Los Hermanos Musulmanes afrontan una dura clandestinidad

El Cairo.-Inaugurada tras la Revolución egipcia, la que fuera flamante sede de los Hermanos Musulmanes en el distinguido barrio de la Moqattam es hoy un edificio abandonado, con las ventanas rotas y la fachada ennegrecida por el fuego. Sin embargo, sigue aún en pie, toda una metáfora del estado de la histórica organización islamista. Descabezada y diezmada, la Hermandad aún fue capaz de una demostración de fuerza el pasado viernes, sacando a la calle a decenas de miles de personas en El Cairo.

“Hemos vuelto a la clandestinidad, como en la era Mubarak. Estamos acostumbrados a funcionar así. No nos amedrenta”, dice Hassan al-Banna, un joven y comprometido miembro de la cofradía. Quizás ese era su destino desde que su padre lo bautizó con el mismo nombre que el fundador de la Hermandad como homenaje. Ilegalizada por Násser en 1954, la organización no salió de la sombras hasta el pasado mes de marzo, cuando se registró oficialmente como ONG.

Sin embargo, su nuevo estatus fue de muy corta duración. El pasado 23 de septiembre, un desconocido tribunal ordenó su disolución y la confiscación de sus bienes. Ahora bien, el Gobierno solo ha empezado a aplicarla recientemente, al ser ya considerada una sentencia firme. Además de retirar su nombre del registro de ONGs, ha creado un comité encargado de investigar sus activos, y gestionarlos una vez confiscados.

“Tras la sentencia, no ha cambiado nada. Fue a raíz del golpe que nuestras sedes fueron destruidas o las cerramos por miedo a que nos arresten. Las reuniones ahora se hacen en casas privadas”, explica Hassan, que se pasó 40 días en el campamento de Rabá al-Audawiya, y que aún conserva en su cabeza un bulto por una perdigonada recibida el día de su desalojo. “Nos arrestan arbitrariamente, nos golpean, nos disparan. Ya no sé qué más pueden hacernos”, añade.

No obstante, la Hermandad podría recibir un golpe inédito y durísimo si el Gobierno aplica el fallo judicial a la tupida red de organizaciones vinculadas indirectamente a la Hermandad, como hospitales, escuelas, y asociaciones caritativas. Son estas actividades sociales, realizadas durante décadas, las que le granjeraon su popularidad entre las clases más humildes, desamparadas por el Estado. Mubarak arrestaba de forma periódica a los líderes de la cofradía, pero nunca tocó unas organizaciones que descargaban al Gobierno de unos servicios que no asumía. Las anteriores olas de detenciones se solían limitar a unas pocas decenas de líderes, pero en la actual la cifra de arrestados podría superar los 6.000.

En sus declaraciones públicas, varios ministros se han mostrado dispuestos a meter mano a estas organizaciones. No obstante, numerosos juristas han advertido de los enormes obstáculos legales que afrontaría tal empresa. “Los miembros de la Hermandad [que poseen estas instituciones] tienen una personalidad jurídica diferente de la organización, y no se pueden confiscar sus activos sin una orden judicial concreta, se violaría la Constitución”, declaró el juez retirado Adel Faragaly al periódico al Shorouk.

Además, no existe un registro con los nombres de todos los miembros de la Hermandad. Por eso, no siempre es fácil identificar qué instituciones están asociadas a ella. La escuela Dar al-Hanan, en el barrio cairota de Faysal, es un buen ejemplo. “Muchos de alumnos no saben que pertenece a la cofradía. Yo me enteré cuando ya había inscrito mi hijo porque me lo dijo a una amiga de la Hermandad que estudió allí”, comenta Bássem Ejra. Cristiano y hostil al islamismo, escogió Dar al-Hanan por su calidad y cercanía de casa. “No creo que la cierren. Proporcionar educación es algo positivo. No tendría sentido”, añade.

Otra organización bajo la amenaza de la prohibición el Partido de la Libertad y la Justicia (PLJ), el brazo político de la cofradía, fundado en 2011. “El partido y la Hermandad somos dos cosas distintas. No tenemos miedo que nos ilegalicen porque somos el partido más votado”, asegura un portavoz. Sus oficinas, como su periódico, fueron selladas hace tiempo. “No hubo una orden judicial de clausura. No vivimos en un Estado de Derecho. Estamos como en la España de Franco”, asevera.

Los representantes del PLJ son reacios a revelar demasiadas informaciones sobre su funcionamiento interno actual, más allá de que sus cuadros medios evitan dormir en sus casas para evitar arrestos. Pero es indudable que el encarcelamiento de la cúpula ha perturbado seriamente el funcionamiento de una organización muy jerárquica. Como prueba de ello, el hecho de que dos líderes moderados publicado en su página web sendos artículos en los que pedían disculpas a la sociedad por los errores cometidos durante la presidencia Morsi, y apuntaban hacia una actitud más flexible. Unas horas después, un comunicado atribuía los textos a “opiniones personales”.

“Ahora, todas nuestras energías están puestas en la organización de manifestaciones, cuyo lugar de inicio sólo sabemos unas horas antes por cuestiones de seguridad”, afirma al-Banna. Ya hace años que la actividad política fue desplazando la prédica religiosa como prioridad de la organización, a diferencia de lo que sucedía en sus primeros años de existencia. Algunos expertos consideran que, a causa de la actual ola represiva, la Hermandad podría acabar optando por recluirse en sus actividades religiosas. Su futuro es más incierto que nunca.

Artículo publicado en EL PAIS el día 22-10-2013

One thought on “Los Hermanos Musulmanes afrontan una dura clandestinidad

  1. Me he quedado muy sorprendido a leer que la organización de los Hermanos Musulmanes estaba considerada como una ONG. Yo siempre, siguiendo la información de la prensa he pensado que la Hermandad tenía fines sólo políticos, y sigo opinando así, aunque tenga a su cuidado algunas escuelas, hospitales y asociaciones caritativas. Esta obra social la entiendo más como una manera de llegar a las clases bajas -que es lo propio de las ONG’s y en su caso, al mismo tiempo ganar adeptos. De todas maneras manifiesto que no encuentro bien tanto odio hacia la Hermandad, porque lo que se consigue es más odio hacia las otras facciones o ideologías políticas.

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