The Egyptian Revolution is over

IMG_5858Over the last three years, many analysts and journalists have written the obituary of the Egyptian Revolution. Many did it after the victory of the Muslim Brotherhood in the presidential elections. Some others had already done it even before that. I always deemed these conclusions as premature. However, I am now ready to call the end. At least if we define “revolution” as a period of radical and sudden change. This is why I feel more pessimistic now:

-Sissi is no Mubarak: At the end of his presidency, Hosni Mubarak’s popularity was dismal. While thousands of people occupied Tahrir demanding his fall, the regime did not have enough energy to organize any counter-demonstration, as for instance, Bashar al-Assad did at the start of the Syrian rebellion. Unlike Mubarak, Abdelfattah al-Sissi, most probably the next rais, enjoys a real popularity among a large part of the Egyptian society. It does not matter whether he deserves it, or it is rather the result of a personality cult built by the media. What it is clear to me is that, even if his popularity erodes over time, al-Sisi will keep enough popular support to mobilize thousands of supporters and contest any mass movement against his rule.

-The army, in the frontline: While Mubarak promoted his son Gamal as his successor, the center of power moved from the army to Gamal’s clique of tycoons, such as Ahmed Ezz. Or at least, this is how people perceived it. This allowed the army to further distance itself from Mubarak during the revolution, and use him as a scapegoat at the end. Nonetheless, the situation now is different. Even if al-Sissi resigns from his position in the army to become the next president, the public perception will be that the Armed Forces are in charge. And this means that the generals will not let al-Sissi fall, as they did with Mubarak. They know it would take them down too. Therefore, any challenge to his rule will be dealt with harshly, as we have seen in the last months.

-Islamist and revolutionaries, a dead alliance: The main political developments of the last three years were the result of the changing alliances between the three relevant actors in the Egyptian political landscape: the so-called “deep state”, the Islamists, and the young revolutionaries. The revolution would have never succeeded to dethrone Mubarak without the alliance of the secular activists and the Muslim Brotherhood. After the recent and acute conflicts between them, a reconstitution of the alliance seems unlikely in the coming years. Secular activists made a real effort to forget old disputes and trust the Brothers in 2011. The trust now is completely broken, and it will take a lot of time to rebuild it.

Having said all this, I believe it is still possible to bring about change in Egypt. But it will have to be through an agenda of incremental reforms rather than a revolution. Some people say that we are back to square one, that is, before 2011. I strongly disagree. The barrier of fear has been broken forever, and the level of political awareness of the Egyptian population is much higher than before. The remnants of the former regime might dream of recreating it, but sooner or later they will realize that it is impossible to put the genie of popular empowerment back into the bottle.

Despite the recent setbacks, it is not the time for revolutionaries to give up their fight, but to reassess their performance during the last three years and learn from past mistakes. They will have to adapt their strategy to a new reality. From my point of view, this means dedicating more energy to the arduous effort of building a grassroots movement, like Islamists did for more than three decades.

This also means (and I may be wrong) dropping maximalist slogans like “Down with the rule of the Field Marshall!”, while focusing on specific demands. For example, the reform of the Interior Ministry, an ambitious objectve that sit at the core of the revolt. Facing maybe the most turbulent time of its contemporary history, Egypt can’t afford the withdrawal of its idealist youth from the political scene.

One thought on “The Egyptian Revolution is over

  1. Traducción de Google.-
    En los últimos tres años, muchos analistas y periodistas han escrito el obituario de la revolución egipcia . Muchos lo hicieron después de la victoria de los Hermanos Musulmanes en las elecciones presidenciales. Algunos otros ya lo habían hecho incluso antes de eso. Siempre consideré estas conclusiones prematuras. Sin embargo, ahora al final estoy listo para opinar. Por lo menos si definimos “revolución” como un periodo de cambio radical y repentino. Es por eso que ahora me siento más pesimista.

