Obama en Oriente Medio II

Barack Obama empezó su singladura internacional como presidente electo para un segundo mandato presidencial de la misma forma que cuatro años antes: con una gira por el sudeste asiático. El mensaje simbólico de su elección no pasó desapercibido: su voluntad de reorientar el foco de la política exterior de EEUU del avispero de Oriente Medio hacia el Extremo Oriente, una región ascendente que considera clave para el siglo XXI.

Sin embargo, lo más probable es que Oriente Medio vuelva a ser la zona del mundo que más reclame la atención del presidente estadounidense, y más quebraderos de cabeza le provoque en su segundo mandato. De hecho, apenas unos días antes de iniciar su gira asiática, Gaza entró en erupción, toda una advertencia y un presagio.

La reelección de un presidente sugiere siempre visos de continuidad en la política exterior de un país. En el caso de Obama esta intuición se ve reforzada por el hecho de que la política exterior no ocupó un lugar central en la campaña electoral, ni fue el blanco principal de las críticas de la oposición. Ahora bien, cabe una salvedad: la casi segura renuncia de Hillary Clinton.

Hillary es una mujer con una fuerte personalidad, y ha dejado su huella en la política exterior del país. No obstante, la toma de decisiones en la Casa Blanca en materia exterior sigue un procedimiento colegiado y deliberativo. Obama no sólo tiene la última palabra, sino que posee un conocimiento de la realidad internacional que le permite tener una visión propia. De ahí que la marcha de Hillary se traduzca probablemente en un cambio de formas más que de fondo, al menos en las cuestiones de gran calado.

Ante un acontecimiento tan inesperado y transformador como la Primavera Árabe, el presidente de EEUU optó por adoptar una actitud prudente, que se traduce en una reevaluación constante de su posición en función de la evolución de la realidad sobre el terreno. Atrás quedó el ambicioso discurso que Obama pronunció en la Universidad de El Cairo en 2009, en el que prometía abrir una nueva página en las relaciones entre EEUU y Oriente Medio. La política estadounidense no es proactiva, sino completamente reactiva, a remolque de los acontecimientos en una región en mutación constante.

Precisamente, ésta ha sido la gran crítica de la oposición republicana a su gestión en este ámbito. En parte, la posición de los conservadores estaba motivada por el electoralismo, como se pudo apreciar en el debate de política exterior entre Obama y Romney. El presidente no ofreció apenas nuevas ideas, pero su adversario tampoco lo hizo. El aspirante republicano tan sólo se desmarcó tímidamente del presidente al defender armar a los rebeldes sirios.

La poca audacia de Romney pone de manifiesto una percepción que ha ido calando en la región: el margen de maniobra de Washington cada vez es más limitado. La Primavera Árabe no ha hecho sino intensificar y evidenciar esta dinámica. Los nuevos regímenes, pero incluso también los más longevos, se ven más obligados a canalizar diplomáticamente el sentir de la ciudadanía. Egipto es un buen ejemplo de ello. A pesar de que el presidente Morsi necesita la ayuda de Occidente para reflotar la maltrecha economía, ha ofrecido notables muestras de su independencia respecto a Washington, como el envío de su primer ministro a Gaza en plena crisis con Israel.

Obama es consciente de esta nueva dinámica, y también de que no hay vuelta atrás al viejo orden. De ahí su disposición a trabajar con el islamismo moderado vencedor de las elecciones de Túnez y Egipto. Más que el reflejo de un postulado ideológico, su posición es fruto de la necesidad. Esto no significa un abandono de los intereses nacionales de EEUU, ni cabe esperar un giro de 180 grados en el enfoque tradicional de Washingon, como muestra el silencio cómplice ante la represión de la oposición en Bahrain, y el apoyo explícito e incondicional a Israel.

Segmento de un artículo co-escrito con Enrique Rubio publicado el núm. 36 de Afkar.

One thought on “Obama en Oriente Medio II

  1. Excelente artículo, muy claro, y por lo que se desprende de él los periodistas son grandes conocedores de la política exterior estadounidense y de los países árabes. Me quedo con ganas de leer el artículo completo.

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