La Primavera Árabe sacude el conflicto en Palestina

Durante meses, la geografía de la Primavera Árabe parecía ignorar el conflicto palestino. Mientras el centro de El Cairo y Túnez hervían, y estallaba la violencia en Libia y Siria, el punto más caliente del planeta durante las últimas décadas parecía frío como un témpano de hielo. Sin embargo, era pura apariencia. Si bien la erupción de Gaza no está directamente relacionada con la ola de cambio en el Mundo Árabe, ésta sí ha alterado las constantes del contencioso más intrincado.

La victoria de Hamás en las elecciones del 2006, y su posterior control absoluto de la franja, fue acogido por la Casa Blanca de George Bush con un duro bloqueo tanto económico, como político. Ante el ostracismo al que le sometieron las autocracias árabes, a Hamás no le quedó otro remedio que reforzar su alianza con Teherán. En todos estos años, las penurias se han cebado sobre los habitantes de Gaza, sin provocar el esperado levantamiento popular contra la formación islamista. Sin embargo, la seguridad de Israel parecía más fuerte que nunca.

Este panorama empezó a cambiar de forma subliminal tras las revueltas árabes, pero no ha sido hasta el actual estallido violento que se ha hecho evidente. El gran beneficiado de la Primavera Árabe ha sido el islamismo moderado, representado por los Hermanos Musulmanes, partido de gobierno en Egipto, y alma mater de Hamás.

De ahí que no sea sorprendente la visita a Gaza del primer ministro egipcio, Hisham Kandil, que ha proporcionado una estocada de muerte a la política de aíslamiento de Hamás patrocinada por Washington. Y es que tras el anuncio de El Cairo, al gobierno islamista de Túnez le faltó tiempo para enviar a Gaza a su propio representante. Unas muestras de solidaridad que representan una gran victoria polítíca para Hamás, y una advertencia hacia Israel. Sus ofensivas contra los palestinos, como la del 2008, encontrarán una respuesta más contudente de los países árabes, algo que puede modificar la ecuación política del conflicto.

Afectados por serios problemas económicos, es impensable que los Estados árabes se impliquen militarmente en el conflicto. De la mano de Washington, Israel continuará gozando de la supremacía absoluta en el ámbito militar. Ahora bien, la rehabilitación internacional de Hamás, unido al desprestigio del “raïs” palestino, Mahmud Abbas, obligará a la comunidad internacional a repensar su enfoque sobre el conflicto, y a idear un nuevo marco de negociaciones para alcanzar la paz. La confusión que provoca una región en mutación constante no permite ahora mismo una visión clara de su perfil futuro. Pero de lo que no hay duda es que también en la cuestión palestina no hay vuelta al viejo orden.

Artículo publicado en La Tercera el día 17-11-2012

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