“Mi país por delante de mi hijo”

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Concentración de homenaje a las víctimas

Ben Guerdane.-En mantones, jerseis e incluso velos islámicos, esta vez no prevalecían los tonos oscuros, sino un rojo chillón. El mismo de la bandera tunecina. En un acto de homenaje a las víctimas del asalto del ISIS el pasado 7 de marzo y de apoyo a las fuerzas de seguridad convocado por varias asociaciones de la sociedad civil, se respiraba un marcado ambiente patriótico. También lo destilan las ondas. Inmediatamente tras el ataque, como si fuera un acto reflejo, se hicieron omnipresentes las cuñas que instan a la ciudadanía a “amar” y “defender” la nación.

Entre el centenar de asistentes, varias personas sostienen fotografías de los “mártires”, algunos vestidos en uniforme militar, junto a banderas y pancartas. “Quiero dirigir un mensaje a los traidores oscurantistas que han matado hombres, mujeres y niños: no entregaremos nuestros derechos, nuestra tierra y nuestro país!”, grita subido a una silla Nuredin Ben Assim, un joven energético presidente de una ONG para el desarrollo local. Acto seguido, de forma espontánea, los asistentes, empiezan a cantar el himno nacional. “La sangre grita en nuestras venas: Moriremos, moriremos para que viva la nación!”, reza su estribillo.

Abdelkarim al-Jari, un policía retirado de 57 años, y su hijo Lasaad, siguieron al pie de la letra la llamada al sacrificio. “Al iniciarse el asalto, fueron a confrontar a los del ISIS cerca del cuartel. No iban armados. Los cogieron y les pegaron un tiro allí mismo” cuenta con gran entereza Samir, un policía de mediana edad que se confiesa “orgulloso” de la actitud de su tío. “Hemos sentido el calor de la gente. Aquí nadie está con los yihadistas”, agrega.

La concentración tiene lugar en la sede del gobierno comarcal, el lugar donde pereció Mohamed Taïb, un guardia de seguridad del recinto, situado a unos 100 metros de la comisaría. En una fotografía enmarcada, su mirada transmite una mezcla de incomodidad y miedo, como si supiera el trágico futuro que le aguardaba. Tocado con una shashia, el tradicional gorro tunecino, también rojo, su padre Mujtar rompe a llorar al hablar frente a las cámaras de dos televisiones diferentes. A su lado, una chica joven sostiene una pancarta que reza: “Mi país por delante de mis hijos”, un eslogan que ha hecho fortuna en un país que se aferra al nacionalismo, el sedante que recetan los miedos a un país en plena crisis de ansiedad.

Artículo publicado en EL PAIS el día 03-04-2016

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