Erdogan busca eternizarse en el poder a través de las urnas

A Recep Tayip Erdogan, el primer ministro islamista turco, no le parece que sus más de doce años de gobierno hayan sido suficientes para culminar su proyecto político. Al no poder presentarse a una tercera reelección, decidió optar a la presidencia del país en los comicios que se celebran hoy, y en los que están convocados a las urnas más de 50 millones de ciudadanos. Según las encuestas, Erdogan parte como gran favorito, pues le otorgan cerca del 50% de los votos. En caso de no superar ese umbral, se celebraría una segunda vuelta el día 24 de agosto.

Su principal rival es Ekmeleddin Ihsanoglu, ex secretario general de la Organización para la Cooperación Islámica y candidato de consenso de los dos principales partidos de la oposición turca el CHP y el MHP, de tendencia laica y nacionalista. De perfil conservador, Ihsanoglu no parece haber sido capaz de movilizar a los votantes más progresistas del CHP, lo que puede minar sus reducidas opciones de victoria. El otro candidato en liza es Salahatin Demirtas, del partido nacionalista kurdo HDP, que suele recabar entre un 6% y un 7% en las elecciones legislativas.

La presidencia de Turquía es una cargo eminentemente simbólico, con atribuciones de tipo representativo. Sin embargo, Erdogan ha sugerido en diversas ocasiones que pretende ampliar sustancialmente sus funciones con competencias ejecutivas, convirtiendo el sistema político en presidencialista o semi-presidencialista, como el vigente actualmente en Francia. El hecho de que el presidente se elija por primera en vez a través de sufragio universal -antes la elección recaía en el parlamento-, ya es un primer paso para dotar de mayor fuerza a la institución. Ahora bien, un reforma profunda del sistema requiere una enmienda de la Constitución. En caso de victoria, ese será el principal reto del premier turco, ya que su partido, el AKP, no dispone de una mayoría parlamentaría suficiente.

En su tramo final, la campaña electoral se ha caldeado por una declaración de Erdogan derogatoria hacia la minoría armenia, con la que Turquía tiene un oscuro pasado al ser acusada de haber cometido un genocidio en la I Guerra Mundial. “No te creerías las cosas que han dicho de mí. Que soy soy georgiano … y has cosas más feas. Me han llamado armenio, pero soy turco”, dijo en una entrevista televisiva. Estos comentarios se añaden a otros también polémicos en los que resaltaba el origen étnico de algunos de sus adversarios políticos, como el lider del CHP, Kemal Kilidaroglu, al que acusó de esconder su condición de alevi (una rama del chiísmo).

Al dirigente islamista le han llovido las críticas por haber jugado la “carta étnica”. Según el analista político Ozgür Korkmaz, las salidas de tono de Erdogan no son espontáneas. “El primer ministro continúa haciendo comentarios discriminatorios y controvertidos, como el último, porque sabe que le traerán más votos de los que le restarán”. Según Korkmaz, la mayoría de la población turca, de religión musulmana sunnita, mantiene actitudes intolerantes hacia las minorías étnicas o religiosas del país, ya sean alevis, armenios, o incluso grupos como homosexuales, contra los que también ha cargado Erdogan.

Sus declaraciones se enmarcan dentro de una deriva autoritaria del primer ministro, que ha optado por lanzar furibundos ataques contra sus adversarios al sentir amenazada su posición. En verano pasado, respondió con contundencia ante los manifestantes que ocuparon la plaza Taksim para protestar por la destrucción de un parque, y en general, por el despotismo de las autoridades. En diciembre, se hizo público un escándalo de corrupción que afectaba a varios ministros de su gabinete y otras personas de su círculo más próximo. Su respuesta ha sido el relevo de docenas de oficiales de policía, la aprobación de leyes que censuran la libertad de expresión en internet, y varios movimientos para cercenar la independencia judicial.

Sin embargo, no parece que estas controvertidas acciones hayan reducido sustancialmente su popularidad, sino que más bien han polarizado la sociedad. “Erdogan utiliza un lenguaje muy fuerte, pero la oposición también, pues le compara con dictadores fascistas como Franco o Hitler”, apunta el analista político Galip Dalay, que considera que mientras las acciones de Erdogan no pongan en peligro el espectacular crecimiento económico del país -un 5% de media en la última década-, el primer ministro conservará su apoyo.

Con la minoría que ha sido más cuidadoso en su lenguaje es la kurda, que suma entre el 15% y el 20% de la población. “Erdogan suele recibir la mitad del voto kurdo, y parece que lo mantendrá en estos comicios. Ese porcentaje aumentaría si hubiera segunda vuelta, pues recibiría el apoyo en bloque de los votantes de Demirtas”, sostiene Dalay. La milicia independentista PKK y el gobierno kurdo declararon una tregua en la primavera del año pasado. Tras varios meses de impase, el AKP dio un impulso a las negociaciones de paz con la reciente aprobación de una ley que pretende blindar el proceso, del que recelan los dos principales partidos de la oposición, pues son nacionalistas turcos.

Artículo publicado en el diario Berria 10-08-2014

 

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