El presidente Morsi no tiene quien le escuche

220px-Mohamed_Morsi_croppedEn los últimos tres días han tenido lugar los peores enfrentamientos sectarios desde la elección del presidente egipcio Mohamed Morsi. El sábado, cinco personas -cuatro cristianos y un musulmán- murieron en la ciudad de Khosous, a los que se añadieron dos víctimas más al día siguiente, en las inmediaciones de la catedral de San Marcos, en El Cairo. Un grupo de jóvenes, probablemente del barrio, se enzarzó en una batalla campal contra los fieles, sin que la policía fuera capaz de separarlos.

“Cualquier agresión contra la catedral es una agresión contra mí”, dijo anoche el raïs al papa Tawadros II en una conversación telefónica. Además, el raïs se comprometió a proteger a los fieles, y a llevar a cabo una investigación sobre los hechos para castigar a los culpables.

Las palabras del presidente podrían sonar bien. Sin embargo, dentro de la catedral, los jóvenes coptos respondieron con gritos contra los Hermanos Musulmanes, el movimiento en el poder. De hecho, no sólo los coptos, ya nadie en la oposición se cree las palabras de Morsi más allá de sus acólitos. Tras nueve meses en el palacio de Ittihadia, sus discursos se han tornado irrelevantes.

No es de extrañar la desconfianza que despierta el mandatario, pues posee una extraña habilidad para combinar nobles palabras con acciones mezquinas. Morsi proclama su apoyo a la revolución, pero no reforma el represivo ministerio del Interior y llama “gamberros” a los manifestantes; declara su respeto a los fallos judiciales, pero no aplica el que le obliga a cesar a su fiscal general por haberlo nombrado de forma ilegal; promete garantizar la libertad de expresión, pero permite que su fiscal general impute a un célebre cómico por burlarse de él.

El presidente ha dilapidado su capital político a la velocidad de la luz. En otoño, al concluir sus primeros 100 días al mando del gigante árabe, cerca de un 80% de la población aprobaba su labor. Había la voluntad sincera de una parte de la ciudadanía que votó a su rival en las elecciones, Ahmed Shafiq, de darle una oportunidad. Sin embargo, la ha desaprovechado estrepitosamente. Según una reciente encuesta, su popularidad apenas llega al 40%.

Egipto atraviesa un periodo de creciente polarización que no augura nada bueno para el futuro de la transición democrática y la Revolución del 25 de enero. Quizás algún día Morsi se dará cuenta que no puede gobernar el país solo con el apoyo de la Hermandad, y querrá tender de verdad puentes a la oposición. Le costará mucho conseguirlo porque ha perdido toda su credibilidad entre la oposición. El presidente no tiene quien le escuche.

One thought on “El presidente Morsi no tiene quien le escuche

  1. Realment ha defraudat als egipcis que no són del seu partit, i a la resta de persones que seguim les notícies d’aquest país i en general de tots els que volen estrenar democràcia, perquè el seu mandat, almenys fins ara, com bé dius tu, és un seguit de contradiccions.
    El que sap més greu és que, mentre ell i els alts càrrecs del seu govern i de part de l’exèrcit tenen molts recursos econòmics, la majoria de la població està sense feina i desmoralitzada, ja que no es veu un gir polític que generi llocs de treball o fomenti el turisme, al contrari, quants més aldarulls i baralles hi ha, els possibles turistes que tenen interès per conèixer aquestes terres mil.lenàries i les seves arrels culturals i històriques, més por tenen de venir a fer-hi estada. I com sempre els que paguen els plats trencats són els més pobres.

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