combustibles fósiles.

En su primera fase, las revueltas de 2011 constituyeron la expresión pacífica de las ansías de libertad y justicia social por parte de amplias capas de la sociedad. Estos movimientos populares espontáneos fueron capaces de derribar con una inesperada facilidad dos los más brutales dictadores árabes, el tunecino Ben Alí y el egipcio Hosni Mubarak. Mientras las monarquías trataban de capear el temporal a base de tímidas reformas y un aumento del gasto público, los presidentes de varios países adoptaron una actitud desafiante. Moammar al-Gaddafi en Libia, Bachar al-Assad en Siria, y Abdalá al-Saleh en Yemen, no duraron en recorrer a la violencia para tratar de mantener el poder. Las consecuencias para sus sociedades han sido devastadoras y de largo alcance.

Siria, Libia y Yemen todavía experimentan hoy sangrientos conflictos violentos. Un cuarto país, Iraq, completa la geografía del horror árabe. En este último caso, no hubo ninguna “primavera”. Más bien, el caos sirio facilitó la reapertura de las heridas de la terrible guerra sectaria que siguió a la invasión estadounidense de 2003, algo que no habría sido posible sin la incompetencia del primer ministro iraquí, Nuri al-Maliki. En buena parte, de la resolución de estas guerras, civiles en origen pero con clara dimensión internacional, dependerá la reconfiguración del nuevo orden regional de la zona más inflamable del planeta. Estas son sus más decisivas batallas:

ALEPPO

-¿Quién lucha contra quién?

Los principales contendientes son el Ejército sirio controlado por el régimen de Bashar al-Assad y una coalición de milicias rebeldes, la mayoría de tendencia islamista, entre las que figura la ex filial siria de Al Qaeda, conocida hasta hace poco como Jubhat al-Nusra. Cada uno de los dos bandos cuenta con apoyo exterior. Las Fuerzas Aéreas rusas asisten des el aire, con sus bombardeos, a las tropas de al-Assad, mientras que la milicia libanesa Hezbolá y paramilitares iraníes lo hacen sobre el terreno. Por su parte, Arabia Saudí, Qatar y Turquía proporcionan armamento a los rebeldes. Washington tambien ha asistido militarmente a algunos grupos rebeldes laicos, pero su apoyo es básicamente político.

-¿Cuál es el trasfondo?

Mientras al-Assad se aferra al poder, los rebeldes son una coalición heterogénea con visiones distintas sobre el futuro de Siria. Básicamente, les une su rechazo a la tiranía del partido Baaz. En cuento a los países extranjeros, les mueve la ambición de contar con un régimen aliado en un país importante estatégicamente, por su historia y porque tiene fronteras con Israel y es la única salida terrestre de Líbano.

-¿Qué está en juego?

Aleppo es la segunda ciudad del país. Recuperar su control permitiría al régimen proclamar su cuasi victoria en la guerra civil, y representaría un duro golpe moral para los grupos rebeldes, en cuyas manos ya solo quedarían diversas provincias poco pobladas del norte y el este del país. Poseer Aleppo situaría a al-Assad en una posición de mayor fuerza en una futura negociación de paz.

RAQQA

-¿Quién lucha contra quién?

En Siria, el autodenominado Estato Islámico (EI) tiene multitud de enemigos: los peshmerga kurdos; todas las milicias rebeldes, ya sean islamistas, yihadistas o laicas; el Ejército de Bashar al-Asad; las diversas potencias internacionales con algún tipo presencia militar en el país: Rusia, Estados Unidos, Turquía, Irán, Gran Bretaña, Francia … Ahora bien, la batlla todavía no ha empezado, y está por ver qué adversarios del EI participarán en ella. Probablemente, lo harán los peshmerga, pero no el Ejército nacional, pues la milicias rebeldes se niegan a colaborar con sus enemigos.

-¿Cuál es el trasfondo?

Raqqa es la capital del “califato” proclamado por el EI en una franja de territorio entre Siria e Irak. Así pues, su caída sería la estocada definitiva contra este pseudo-Estado, que ha ido perdiendo terreno durante el último año en todas los frentes. Con su violencia brutal y nihilista, el EI ha sitúado en su contra a todos los actores de la región, incluso siendo muchos de ellos antagonistas.

-¿Qué está en juego?

La posibilidad de asestar un golpe durísimo, sino definitivo, al EI. El objetivo es destruir su aerola de milicia victoriosa y, así, mermar su poder de atracción sobre nuevos posibiles reclutas para su proyecto de yihad global. Asimismo, se pretende debilitar su capacidad operativa. No en vano, se cree que desde Raqqa se han preparado algunas de las operaciones terroristas en territorio europeo de los últimos meses. Por otro lado, su derrota aportará un plus de legitmidad a los actores del conflicto sirio que la propicien.

