Al-Sisi, el astuto general que soñaba en ser raïs de Egipto

El Cairo.-A pesar de que la Junta Electoral aún no ha anunciado los resultados oficiales de las elecciones presidenciales en Egipto, las filtraciones hechas a los medios no dejan margen para la duda. Abdelfattah al-Sisi ha conseguido una victoria abrumadora con más del 90% de los sufragios. Su adversario, el político progresista Hamdin Sabahi, reconoció públicamente su derrota, si bien puso en tela de juicio las estimaciones de voto publicadas, y muy especialmente la tasa de participación de un 47%. “Es un insulto a la inteligencia de los egipcios”, llegó a proclamar.

Sea como fuere, al-Sisi, de 59 años de edad, ya ha conseguido su viejo sueño de gobernar Egipto. Literalmente. En una entrevista con el diario Al-masry al-Youm a principios de este años, explicó que desde hace más de tres décadas tenía sueños que lo predestinaban a presidir la nación árabe. En uno de ellos, se le apareció el difunto presidente Anwar al-Sadat y le informó del prominente cargo que asumiriá en el futuro. “Ya lo sabía”, le respondió un confiado al-Sisi.

El ascenso de este oficial nacido en el popular barrio cairota de Gamaliya ha sido fulgurante, prueba de su astucia y afinada intuición política. Hace apenas dos años, era un completamente desconocido para la gran mayoría de la población egipcia. Actualmente, los pósters y carteles con su efigie adorna las calles de todo el país. Y en el momento más álgido de la Sisimanía, su rostros se podía encontrar incluso en las tartas de cumpleaños de algunas pastelerías.

Curiosamente, el hombre que propició su gran salto a la vida pública, el ex presidente Mohamed Morsi, languidece hoy en la cárcel. Poco se podía imaginar el líder islamista que el joven general al que había nombrado ministro de Defensa daría un golpe de Estado unos meses después, iniciando la represión más brutal contra su movimiento político, los Hermanos Musulmanes.

Al-Sisi se ganó la confianza de Morsi por su condición de musulmán devoto y por haber sido el interlocutor con la cofradía de la Junta Militar que asumió el poder tras la caída de Mubarak. De hecho, se comenta que el ex raïs se negó a creer su participación en la asonada hasta el último momento.

A pesar de la admiración que inspira -o quizás precisamente por eso-, la ideología y proyecto político de al-Sisi continúan siendo un misterio. Parco en palabras, el mariscal se ha limitado a ofrecer una serie de propuestas vagas en las entrevistas televisivas que ha concedido durante la campaña electoral. En su página web, tan solo se detallan varios objetivos de carácter general.

“Al-Sisi no es un ideólogo. Es un hombre práctico que se aproxima a los problemas sin ideas preconcebidas”, declaró a La Nación Amr Musa, ex presidente de la Liga Árabe y el principal asesor político del futuro presidente. Ahora bien, todo apunta que el raïs al-Sisi no se alejará demasiado del rumbo adoptado por el actual gobierno, en especial en lo que respecta a la represión de los Hermanos Musulmanes. Al ser preguntado por un periodista, llegó a augurar que la organización islamista “desaparecería” bajo su mandato.

De sus discursos emotivos, realizados normalmente en árabe coloquial, y su talante paternalista se deduce una visión de la sociedad eminentemente conservadora, no muy diferente de la de sus predecesores. “Si tenéis alguna información sobre algún tema [sensible], debéis susurrarlo al oído de las autoridades. Si es posible, sin hacerlo público”, exhortó a los principales directores de los periódicos egipcios, un comentario poco halagüeño para el futuro de la libertad de prensa en el país. En esa misma plática, afirmó que Egipto no está preparado para un sistema democrático y que necesitará “al menos 25 años”, un mensaje muy habitual mil veces repetido por Mubarak y el resto de autócratas árabes.

Los desafíos que el nuevo raïs tiene ante sí son descomunales, tanto en el ámbito de la seguridad como en el económico, pues las arcas públicas se encuentran vacías. Para desarrollar la economía, al-Sisi otorga un papel central al Estado, como hizo Gamal Abdel-Násser, junto al que aparece en numerosos pósters y con quien se le compara a menudo. “Al-Sisi no es un nuevo Náseer, ni un nuevo Mubarak”, advierte Musa. Más vale que así sea, porque el Egipto del siglo XXI poco tiene que ver con el de hace seis décadas.

Artículo publicado en el diario La Nación 30-05-2014

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