La baja participación cuestiona la popularidad de Al Sisi

Ni la llamada a las urnas del presidente Abdelfatá Al Sisi, ni la concesión de una día de fiesta a los funcionarios, ni la amenaza de una cuantiosa multa a los abstencionistas —cercana al salario mínimo—, consiguió animar la participación en la primera ronda de las elecciones legislativas en Egipto. De acuerdo con las autoridades, la tasa oficial de participación fue del 26,5%, siendo nulos un 10% de los sufragios. Ante la ausencia de los principales partidos de la oposición entre las papeletas, la interpretación de la tasa de participación se ha convertido en el centro del debate entre los analistas. ¿Es una prueba de una caída de la popularidad del régimen del mariscal Abdelfatá Al Sisi?

Esta es la opinión del periodista Hosny Abdel Rahim: “No fue a votar prácticamente nadie, y eso demuestra un evidente desencanto con el proceso político y con el Gobierno”. El dato de participación no sólo es sensiblemente menor que el 62% registrado en las elecciones del 2011, las primeras libres tras la caída del dictador Hosni Mubarak, sino también que el 46% registrado en las presidenciales del año pasado que coronaron a Al Sisi. Encima, algunos observadores consideran que la cifra oficial está hinchada. “Una de las razones para celebrar las elecciones en dos días es poder manipular la participación en el segundo”, sostiene Ahmed Sarhan, asesor del candidato Ahmed Shafiq en las elecciones presidenciales del 2012.

Sin embargo, Georges Fahmi, un analista egipcio del think tank Carnegie Endowment, no cree que la existencia de colegios electorales vacíos signifique necesariamente una caída del apoyo al régimen entre la población. Tras su asonada de 2013, Al Sisi gozaba de una elevada popularidad entre la población, patrocinada por el culto a su personalidad en los medios. “Una parte de los que no votaron sí respaldan el régimen, pero piensan que estando Al Sisi al mando no necesitan votar al Parlamento, sobre todo cuando ninguno de los partidos en liza representan un desafío para la autoridad del presidente”, señala. En las elecciones del pasado fin de semana votaron los ciudadanos de 14 de las 27 provincias del país.

La ausencia de los islamistas

Ahora bien, más preocupante para el Gobierno debería ser la persistencia del apoyo a la ideología islamista. Su principal partido, los Hermanos Musulmanes, vencieron todos los comicios hasta que un golpe militar desbancó al presidente Mohamed Morsi, uno de sus líderes, y lo ilegalizó. “Un sector de la juventud islamista ha perdido su fe en la política como medio para cambiar la sociedad. Entre ellos, algunos han decidido orientarse hacia el proselitismo, y otros hacia el yihadismo, y esto representa un gran peligro”, añade Fahmi, que recuerda que la Hermandad solía contar con el apoyo de un cuarto de la población.

Precisamente, el dato más relevante de los resultados es el fracaso estrepitoso del partido salafista Nur, el único de tendencia islamista que apoyó el golpe de Estado de 2013 y que concurre a los comicios. Tras haber obtenido aproximadamente un 25% de los escaños en 2011, esta vez no ha obtenido ninguno en los escogidos a través de la lista de partidos, lo que muestra que su electorado no entiende su apoyo a la implacable represión a los Hermanos Musulmanes y otras formaciones islamistas.

Como anticipaban todos los pronósticos, el ganador de la primera vuelta es la heteogénea coalición “Por el amor de Egipto”, que reúne a militares retirados, personalidades y varios pequeños partidos. Se ha hecho con los 60 escaños asignados a los partidos políticos. Sin un programa electoral conjunto, el único cemento del grupo es su ambición y apoyo incondicional a Al Sisi, lo que anticipa un nuevo Parlamento dócil para el rais. La semana que viene se celebrará la segunda vuelta de los escaños distribuidos a candidatos individuales. A finales de noviembre, le tocará su turno a las 13 provincias que no votaron en la primera vuelta, incluido el centro de El Cairo. El maratoniano proceso electoral concluirá entrado el mes de diciembre.

Artículo publicado en el diario EL PAIS el día 22-10-2015

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