    – Al- Sissi, Mubarak : Al final de su presidencia , la popularidad de Hosni Mubarak era pésima . Mientras miles de personas ocuparon Tahrir exigiendo su caída, el régimen no tenía la energía suficiente para organizar cualquier contra-manifestación, como por ejemplo, Bashar al- Assad hizo en el inicio de la rebelión siria . A diferencia de Mubarak, Abdelfattah al- Sissi , muy probablemente el próximo rais , goza de una popularidad real entre una parte importante de la sociedad egipcia. No importa si se lo merece, o es más bien el resultado de un culto a la personalidad construida por los medios de comunicación. Lo que tengo claro es que, aunque su popularidad se erosione con el tiempo, al- Sissi mantendrá el apoyo popular suficiente para movilizar a miles de seguidores y oposición a cualquier movimiento de masas contra su gobierno.

    – El ejército, en la primera línea: Mientras Mubarak promovió su hijo Gamal como su sucesor, el centro del poder se trasladó desde el ejército a la camarilla de Gamal de magnates , como Ahmed Ezz . O al menos , así es como la gente lo percibieron . Esto permitió que el ejército se distanciarse aún más de Mubarak durante la revolución, y al final lo utilizaron como chivo expiatorio. No obstante, la situación actual es diferente. Incluso si al- Sissi renuncia a su cargo en el ejército para convertirse en el próximo presidente, la percepción del público será que las Fuerzas Armadas están a cargo. Y esto significa que los generales no le permitirán a al- Sissi su caída , como lo hicieron con Mubarak. Ellos saben que los llevaría hacia abajo también. Por lo tanto, cualquier desafío a su gobierno será tratado con dureza, como hemos visto en los últimos meses .

    – Islamistas y revolucionarios, una alianza muerta: Los principales acontecimientos políticos de los últimos tres años fueron el resultado de las cambiantes alianzas entre los tres actores relevantes en el panorama político egipcio: el llamado ” estado profundo “, los islamistas, y los jóvenes revolucionarios. La revolución nunca habría conseguido destronar a Mubarak sin la alianza de los activistas seculares y la Hermandad Musulmana . Después de los conflictos recientes y agudos entre ellos, una reconstitución de la alianza parece poco probable en los próximos años. Los activistas seculares hacen un verdadero esfuerzo para olvidar viejas disputas y confiar en los Hermanos como en 2011 . La confianza ahora está completamente rota, y tomará mucho tiempo para reconstruirse.

    Habiendo dicho todo esto, creo que aún es posible lograr un cambio en Egipto. Pero tendrá que ser a través de una agenda de reformas graduales en lugar de una revolución. Algunas personas dicen que estamos de vuelta al punto de partida, es decir, antes de 2011. Estoy totalmente en desacuerdo. La barrera del miedo se ha roto para siempre, y el nivel de conciencia política de la población egipcia es mucho más alto que antes. Los restos del antiguo régimen podrían soñar con volver a crearlo, pero tarde o temprano se darán cuenta de que es imposible meter al genio del empoderamiento popular de nuevo en la botella .

    A pesar de los recientes reveses, no es el momento para que los revolucionarios abandonen su lucha, pero sí con miras a evaluar su desempeño durante los últimos tres años y aprender de los errores del pasado. Ellos tendrán que adaptar su estrategia a una nueva realidad. Desde mi punto de vista, esto significa dedicar más energía al arduo esfuerzo de construir un movimiento de base, al igual que los islamistas hicieron por más de tres décadas.

    Significa también (y puedo estar equivocado ) que los revolucionarios soltando consignas maximalistas como “¡Abajo el gobierno del mariscal de campo! ” ,no hacen nada, mientras que deberían centrarse en las demandas específicas. Por ejemplo, la reforma del Ministerio del Interior, un objetivo ambicioso que está en el centro de la revuelta. Ante tal vez el momento más turbulento de su historia contemporánea, Egipto no puede permitirse el retiro de su juventud idealista de la escena política .

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