El rompecabezas catalán

A menudo se suelen añadir al adjetivo “catalán” los conceptos de “desafío”, “reto” o “problema”, para referirse al proceso político lanzado por varios partidos catalanes para celebrar un referéndum de autodeterminación. Sin embargo, me temo que si las cosas siguen el curso que a mí me parece más probable, pronto deberemos hablar del “rompecabezas catalán”. Me explico en este ejercicio de política-ficción.

El horizonte de una consulta de secesión cada vez parece más borroso. El Gobierno central ya ha dicho claramente que la considerará ilegal. No hay margen para una entente a la “escocesa”. Y por su parte, el presidente catalán, Artur Mas, ha declarado que sólo hará una consulta dentro de la legalidad. Así pues, la actual discusión sobre el contenido de la pregunta, y el número de respuestas (Duran i Lleida quiere que, además de la independencia se puede votar su “tercera vía”) es pura retórica.

A estas alturas, el escenario más probable es el de la celebración de unas elecciones plebiscitarias, con varios partidos catalanes incluyendo en su programa electoral una declaración unilateral de independencia en el próximo Parlament. Ante el no taxativo de Rajoy a celebrar un referéndum, a Mas le quedan pocas opciones más allá de las elecciones plebiscitarias. Entre otras cosas, porque sin consulta, ERC le retirará su apoyo parlamentario forzando unos comicios, y las condiciones del PSC para sustituir Esquerra como socio son inasumibles para Mas -básicamente, que renuncie a la consulta y cometa un suicidio político-.

Así pues, todo parece indicar que nos encaminamos hacia unas elecciones plebiscitarias para finales de 2014 o quizás principios de 2015. Y ahora empieza el ejercicio de vaticinio sobre qué puede pasar en este decisivo próximo año para la historia de Catalunya. Habida cuenta de su insistente rechazo a la independencia, lo más probable es que Duran i Lleida, el líder de Unió, rompa su coalición con la Convergència de Mas si este partido incluye en su plataforma electoral la declaración unilateral de independencia (DUI en la jerga de los frikis politizados catalanes).

El problema de las plebiscitarias es que probablemente ofrecerá un resultado tan poco concluyente como una referéndum de secesión con tres posibles respuestas. ¿Qué haríamos si la independencia obtiene el 45% de los votos, la “tercera vía” (o Estado confederal) el 30% y el estatus quo el 25%? Un auténtico rompecabezas político. Y me parece que ese mismo será el resultado que ofrecerán las elecciones plebiscitarias.

Dudo mucho que las tres formaciones abiertamente independentistas, Convergència sin Unió, ERC y las CUP puedan obtener la mayoría absoluta en el próximo Parlament. No es imposible, pero creo que es improbable en base a las encuestas, a los resultados del 2012 y a mi olfato. No hay que olvidar que el apoyo a la independencia en las encuestas solo supera el 50% cuando no ofrece la opción federal o confederal. Es decir, cuando se debe escoger entre independencia o estatus quo.

Ahora bien, sí auguro que los independentistas constituirán el principal polo político del país. El segundo polo, lo formarían los “confederalistas” de Unió e los ecosocialistas de IC, y los “federalistas” del PSC-PSOE, con un porcentaje de voto que podría oscilar entre el 30 y el 35%. El último polo, el nacionalista español del PP i Ciutadans se quedaría con una cuota de alrededor del 20%.

Si el pronóstico es acertado, el mapa político catalán sería realmente endiablado. Y no sólo para resolver la cuestión de las relaciones con España, sino la tarea perentoria de gestionar el país. Con un Parlament fragmentado en al menos ocho partidos, y con los ejes izquierda-derecha e indepedentista-no independentista muy marcados, me cuesta ver una coalición de gobierno viable. Y más aún si ERC es el partido más votado. ¿Otro tripartito de izquierdas? Imposible el entente ahora entre ERC y PSC. ¿ERC y CIU? No suman los 68 diputados necesarios. ¿Unio, PP y Ciutadans? No suman tampoco.

Una probable salida a este embrollo político sería un retorno de Convergència a sus planteamientos confederalistas, con las famosas “estructuras de Estado” de Mas incluidas, y la consiguiente formación de un polo “confederal” junto con Unió, IC, y quizás el PSC. Sería una especie de reconstitución del debilitado centro político catalán que dejaría a los independentistas de ERC y las CUP y los españolistas de PP y Ciutadans en los extremos.

Ahora bien, esto nos retornaría al escenario del Estatut, con una mayoría política y social pidiendo una renegociación de los términos de relación con el Estado, si bien en esta ocasión las demandas catalanas serían más ambiciosas que en 2006. ¿Estaría la clase política española dispuesta esta vez a dar respuesta a las demandas catalanas? Para saberlo, habría que esperar a después de las elecciones generales del 2016. Llegaría entonces el tiempo de la “alta política”, y quizás la última ocasión para salvar la unidad del Estado español.

 

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