Una marea islamista refuerza Morsi ante el referéndum constitucional

Egipto ha experimentado este fin de semana un pulso en las calles de su capital entre las fuerzas islamistas y las laicas, antesala del escenario que probablemente se producirá en el referéndum constitucional, que este sábado el presidente Mohamed Morsi ha convocado para el próximo día 15. Después de que la oposición llenara a rebosar la plaza de Tahrir este viernes, hoy ha sido el turno de los islamistas. Más de 100.000 personas respondieron a la convocatoria de los Hermanos Musulmanes en la explanada frente a la Universidad de El Cairo para expresar su apoyo a Morsi, cuyos últimos movimientos han desatado la enésima crisis política de la atribulada transición egipcia.
A primera hora de la tarde, todos los accesos a la universidad ya se encontraban colapsados, y seguían llegando marchas provenientes de varios puntos de la ciudad al grito de “el pueblo quiere la aplicación de la sharía”. Docenas de autobuses alineados en los márgenes de la explanada y con matrículas de distintas provincias del país daban fe de la movilización islamista. En la demostración de fuerza de ayer, convocada bajo el lema “legitimidad y sharía”, se unieron los Hermanos Musulmanes y las corrientes salafistas, una rama ultraconservadora del islam.
“La mayoría del pueblo está con el presidente Morsi. Sus acciones eran necesarias para apuntalar la revolución”, apuntaba Tarek Munir, un ingeniero que se declara simpatizante de la Hermandad. Por encima de la marea humana se elevaban banderas de Egipto, carteles con la fotografía de Morsi, y banderas negras con una inscripción en blanco de la profesión de fe del islam, enseña que utilizan algunos grupos islamistas radicales. El ambiente festivo que rodeaba la marcha se vio solo alterado por la caída de un árbol, provocando la muerte de una persona y heridas a otras 15.
La última crisis de la transición egipcia tiene sus raíces en la decisión del presidente Morsi del pasado 22 de noviembre de firmar un decreto con rango de declaración constitucional en el que se arroga unos poderes cuasi absolutos, y blinda la Asamblea Constituyente de una probable disolución por parte del Tribunal Constitucional. Desde entonces, el raisislamista ha reiterado en varias ocasiones, la última anteayer en una entrevista televisiva, que no pretende eternizarse en el poder, y que la medida tiene un carácter temporal. “Su validez terminará pronto, cuando se apruebe la Constitución. No hay lugar para una dictadura”, afirmó el mandatario.
Tras un amago de buscar una salida negociada al conflicto, Morsi y su movimiento político, los Hermanos Musulmanes, optaron por acelerar el proceso de redacción de la nueva Carta Magna. En una sesión maratoniana, la Asamblea Constituyente aprobó la madrugada del viernes el borrador final. La mayoría de representantes laicos se había retirado del comité acusando a la mayoría islamista de imponer sus tesis. Según las organizaciones de derechos humanos, el texto presenta algunas mejoras respecto a la Constitución de 1971, pero no ofrece suficientes garantías de libertad de expresión y de culto.
El movimiento de la Hermandad sitúa a la oposición laica en una posición difícil, entre la espada de una Carta Magna de corte islamista y la pared de un decretazo que otorga a su adversario “poderes faraónicos”. Sin embargo, en la manifestación del viernes sus líderes se mostraron desafiantes, una actitud compartida por las asociaciones de la judicatura. Muchos jueces se han declarado en huelga y amenazan con no supervisar el referéndum constitucional. Una delegación de la Asamblea Constituyente se reunió este sábado con Morsi para entregarle el borrador final de la Constitución, y el presidente aprovechó la ocasión para anunciar el día de celebración del referéndum.
La Hermandad atesora argumentos para el optimismo. En las cinco ocasiones que los egipcios han sido convocados a las urnas tras la revolución, los islamistas han resultado vencedores. Ahora bien, el margen de su victoria ha ido reduciéndose en cada contienda. Morsi solo recibió en las presidenciales el 51% de los sufragios, y muchos analistas apuntan a una erosión de su popularidad desde entonces. Próximamente, el pueblo emitirá su veredicto. Lo que no está nada claro es que, como en las anteriores ocasiones, las urnas sirvan para aplazar las disputas y encauzar el país hacia la estabilidad.

Artículo publicado en El PAIS el 2-12-2012

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