Masivas protestas en Egipto lanzan la revolución 2.0

Más de dos millones de personas salieron ayer a las calles de las principales ciudades de Egipto para expresar su deseo de que el Presidente Mohamed Morsi dimita y se celebren elecciones presidenciales anticipadas.

La oposición egipcia alcanzó su primer objetivo: una movilización masiva y pacífica, y la visualización de un cambio de mayoría social en un país que hace sólo un año escogió -por primera vez en su historia- a su presidente en las urnas. Sin embargo, fuentes médicas y autoridades confirmaron, según la agencia Ansa, que al menos siete personas murieron y otras 600 resultaron heridas en las manifestaciones.

Fue muy claro el mensaje de las masas al Ejército, la institución más poderosa del país, y a Estados Unidos, su aliado estratégico más importante y del cual recibe anualmente más de US$ 1.300 millones. Ahora se abre un período de incertidumbre sobre el futuro de Egipto, que dependerá de los movimientos que realicen durante los próximos días los diversos actores políticos. Mientras, toda la región, convulsionada a raíz de la Primavera Arabe, observa con atención la partida que se desarrolla en su país más poblado.

El Cairo vivió ayer un clima excepcional, que recordó mucho el experimentado hace dos años y medio, cuando asombró al mundo entero al deshacerse en sólo dos semanas del férreo dictador Hosni Mubarak. Por la mañana, los comercios estaban cerrados y apenas se veían automóviles, ya que la mayoría de las empresas dieron un día de fiesta a sus empleados. La bulliciosa capital parecía una ciudad fantasma. No obstante, el panorama cambiaba completamente al acercarse a los dos centros neurálgicos de las protestas: el palacio presidencial de Ittihadiya y la mítica plaza Tahrir, protagonista, una vez más, de un momento histórico. “Tamarrud”, el grupo de jóvenes que ha liderado las protestas, organizó nueve manifestaciones que salieron de varios puntos de la ciudad y convergieron en Tahrir o en el palacio. “Tamarrud” (rebelión en árabe) asegura haber recogido más de 22 millones de firmas para “retirar la confianza a Morsi”.

A pesar de que se temía una jornada violenta, las marchas transcurrieron en mitad de un ambiente festivo. En ellas participaron muchas mujeres y familias con niños. La mayoría de los manifestantes sostenían en sus manos el objeto que se ha convertido en el símbolo de estas protestas: una tarjeta roja donde está impreso “Irhal” (¡Vete!).

“El gobierno de los Hermanos Musulmanes ha sido un desastre. La economía cada día está peor, no tenemos gasolina en las bencineras, los cortes de electricidad son cada vez más largos… No podemos esperar tres años más”, comentaba Ahmed, un electricista que se acercó a Tahrir con dos amigos, cada uno con su tarjeta roja. En la boca de la plaza, un gran cartel daba la bienvenida a los manifestantes: “Prohibida la entrada a los Hermanos Musulmanes”. Tahrir se convirtió ayer en un mar de banderas egipcias. Siguiendo las consignas de los organizadores, no hubo íconos de partidos políticos o movimientos sociales.

La escena era semejante en el palacio presidencial, situado en las afueras de El Cairo, si bien los manifestantes eran de una clase social más alta. Los días previos, el Ejército erigió muros cóncavos de cemento en todas las calles adyacentes al recinto, impidiendo la aproximación a la entrada. No obstante, los manifestantes no mostraban interés alguno en asaltar Ittihadiya. “Esta es una manifestación pacífica; ellos, los Hermanos, son los violentos”, decía Sara, una ingeniera que trabaja para una multinacional de la informática. “No marcharemos hasta que Morsi dimita”, añadió.

A menos de un kilómetro, frente a la mezquita de Rabá al-Audawiya, se concentraban varios miles de militantes islamistas, que han ocupado de forma ininterrumpida la zona para expresar su apoyo a la “legitimidad democrática” del Presidente Morsi. Según fuentes presidenciales, el rais, así como los líderes de los Hermanos Musulmanes, siguieron con atención la jornada. Pese al éxito de las marchas, no ofrecieron ningún tipo de concesión. Su posición es también clara: es en las urnas, y no a través de protestas, donde se eligen los dirigentes de un país.

Con ambos bandos empeñados en no ceder, no se ve una salida obvia al enésimo conflicto de la turbia transición egipcia. Su lucha no es sólo por el poder, sino también para modelar la sociedad y sus instituciones de acuerdo con dos modelos opuestos.

Publicado el 1-7-2013 en La Tercera

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