Egypt, back to the future

IMG_2838In addition to his scientific theories, Albert Einstein left us several brilliant quotes. Among them, this great definition of what insanity is: “doing the same thing over and over again and expecting different results”. Unfortunately, it seems the Egyptian elite has not paid much attention to Einstein’s wise advice.

Almost a year and a half after the coup d’Etat that deposed Mohamed Morsi, the “new Egypt” looks so much like the old one that it is difficult to find many differences between them. The Muslim Brotherhood has become again the “public enemy number one”. There is a façade of democracy, while independent political parties are crushed. The so-called “demonstration law” plus the upcoming antiterrorist law grant the police more or less the same repressive tools that the old “state of emergency”. And of course, the “rais” used to wear military garb before he exchanged it for the suit and the sunglasses. The current regime is just more brutal because the population became less docile after the 2011 Revolution.

In order to consolidate their power, the Egyptian rulers seem to be counting on the population’s fatigue after three years of upheaval and the uncritical support that usually generates a terrorist threat. In addition to a reinforced security apparatus, of course. Without any doubt, these factors, coupled with the bitter division between the Islamist and the secular opposition, make another uprising highly unlikely in the coming years.

However, it is not clear that these factors will work in the long term. They can just buy some time. Sooner or later, the memories of the last three years will fade away. A new generation will grow up with the same frustration of the one that occupied Tahrir Square in 2011. Whether the State is successful or not in crushing the jidahist threat, the same demands of the revolution will emerge again. “Bread, freedom and social justice”. And I doubt that the current regime, very much like the old one, has the right answers to the formidable challenges that Egypt faces.

Sure, a renewed sense of security and the generous flow of investments from the Persic Gulf will create some economic growth. However, without a deep reform of the State, it will only benefit the those sitting on the top of the social pyramid, as it happened during the Mubarak neoliberal era. Moreover, the current development policy based on big projects starts to show its flaws.

In the early 2000’s China was the model for the Arab autocrats. Searching for growth without freedom. But they could never recreate the same policies and conditions than in the Far East, and they will hardly be able to do it now with the whole region up in flames.

Abdelfattah al-Sisi has been repeatedly compared in the Egyptian press with Gamal Abdel Nasser. But this is just pure propaganda. Neither has the current president embraced the pan-Arab dream, which is dead, nor has he a program of social reform. Nasser designed a social contract which consisted in providing new public services and social rights in exchange for political acquiescence. Currently, the coffers of the State are empty and the population is booming. Therefore, it is impossible to renew Nasser’s social contract.

So what does the future hold for Egypt? Probably, more turbulent times. The 2011 Revolution offered a golden opportunity to escape from this future. There was a chance to create a new polity based on participatory politics and a certain redistribution of wealth. Unfortunately, the experiment did not succeed, though I still think it could have. And now we are back to the old and hopeless future.

One thought on “Egypt, back to the future

  1. Traducción hecha por Ricard González.

    Además de sus teorías científicas, Albert Einstein nos dejó varias frases brillantes. Entre ellas, este gran definición de lo que es la locura: “hacer la misma cosa una y otra vez y esperar resultados diferentes”. Por desgracia, parece que la élite egipcia no ha prestado mucha atención a los sabios consejos de Einstein.

    Casi un año y medio después del golpe de Estado que depuso a Mohamed Morsi, el “nuevo Egipto” se parece tanto al antiguo, que es difícil de encontrar muchas diferencias entre ellos. La Hermandad Musulmana ha vuelto a ser el “enemigo público número uno”. Hay una fachada de democracia, mientras que los partidos políticos independientes son aplastados. La llamada “ley de manifestaciones” sumada a la próxima ley antiterrorista otorgan a la policía más o menos las mismas herramientas represivas que el antiguo “estado de emergencia”. Y, por supuesto, el “rais” solía vestir un uniforme militar antes de cambiarlo por el traje y las gafas de sol. El régimen actual es más brutal, porque la población se hizo menos dócil después de la Revolución de 2011.

    Con el fin de consolidar su poder, los gobernantes egipcios parecen estar contando con el cansancio de la población, después de tres años de agitación, y el apoyo incondicional que suele generar una amenaza terrorista. Además de un aparato de seguridad reforzado, por supuesto. Sin duda alguna, estos factores, junto con la amarga división entre los islamistas y la oposición laica, hacen otro levantamiento altamente improbable en los próximos años.

    Sin embargo, no está claro que estos factores funcionen a largo plazo. Sólo pueden ganar algo de tiempo. Tarde o temprano, los recuerdos de los últimos tres años se desvanecerán. Una nueva generación crecerá con la misma frustración de la que ocupaba la plaza Tahrir en 2011. Si el Estado tiene éxito o no en el aplastamiento de la amenaza yihadista, las mismas exigencias de la revolución emergerán de nuevo. “Pan, libertad y justicia social”. Y dudo que el régimen actual, muy parecido al anterior, tenga las respuestas correctas a los enormes desafíos que enfrenta Egipto.

    Claro, un renovado sentido de la seguridad y el generoso flujo de inversiones desde el Golfo Pérsico crearán un cierto crecimiento económico. Sin embargo, sin una profunda reforma del Estado, sólo beneficiará a los que están sentados en la parte superior de la pirámide social, como ocurrió durante la era neoliberal Mubarak. Por otra parte, la política de desarrollo actual, basado en grandes proyectos comienza a mostrar sus defectos.

    La China de principios del 2000 fue el modelo para los autócratas árabes. Búsqueda de crecimiento sin libertad. Pero nunca pudieron recrear las mismas políticas y condiciones que en el Lejano Oriente, y que difícilmente podrán hacerlo ahora con toda la región en llamas.

    Abdelfattah al-Sisi ha sido comparado en varias ocasiones en la prensa egipcia con Gamal Abdel Nasser. Pero esto es sólo pura propaganda. Ni el actual presidente ha abrazado el sueño panárabe, que está muerto, ni tiene un programa de reforma social. Nasser diseñó un contrato social que consistía en la prestación de nuevos servicios públicos y los derechos sociales a cambio de consentimiento político. En la actualidad, las arcas del Estado están vacías y la población está en auge. Por lo tanto, es imposible renovar el contrato social de Nasser.

    Entonces, ¿qué nos depara el futuro para Egipto?. Probablemente, más tiempos turbulentos. La Revolución de 2011 ofreció una oportunidad de oro para escapar de este futuro. Existía la posibilidad de crear un nuevo sistema de gobierno basado en la política participativa y una cierta redistribución de la riqueza. Por desgracia, el experimento no tuvo éxito, aunque sigo pensando que podría tener. Y ahora estamos de vuelta a un futuro viejo y desesperanzado.

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