El régimen egipcio acosa la cultura en el quinto aniversario de la Revolución

En vísperas del quinto aniversario de la revolución egipcia, que se celebra mañana, el régimen de Abdelfatá Al Sisi ha realizado una campaña de acoso contra la disidencia que se ha saldado con el arresto de decenas de activistas. Desde el pasado sábado, el Ejército se ha desplegado en la icónica plaza Tahrir, epicentro de la revuelta que destronó a Hosni Mubarak, para evitar cualquier tipo de protesta de una oposición descabezada, en la que tanto los líderes de los islamistas Hermanos Musulmanes como de algunos movimientos juveniles, como el 6 de Abril, se encuentran entre rejas.

Después de haber encarcelado periodistas, prohibido toda protesta en las calles e ilegalizado varios partidos políticos, el régimen egipcio ha puesto ahora en su punto de mira el mundo de la cultura. Las autoridades egipcias clausuraron recientemente una sala de exposiciones, un teatro y una editorial, todas ellas situadas en el centro de El Cairo. Tras el golpe de Estado de 2013, la libertad de expresión y de creación se ha ido degradando en Egipto, un país que ha experimentado en los últimos años una revolución y una contrarrevolución.

A finales de diciembre, el régimen egipcio cerró la sala de exposiciones Townhouse Gallery y el teatro Rawabet, situado en un edificio anexo, después de una inspección sorpresa en la que participaron agentes de la Agencia de Seguridad Nacional, así como funcionarios de Hacienda, del ministerio de Trabajo y de la autoridad encargada de la censura. Ambas entidades figuran entre los principales espacios culturales independientes de la capital.

“Las razones del cierre no son claras, pero parece que están relacionadas con algunas faltas administrativas. Estamos trabajando para resolver las demandas de las autoridades”, ha declarado en una conversación telefónica Yaser Jarab, el responsable de la Townhouse Gallery. “Esperamos que sea solo un cierre temporal y no definitivo. Hasta ahora no habíamos recibido ninguna amenaza”, ha agregado Jarab, que ha asegurado tener todos los papeles en regla, pero no ha querido entrar en especulaciones sobre cuáles podrían ser las verdaderas razones de las autoridades.

El día siguiente le tocó el turno a la editorial Merit Publishing House. Los agentes que llevaron a cabo la redada alegaron que respondió a una denuncia por operar sin licencia y vender libros no registrados. Sin embargo, su propietario, Mohamed Hashem sospecha que la verdadera razón es la próxima publicación del libro Vodka, que revela los oscuros trapicheos de los medios oficialistas, según explico al diario Madamaser. Hashem, que se ha significado públicamente por su oposición a la autoridad de la censura, fundo en 1998 la editorial, especializada en la publicación de obras de jóvenes valores de la literatura egipcia.

Esta no es la primera vez que el Egipto del mariscal Abdelfatá al Sisi clausura un espacio cultural alternativo. El año pasado, el régimen disolvió la entidad Fan al-Midan, cuyo objetivo era llevar la cultura a los barrios populares a través de la organización de festivales gratuitos en plazas y parques públicos El régimen incluso ha osado acosar a Alaa al Asuani, uno de los referentes culturales del país. Al Asuani, un escritor de fama internacional, se vio forzado a cancelar un seminario público en la ciudad de Alejandría por presiones gubernamentales hace tres semanas.

“Estas redadas contra las instituciones culturales del centro de El Cairo forman parte de una campaña contra la juventud opositora de cara al 25 de enero”, sostiene Fatma Serag, de la Asociación por la Libertad de Expresión y de Pensamiento. Con su actuación contra instituciones culturales, el régimen exhibe una sorprendente inseguridad, pues la brutalidad policial consiguió poner fin a toda manifestación opositora hace un par de años. Incluso el propio Al Sisi, cuya popularidad se ha erosionado a causa del estancamiento económico, advirtió al pueblo egipcio contra una nueva ola revolucionaria el 25 de enero en un discurso televisado.

El mundo de la cultura fue precisamente uno de los primeros en rebelarse contra el Gobierno del presidente Mohamed Morsi, elegido en las urnas y derrocado por Al Sisi. Numerosos artistas expresaron entonces su temor a que los Hermanos Musulmanes restringieran de forma progresiva la libertad de expresión y de creación. Sin embargo, las nuevas autoridades no han sido más tolerantes. “Desde 2013, se han reducido todas las libertades en Egipto”, lamenta Serag, que recuerda el caso del escritor Ahmed Naji, procesado en noviembre porque su última novela contiene pasajes eróticos.

Artículo publicado el día 25-1-2016

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