Análisis: Chipre, de paraíso a centro del pánico europeo

Nicosia.-No hay respiro para los políticos europeos, que durante los últimos dos años van saltando de crisis en crisis financiera. La República de Chipre es ya el quinto país que llama a la puerta de las instituciones comunitarias en busca de un rescate, siguiendo los pasos de Grecia, Irlanda, Portugal y España. Incluso se ha llegado a plantear abiertamente su salida del euro. Sin embargo, la crisis no es sólo financiera, sino que tiene ramificaciones políticas y geostratégicas.

El colapso de Chipre ha pillado por sorpresa a la opinión pública del continente. Hasta hace un par de semanas, era sinónimo de playas y buen clima. La isla estaba fuera del radar de la crisis debido a su reducido tamaño: posee sólo 1,1 millones de habitantes y su PIB representa el 0,2% de la Unión Europea (UE). No obstante, el estado de ánimo de los mercados financieros es tan fragil, que una simple señal en un rincón de la angustiada Europa, puede generar una ola de pánico, y una estampida de capitales.

Los fondos necesarios para salvar a Chipre son migajas comparado con los millones vertidos en Grecia. Sin embargo, ya en plena precampaña, la cancillera Angela Merkel no quiso explicarle al panadero de Viena que debe rascarse de nuevo el bolsillo por “el comportamiento irresponsable de un vecino sureño”. La fórmula para recaudar los fondos fue inédita, y violó una regla de oro de la zona euro: la garantía plena de los depósitos por debajo de los 100,000 euros. La noticia provocó sudores fríos en los países ya bajo la el paragüas asistencial de la UE, como España, o liderando la fila de los próximos “rescatados”, como Italia.

Tanto para la UE como para Chipre la crisis es sobre todo económica, pero no sólo. Vuelve a cuestionar de nuevo el proyecto común europeo. Tras rechazar el Parlamento chipriota las draconianas medidas pactadas con Bruselas, Nicosia empezó a flirtear con Rusia. Todo un “dribbling” que sugería una reorientación geostratégica hacia oriente. Y es que el gobierno ruso se encuentra indirectamente afectado por la crisis: sus ciudadanos poseen el 30% de los depósitos en los bancos chipriotas. A la segunda ciudad del país, Limassol, se la conoce ya como “Limagrad”.

Además, la petición de ayuda le ofrecería a Moscú una oportunidad para recargar su arma de presión preferida en sus relaciones con la UE: sus reservas de gas natural, mineral imprescindible para la economia de continente sediento de combustible. Recientemente, se han descubierto yacimentos de gas en la costa chipriota. En octubre, se realizará una prospección definitiva para conocer exactamente su cuantía, y se calcula que su explotación estará disponible a partir de 2018.

Finalmente, la “finta rusa” resultó una mala mano para Nicosia en su partida de póker con la llamada troika de acreederos (FMI, Banco Central Europeo y FMI). Moscú no sólo rechazó conceder un préstamo, sino enviar dinero en forma de inversiones. Una de las principales razones es el litigio aún abierto entre Chipre y Turquía para delimitar sus agüas territoriales que, probablemente, se acabará decidiendo en los tribunales. Tras la invasión turca en 1974, la isla está dividida en dos partes: el norte, turcochipriota, bajo el control de Turquía, y el sur, independiente y grecochipriota.

Para Chipre, en juego está su prosperidad adquirida. El país creció un 4% en la última década gracias a la flamante aparición de un nuevo sector: el financiero. Con un modelo basado en los bajos impuestos y la libertad de capitales, se convirtió en una especie paraíso fiscal dentro de la Unión que atrajo las inversiones de miles de rusos. O mejor dicho, según la UE, se tornó una máquina de lavar dinero negro. Actualmente, los activos de sus bancos multiplican por 7 el PIB país, algo imposible sin las grandes fortunas de fuera.

Precisamente, la UE quiso que fueran sobre todo ellas quienes pagarán la factura de la crisis. En un primer momento, la clase política chipriota se negó en redondo. Esta opción representaba el fin de su modelo de éxito, aún inmaculado gracias a la narrativa victimista imperante en los medios del país que atribuye la crisis a la “voracidad de los poderosos”.

Sin embargo, en las últimas horas, y tras las calabazas provinientes de Rusia, a los políticos no les ha quedado más remedio que aceptar el órdago de Bruselas. Ayer aprobaron de corrido nueve leyes que establecen un “corralito” permanente y redimensionan el sector bancario. En unos minutos, se esfumó el paraíso. La pregunta que se hacen los chipriotas es cuán dura y profunda será la recesión. Dentro o fuera del euro, saben que se acabaron los días de vino y rosas.

Artículo publicado en La Nación el 24-03-2013

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