Four quick takes on the Egyptian elections

The unofficial results of the 2014 Egyptian presidential elections suggest an overwhelming victory for Abdelfattah al-Sisi, with around 93% of the vote. While the Electoral Commission is still reviewing the complaints presented by the campaigns -official results are not expected until June 5th-, here there are some quick thoughts about the elections:

-A flawed process: It was always going to be difficult for the authorities to create a democratic façade for an electoral process that took place after more than 2.000 people were killed in demonstrations and some of the main political movements were banned. However, some unnecessary actions cast even a larger shadow over the fairness of the whole process. Let us set aside the fact that some of Sabahi’s delegates were not allowed to get in the colleges or got even arrested, and also the campaigning inside the electoral colleges. The declaration by the Prime Minister that the second day of voting would be a day-off in order to increase the turnout looked quite desperate. But the decision to extend the process to a third day was pathetic and showed that the regime was willing to do anything to increase a widely reported low turnout. Now, it will be quite hard to believe the accuracy of the official turnout and the results. The unofficial turnout is around 50%.

-Al-Sisi, a weaker president: One of the reasons why many people voted for al-Sisi was that he would make “a strong president”. Thanks to his personality and huge popularity, they argued, the Field Marshall would bring stability to the country and would be able to take tough decisions, such as reforming the system of subsidies. Well, after the difficulties of his campaign to mobilize voters, al-Sisi emerges as a president weaker than expected a few weeks ago. Since all the State institutions are behind with him, he will be able to govern effectively. Nonetheless, it is clear that he does not have the strong mandate he wished to take blunt and unpopular decisions.

-The June 30th coalition is definitely broken: Soon after the removal of Morsi, the heterogeneous June 30th coalition started to show some cracks. The first one was the resignation of Mohamed al Baradei, and the biggest one the draconian demonstration law passed in November. The current election has just crystalized the divorce between the so-called “fulul” -Mubarak supporters who cheer the army and want stability- and the citizens, mostly young, who want a civilian and democratic Egypt. Given that their hopes and dreams are very different, this separation was bound to happen once the memory and fear of the Muslim Brotherhood rule becomes distant. After the coup d’Etat and the resulting wave of hysteric patriotism, the revolutionary youth -or what Max Roddenbeck calls “civic Egypt”- was confused, divided and demoralized. Strapped between the army and the Brotherhood, it ceased being a relevant actor in the political scene. The low turnout has re-energized it, and it is already possible to see its reconstruction as an influential actor.

-Sabahi, the big loser: Unlike many opposition leaders who refused to participate in an electoral process that they as deeply flawed, Hamdin Sabahi always showed an interest in running for president. His remarkable third place in the 2012 election convinced his ambitious ego that one day he could be the raïs of Egypt. He was probably aware that he could not defeat al-Sisi, but he hoped to get enough votes to become the leader of the opposition. It is clear that this did not happen and he was not able to attract the anti-Sisi vote. The unofficial results indicate that his percentage of votes was lower that spoiled ballots. A big disappointment. Even if his campaign denounces some fraud, his image comes out of this battle seriously damaged. Sabahi may have committed several mistakes, but the main one was to aspire to lead and unite a fragmented opposition. His nasserist ideology would have never been accepted by the liberal, cent-right and leftist civilian forces.

One thought on “Four quick takes on the Egyptian elections

  1. Traducció feta amb Google.

    Los resultados no oficiales de las elecciones presidenciales egipcias 2014 sugieren una victoria aplastante para Abdelfattah al-Sisi, con alrededor del 93 % de los votos. Aunque la Comisión Electoral sigue revisando las quejas presentadas por las campañas oficiales hasta presentar el informe final del día 5 de junio, aquí van algunas ideas sobre las elecciones:

    – Un proceso viciado: siempre iba a ser difícil para las autoridades crear una fachada democrática para un proceso electoral que tuvo lugar después que más de 2.000 personas murieron en las manifestaciones y algunos de los principales movimientos políticos fueron prohibidos. Sin embargo, algunas acciones innecesarias echaron una gran sombra sobre la equidad de todo el proceso. Dejemos de lado el hecho de que a algunos de los delegados de Sabahi no se les permitió entrar en los colegios o fueron detenidos, así como que se hiciera campaña dentro de los colegios electorales. La declaración del Primer Ministro declarando que el segundo día de la votación sería un día de descanso a fin de aumentar el índice de participación parecía bastante desesperada. Pero la decisión de extender el proceso a un tercer día fue patética y demostró que el régimen estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para aumentar la baja participación sugerida en los medios. Ahora, será bastante difícil creer la veracidad de la participación oficial y los resultados. La participación no oficial es de alrededor del 50 %.

    -Al- Sisi, un presidente débil: Una de las razones por las que muchas personas votaron por al- Sisi fue que iba a ser ” un presidente fuerte”. Gracias a su personalidad y su enorme popularidad, argumentaban, el mariscal traería estabilidad al país y sería capaz de tomar decisiones difíciles, tales como la reforma del sistema de subsidios. Después de las dificultades de su campaña para movilizar a los votantes, al- Sisi emerge como un presidente débil, distinto de lo que se esperaba hace unas semanas. Puesto que todas las instituciones del Estado están detrás de él, será capaz de gobernar con eficacia. No obstante, está claro que él no tiene el mandato fuerte que deseaba para tomar decisiones contundentes e impopulares.

    – La coalición de 30 de Junio está definitivamente rota: Poco después de la deposición de Morsi, la heterogénea coalición de 30 de Junio comenzó a mostrar algunas grietas. La primera fue la renuncia de Mohamed al Baradei, pero la más grande fue la ley draconiana sobre manifestaciones aprobada en noviembre . El actual proceso ha acabado cristalizando el divorcio entre la llamada ” fulul ” – partidarios de Mubarak partidarios que apoyan al ejército y quieren estabilidad- y los ciudadanos, en su mayoría jóvenes, que quieren un Egipto civil y democrático. Habida cuenta de que sus esperanzas y sueños son muy diferentes, esta separación tenía que suceder una vez que el recuerdo y el miedo durante el gobierno de la Hermandad Musulmana se ha vuelto distante. Después del golpe de Estado y la onda resultante de patriotismo histérico, los jóvenes – o los revolucionarios – Max Roddenbeck llama “Egipto cívico” – estaba confundido, dividido y desmoralizado. Atado entre el ejército y la Hermandad, que dejó de ser un actor relevante en la escena política. La baja participación ha revitalizado, y ya es posible ver su reconstrucción como un actor influyente.

    – Sabahi, el gran perdedor: A diferencia de muchos líderes de la oposición que se negaron a participar en un proceso electoral tan profundamente defectuoso, Hamdin Sabahi siempre mostró su interés en postularse a la presidencia. Su notable tercer lugar en las elecciones de 2012 convenció a su ambicioso ego que un día podría ser rais de Egipto. Él era probablemente consciente de que no podía derrotar a al- Sisi , pero esperaba obtener los votos suficientes para convertirse en el líder de la oposición. Está claro que esto no sucedió y él no fue capaz de atraer el voto anti-Sisi. Los resultados no oficiales indican que el porcentaje de votos fue menor que el de papeletas nulas. Una gran decepción. Incluso si su campaña denuncia algún fraude, su imagen sale de esta batalla seriamente dañada. Sabahi puede haber cometido varios errores, pero el principal era aspirar a liderar y unir a una oposición fragmentada. Su ideología nasserista nunca habría sido aceptada por las fuerzas civiles de izquierda liberal, centro-derecha y de izquierda.

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