La hora de la verdad para Artur Mas

La prensa de Madrid ha acogido con satisfacción unánime el anuncio de la Generalitat de suspender la consulta soberanista del 9-N. Algunos han certificado la “derrota” del presidente Mas, y otros han echado mano del sarcasmo. Sin embargo, la partida de ajedrez entre el Estado y el bloque soberanista catalán no ha terminado. Al menos, no aún. Las próximas semanas serán decisivas, y esta vez de verdad.

En las elecciones catalanas del 2012, además de 12 diputados, CIU se dejó el liderazgo incontestable del catalanismo político. Desde entonces, en cada movimiento importante en la partida, es necesaria una negociación con los otros partidos pro-consulta: ERC, ICV, y la CUP. Además, claro, de conversas internas con Unió, pues su líder, Duran i Lleida, recela de cualquier aventura secesionista. De las negociaciones entre estos actores dependerá que se renueve el pulso con el Estado, o se inicie una lucha intestina entre ellos para señalar el culpable del fracaso del “proceso”.

Las próximas semanas serán decisivas porque no hay una hoja de ruta ya diseñada. En cambio, el guión de lo sucedido durante el último año y medio sí estaba ya escrito. En este mismo blog, fue publicado un esbozo que se ha ajustado a la realidad de forma casi milimétrica. Se sabía que el Parlament aprobaría una ley para realizar una consulta sobre la independencia, que la Generalitat la convocaría, que el Tribunal Constitucional la suspendería, y que el Govern acabaría acatando el fallo judicial. Los aspavientos de unos y otros fueron puro teatro político, y las poses habituales en toda negociación, ya sea para redefinir el sistema político de un país o comprar una alfombra en el mercado de Khan al-Khalili en El Cairo.

Por su cargo institucional, por la fuerza de su partido en el Parlament, y por la condición de CIU de fuerza moderada dentro del bloque soberanista, de Artur Mas dependerá hacia dónde se dirige la política catalana en su próximas fase. A grandes rasgos, tiene dos opciones:

1) Ir hasta el final en su apuesta: Convocar elecciones plebiscitarias y formar una lista “de país” con ERC y con los movimientos soberanistas de la sociedad civil, básicamente, la Asociación Nacional Catalana, organizadora de las últimas movilizaciones de la Diada. La lista, que apelaría a la unión de los catalanistas más allá de siglas partidistas, incluiría el compromiso de iniciar un proceso de secesión en caso de obtener la mayoría absoluta que culminaría en una declaración de independencia del Parlament de Catalunya. Es decir, un desafío al Estado en toda regla. Por la condición inédita de la lista, la naturaleza excepcional de los comicios, y la poderosa ola de malestar que sacude la sociedad, es imposible hacer una predicción mínimamente certera sobre el resultado. Si tuviera que hacerla diría que la mayoría absoluta es un objetivo posible, pero ni mucho menos garantizado.

2) Iniciar una “honorable” retirada: Evitar unas elecciones plebiscitarias poniendo, disimuladamente, palos en las ruedas a la formación de una lista “de país” y comenzar una rebaja progresiva del clima de tensión con el Gobierno central. Gracias a la consulta alternativa de la sociedad civil, podría argumentar que ha cumplido su programa electoral. Mas no puede renegar de su apuesta por la soberanía de Catalunya, retirándola de su programa. CIU perdería cualquier tipo de credibilidad. Ahora bien, podría recurrir al legendario “Ara no toca” de Pujol. Pero con otras palabras, claro, que cualquier referencia al ex presidente es ahora tóxica. La pirueta discursiva sería de alta dificultad. En este escenario, Mas intentaría alargar lo máximo posible la legislatura confiando recibir un balón de oxígeno en 2016 de una incipiente recuperación económica.

El presidente de la Generalitat se encuentra ante un verdadero dilema. Cualquiera de las dos opciones es muy arriesgada. En la primera, asumiendo que Mas fuera el cabeza de lista, mantendría la épica con la que ha querido teñir su mandato. Al no presentarse bajo las siglas de CIU, se ahorraría el tremendo patacazo que le pronostican las encuestas. En caso de no obtener la mayoría absoluta, se retiraría de la vida política confiando entrar en la historia como el líder valiente al que el pueblo no se atrevió a seguir. Si la obtuviera, entraríamos de nuevo en territorio desconocido. ¿Cuál sería la reacción de la comunidad internacional ante una victoria independentista? ¿Sería posible mantener una mínima coherencia dentro del grupo parlamentario antes los previsibles intentos de dividirlo por parte del Gobierno español? ¿Quién mandaría en este bloque: Mas, ERC, la ANC?

Los peligros de la segunda opción son evidentes. El principal, un hundimiento electoral sonrojante en las próximas elecciones. Las perspectivas de recuperación económica no son halagüeñas en Europa, y sin el actual apoyo de ERC en el Parlament, a CIU le costaría mucho arrastrar la legislatura hasta 2016. De líder osado, o incluso temerario, Mas pasaría a ser visto como el típico político que se aferra con uñas y dientes al cargo. La peor carta de presentación en un tiempo político marcado por el auge de Podemos y una fuerte corriente anti-política. Sin la pericia de un consumado prestidigitador y una buena dosis de suerte, la retirada “honrosa” puede tornarse en una de humillante.

Las próximas semanas serán decisivas porque el presente contexto le plantea a Mas una buena oportunidad de cambiar de rasante, si así lo desea. Quizás será la última que tenga. Rajoy lo sabe, y por eso ha cambiado el tono los últimos días, sugiriéndole a Mas un nuevo camino. Aunque en cada paso que ha dado desde la Diada de 2012, el “president” aumentaba la dificultad de desandar el camino hecho, la puerta siempre estaba abierta. Pero si sellara una lista unitaria con ERC y la ANC en unas plebiscitarias, Mas y CDC -no está claro que pasará con Unió-, pueden perder la llave de su propio futuro, y verse encadenados, para bien o para mal, a otros actores políticos. Hasta cierto punto, esto es lo que ha sucedido tras 2012, pero con una lista unitaria, la elección se convertiría en irreversible.

One thought on “La hora de la verdad para Artur Mas

  1. Muy bvueno. Es un análisis muy bien hecho y retrata perfectamente el escenario de Cataluña, aunque el periodista viva en El Cairo. Es bueno mirar en este mismo blog otro artículo de octubre de 2012 , donde escribe un “esbozo” como relata en el tercer párrafo de hoy y predice con precaución las próximas elecciones de entonces. El título habla del “Tarot….de Cataluña”, no lo recuerdo exactamente, pero algo dice de ésto.

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