Egipto, atrapado en una espiral de violencia sin final a la vista

El Cairo.-Desde el golpe de Estado del 3 de julio pasado, en el que fue derrocado el presidente islamista Mohammed Morsi, Egipto parece atrapado en una espiral de violencia imparable. Decenas de personas murieron el fin de semana pasado, y se sumaron a las más de 1200 bajas en los últimos tres meses a causa de la violencia política.

La mayoría de las víctimas, por lo menos 54, murieron el domingo en el transcurso de una manifestación islamista duramente reprimida por la policía y el ejército. Unas horas después, dos nuevos atentados contra las fuerzas de seguridad, uno en la ciudad de Ismailiya y el otro en la península del Sinaí, se cobraron la vida de otras nueve personas.

Con el ejército y los Hermanos Musulmanes anclados en sus posturas, no hay señales de que la violencia vaya a amainar. La coalición antigolpista, formada por varios partidos islamistas, hizo un llamado a sus seguidores a movilizarse para intentar tomar la plaza Tahrir, la misma estrategia que desencadenó la brutalidad de la policía el domingo pasado.

Desde el golpe, las nuevas autoridades sellaron Tahrir, temerosas de que su ocupación por parte de sus adversarios islamistas pudiera imbuirles de la mística revolucionaria que aún desprende el epicentro de la revuelta que derrocó a Hosni Mubarak.

Aun teniendo sus líderes encarcelados y pesando sobre ella la amenaza de aplicar un veredicto judicial de disolución, los Hermanos parecen dispuestos a evitar a toda costa que se consolide la nueva realidad institucional promovida por el ejército. Incluso aunque ello represente la muerte de decenas de sus seguidores.

No obstante, aunque buena parte de la población ofrece un respaldo granítico al ejército, no parece que la cofradía pueda forzar la dimisión de las nuevas autoridades.

PATRIOTISMO

Por su parte, en la celebración oficial del 40º aniversario de la “victoria” de Egipto en la guerra de 1973 contra Israel, el ministro de Defensa y verdadero hombre fuerte del régimen, Abdul Fatah al-Sisi, volvió a apelar al patriotismo de sus conciudadanos y justificó sus posiciones en la “lucha contra el terrorismo”.

En su discurso no hubo ningún guiño a la reconciliación nacional que promueven algunos actores externos, como la Unión Europea. Catherine Ashton, la máxima autoridad de la política exterior de ese bloque, se reunió la semana pasada con los principales dirigentes políticos, pero no pudo desencallar un conflicto cada día más enquistado.

A pesar de la indudable influencia de los militares en la escena política egipcia, el país está gestionado por un gobierno civil interino. Sus máximos representantes insisten en relativizar la gravedad de la violencia y sus mensajes se centran en el avance de la hoja de ruta de la transición, que establece la pronta redacción de una nueva Constitución y la celebración de elecciones.

“La anterior Constitución no recogía ningún mecanismo para convocar elecciones anticipadas o destituir al presidente. No quedó más remedio que hacerlo con la ayuda de los militares”, dijo Nabil Fahmi, el canciller, en un encuentro reciente con la prensa hispanohablante, incluida LA NACION.

“Entiendo que esto se vea con prevención en América latina, habida cuenta de la historia de la región. En todo caso, ahora tenemos que mirar hacia el futuro. Estamos construyendo un país libre y democrático”, añadió.

Los detractores del gobierno egipcio apuntan que el nuevo tiempo político representa una simple reconstrucción del Estado policial de la era Mubarak. Si bien es cierto que existen hoy muchas similitudes con aquel sistema, como la imposición del estado de emergencia o la conversión de los Hermanos Musulmanes de nuevo en el enemigo público número uno, también existen algunas diferencias importantes.

La principal es que buena parte de las fuerzas liberales y organizaciones juveniles revolucionarias, como el movimiento Tamarod (Rebelión), forman parte de la nueva elite gobernante. La gran pregunta es cuánto tiempo aguantarán si continúan las medidas represivas contra la oposición.

Precisamente ésa fue la razón por la que dimitió el Premio Nobel de la Paz Mohammed el-Baradei, uno de los símbolos de la revolución.

Artículo publicado en La Nación el día 11-10-2013

One thought on “Egipto, atrapado en una espiral de violencia sin final a la vista

  1. A mí lo que me sorprende es el poco valor que dan a la vida, o mejor dicho como están tan ciegos al unir religión y política y como consecuencia lo que les importa es intentar que todo el mundo piense como ellos, en este caso como los islamistas. Y es que casi 1.300 personas fallecidas a causa de la violencia, son muchas vidas truncadas, en las que hay gran cantidad de inocentes que ni les iba ni les venía la confrontación armada. Y de ahí se derivan familias destrozadas, jóvenes y niños con secuelas psíquicas y físicas para toda la vida… No debemos perder la esperanza de un futuro mejor, pero ni las mediaciones que han intentado colaborar en el asunto han obtenido ningún resultado positivo.

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