Agresiones sexuales, la cara oculta de Tahrir

La Plaza Tahrir volvió a ser la protagonista de las portadas de los periódicos de medio mundo. En su cobertura, se destacaba el tono festivo y optimista de las movilizaciones más multitudinarias y coloridas desde la revolución. Sin embargo, para varias docenes de mujeres, la icónica plaza fue el escenario de una auténtica pesadilla. Hasta 91 mujeres fueron agredidas sexualmente en las concentraciones de los últimos días, según Human Rights Watch.

“El domingo fue el peor día. Se batió el récord de agresiones sexuales desde que empezamos nuestra labor. Pudimos rescatar a varias mujeres, pero no a todas”, comenta a EL PAIS Zeinab Sabet, una valiente voluntaria de la ONG Tahrir Bodyguards, un grupo que proporciona información al respecto, cursos de autodefensa, y también protección sobre el terreno. El llamado “30-J”, otras 4 mujeres y 7 hombres se dedicaron a patrullar Tahrir con cascos y chaquetas amarillas, su sello distintivo. La asociación, que se coordina con otras tres ONGs con unos mismos objetivos, cuenta con un apartamento en la misma plaza, donde las mujeres atacadas reciben las primeras atenciones.

El acoso sexual es una auténtica epidemia en Egipto, de la que sólo en los últimos tiempos una buena parte de la sociedad ha empezado a tomar conciencias. Una agencia de la ONU publicó el pasado mes de abril un estudio que ofrecía unas cifras escandalosas: un 99,3% de las mujeres encuestadas aseguraba haber sufrido alguna vez algún tipo de acoso sexual, entendido como seguimientos, mensajes lascivos, tocamientos, o en los casos más graves, violación.

Desde hace meses, Tahrir se ha convertido en un foco especialmente peligroso, sobre todo en las manifestaciones, cuando la plaza está más concurrida. “El área no es segura. Recomendamos abandonarla, si es posible”, rezaba un tweet de Tahrir Bodyguards el domingo. Las agresiones en la plaza presentan unos patrones peculiares, diferentes de los que se registran en otros lugares de la capital, lo que ha llevado a muchos activistas a creer que están orquestados.

“Los ataques son siempre protagonizados por una turba, que a veces puede llegar a incluir más de 100 hombres. La acción se suele iniciar cuando un grupo de unos 15 hombres consigue rodear a la chica y separarla de sus acompañantes”, cuenta Zeinab. Según esta joven voluntaria, enseguida se forman diversos corros de hombres. El primero, arrastra la mujer por el suelo, la golpea, la desnuda, y la asalta sexualmente. El segundo y tercer grupo se encarga de que nadie se acerque. Si algún manifestante se acerca para ayudar, le dicen que son amigos, o familiares de la chica, y que ya están haciendo todo lo posible por rescatarla. No obstante, la mayoría de las veces no es cierto.

Para las víctimas, el órdago puede durar desde unos pocos minutos, hasta cerca de una hora. Y las consecuencias desde el punto de vista de la salud física o psicológica, son severas. Por ejemplo, una joven periodista extranjera fue violada el viernes con un objeto punzante y tuvo que ser intervenida de urgencia. La impunidad de los agresores es absoluta, ya que, desde noviembre, la policía desaparece de la plaza ante el temor que su presencia se interprete como una provocación que lleve a enfrentamientos violentos.

“Es una operación tan sofisticada que es difícil de creer que sea espontánea, o que responda sólo a los instintos sexuales de unos jóvenes frustrados. ¿Por qué no suceden en otros puntos de la ciudad? ¿Por qué solo cuando hay manifestaciones”, sostiene Zeinab, que está convencida que hay una motivación política detrás de la campaña de asalto. Su objetivo: disuadir a las mujeres de que participen en las movilizaciones, reduciendo su volumen de forma considerable. De ahí que en Tahrir Bodyguard se hable de “terrorismo sexual”.

El problema se convirtió en un arma política, cuando algunos miembros de los Hermanos Musulmanes utilizaron las agresiones para desacreditar a la oposición. “No nos creemos la repentina preocupación de la Hermandad y la presidencia por la integridad de las mujeres … todos sabemos su posición respecto a la igualdad y a sus derechos”, replicó en un comunicado OASH, otra organización que lucha contra esta lacra, y que recordó el apoyo de los islamistas a la mutilación genital femenina.

Articulo publicado en El PAIS el dia 4-07-2013

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