Nuevas elecciones con un viejo regusto en Egipto

Tras una campaña electoral más bien tediosa, a partir del domingo se celebran en Egipto elecciones legislativas en un proceso maratoniano que culminará entrado el mes de diciembre. Los comicios representan la culminación de la hoja de ruta de la transición elaborada por las autoridades militares tras el golpe de Estado de verano del 2013. Sin embargo, ante un escenario de graves y habituales violaciones de los derechos individuales, pocos egipcios se creen la retórica oficial sobre la de democratización del país, destinada más bien al consumo externo.

Después de un largo hiato de más de tres años, Egipto volverá a activar su Asamblea Popular, disuelta en junio del 2012 por orden del Tribunal Constitucional al considerar que la ley electoral que rigió los primeros comicios posrrevolucionarios era inconstitucional. Aquella tumultuosa cámara estaba dominada por los partidos islamistas, los únicos que contaban con una tupida militancia. Liderados por los Hermanos Musulmanes, acapararon el 70% de los votos .

De aquellas formaciones, tan solo concurren en la presente contienda los salafistas del partido Nur, los únicos que apoyaron la asonada del mariscal Abdelfatá al Sisi, actual presidente del país. Los vencendores, los Hermanos Musulmanes, son ahora considerados una “organización terrorista”, y varios de sus líderes, incluido el ex presidente Morsi, languidecen en el corredor de la muerte. El resto, como el partido Wasat, boicotean las elecciones al considerar que no serán libres.

Sus principales adversarios en aquellos primeros comicios, los partidos laicos de oposición al régimen de Mubarak, no se encuentran en un mejor estado de forma. Debilitados por sus luchas intestinas, algunos han optado por boicotear también las elecciones, mientras otros se presentarán a un reducido número de circunscripciones. “Las discrepancias políticas y la falta de recursos explican que no hayamos sido capaces de formar un bloqueprogresista. Además, algunos partidos se han coaligado con los mubarakistas porque les daban asistencia fianaciera”, explica Hussein Gohar, dirigente del Partido Socialdemócrata, que ostentó varios ministerios tras la asonada del 2013 y ahora se presenta a poco más de un 10% de las circunscripciones.

En parte, la debilidad de los partidos responde a una calculada estrategia del régimen, que los percibe como una molestia. Unos meses antes de las elecciones, Al Sisi los instó a unirse en una sola lista, y luego aprobó una ley electoral que les perjudica seriamente. Tan solo un 20% de los 596 escaños en juego se distribuirán entre las listas de los partidos, mientras el resto se los disputarán candidatos individuales, un sistema que facilita la elección de los caciques locales que dominaban el Parlamento durante la era Mubarak. De hecho, según el diario Al Ahram, un 40% de los candidatos en liza son ex miembros del PND, el partido único del régimen anterior. Todo está a punto para el retorno de la vieja guardia.

La mayoría de los aspirantes, incluida la coalición favorita, con el curioso nombre de “Por el amor de Egipto”, se ha comprometido a aprobar la agenda de Al Sisi. Más que el foro para la competición entre ideologías, la nueva cámara será el escenario de una lucha de redes clientelares, igual que sucedía antes del 2011. Acostumbrado a gobernar a golpe de decreto-ley, Al Sisi se enfrentará a un Parlamento más bien dócil, a pesar de que la nueva Constitución de 2014 le atribuye amplios poderes, incluido el de iniciar un proceso de destitución del presidente. “El régimen ha diseñado unas reglas del juego para tener un Parlamento fragmentado, y lo conseguirá”, espeta Gohar.

El precio de este retorno al pasado puede ser una alta tasa de abstención. Durante la época Mubarak, se solía situar alrededor del 15%, frente al 65% de las primeras elecciones después de su caída. “No hay verdaderas plataformas políticas que puedan ser atractivas para los votantes. Nadie ha presentado un programa electoral tangible”, sostiene Mustafa Kamel Said, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de El Cairo.

Artículo publicado en EL PAIS el día 17-10-15

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