MOSUL

-¿Quién lucha contra quién?

El Estado Islámico (EI) contra al Gobierno central de Irak, con sus Ejército federal y diversos cuerpos de policía; milcias suníes de la zona; milicias chiíes venidas de todo el país; los peshmergas kurdos bajo las órdenes del Gobierno regional del Kurdistán iraquí; la coalición internacional liderada por EEUU e integrada por 60 países, al menos nominalmente; otras potencias regionales como Turquía e Irán.

-¿Cuál es el trasfondo?

Mosul es la segunda mayor ciudad de Irak, y la última gran urbe que controla el EI en este país árabe, después de haber perdido Ramadi y Falujah. Además de su importancia económica y geostratégica, tiene un alto valor simbólico, pues fue desde esta ciudad que el líder del EI, Abu Baker Bagdadi, proclamó “el califato” en 2014.

-¿Qué está en juego?

En primer lugar, está en juego el fin “califato” en Irak. Pero, más importante aún, en función de cómo se desarrolle la batalla y sobre todo de la post-guerra dependerá la viabilidad de Irak como un país unido. Mosul es una ciudad muy diversa étinicamente, pero de mayoría suní. El Gobierno central, dominado por los chíies tendrá una nueva oportunidad para buscar la reconciliación con la minoría suní. En la compleja iraquí, también hay que tener en cuenta las ambiciones kurdas de expander su región, y las de los Estados vecinos, como Turquía o Irán, de influir en el país.

TAIZ

-¿Quién lucha contra quién?

En un bando encontramos a la milicia huthí, una confesión religiosa chií a la que pertenece un tercio de la población yemenita, aliada con el ex presidente Abdalá Saleh, que conserva la lealtad de buena parte del Ejército nacional. En el otro, se sitúa el presidente Mansur Hadi, junto con una constelación de milicias locales hostiles a los huthíes, y una coalición internacional liderada por Arabia Saudí, el encargado de efectuar los bombardeos aéreos contra posiciones enemigas.

-¿Cuál es el trasfondo?

El proceso político que siguió a la dimisión de Saleh, en el poder durante casi tres décadas, no contó con el consenso de todas las fuerzas políticas del país. Los huthíes, que se sintieron excluidos, ocuparon la capital en febrero del 2015. Arabia Saudí, que considera a los huthíes un estrecho aliado de Irán, su archienemigo regional, decidió crear una coalición militar de apoyo al destronado presidente Hadi.

-¿Qué está en juego?

El control de Yemen, y su política de alianzas a nivel regional. Taiz es una de las ciudades más importantes del país, y una derrota de los huthíes pondría en peligro su control de la capital, Saná. Riad quiere evitar una consolidación del gobierno de los huthíes, pues eso se traduciría en un alineamiento con Irán de su vecino del sur, con el que comparte miles de kilómetros de frontera común. Sin embargo, algunos analistas niegan que los huthíes sean una simple marioneta de Irán, y cuestionan que la asistencia del régimen de los ayatolás sea ingente.

SIRTE

-¿Quién lucha contra quién?

El Estado Islámico (EI) contra una coalición de milicias aliadas del Gobierno de Unidad Nacional patrocinado por la ONU y liderado por el primer ministro Fayez Serrah. Una coalición militar liderada por EEUU y en la que también desempeñan un importante rol Francia y Gran Bretaña, asiste a las milicias leales al Gobierno de Trípoli desde el aire, bombardeando las posiciones del EI.

-¿Cuál es el trasfondo?

El EI ya solo controla una pequeña franja en la ciudad de Sirte, capital de un “emirato” que llegó a abarcar un territorio de unos 150 kilómetros de longitud. Sin embargo, esta es solo una de las luchas intestinas de un país sumido en el caos después de la guerra civil de 2011 que puso fin al régimen del coronel Gadafi. A nivel administrativo, Libia está dividida entre dos Gobiernos, el de Trípoli, apoyado por la ONU, y su rival basado en la ciudad de Tobruk, en el este.

-¿Qué está en juego?

Dominar el país. Las milicias leales al Gobierno de Unidad pretendieron ganarse el favor de Occidente lanzando la ofensiva contra el EI, en el punto de mira tras sus atentados en suelo europeo. Ahora bien, el Gobierno del este, con su hombre fuerte, el general Haftar, han aprovechado la distracción de sus adversarios en Sirte para hacerse con los principales puertos petrolíferos del país, su más preciado recurso. Además, el conflicto libio no se puede entender sin la ambición por extender su influencia allí por parte de países como Egipto, Francia, Turquía o Qatar.

Artículo publicado en La Nación el 23-10-2016

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