Tres posibles escenarios para las relaciones Catalunya-España

El mismo día y a la misma hora que este corresponsal se encontraba en una concentración salafista frente a la embajada estadounidense de El Cairo, centenares de miles de personas (¿un millón? ¿un millón y medio? ¿600.000?) desbordaban el Passeig de Gràcia de Barcelona en la mayor manifestación de la Historia de la democracia para pedir la independencia de Catalunya.

Sinceramente, no creo que las exiguas “manifestaciones de la ira” en el mundo islámico representen un punto de inflexión en la región, sino simplemente un capítulo más en el intento de unos grupos radicales por erigirse en los defensores del Islam, y de pasada, intoxicar las relaciones con Occidente. En cambio, la manifestación de Barcelona sí me parece histórica, y que marca un cambio de tendencia.

Mucho y bueno se ha escrito ya sobre las causas del “malestar catalán” estos días, -por ejemplo, el artículo de Milagros Pérez Oliva en El PAIS-, así que no me repetiré. Lo que, en cambio, no está nada claro es cómo acabará este último drama ibérico de alto voltaje. La incertidumbre que domina a analistas y periodistas es lógica, pues creo que ni los principales protagonistas de la obra, Mas y Rajoy, saben a dónde les llevará las sacudidas de una Historia que ha entrado en un periodo de real aceleración.

Dicho esto, puede ser interesante especular sobre los posibles escenarios que se abren ante nosotros. Bajo mi punto de vista, son tres. A cual de ellos más improbable. Ahí van:

-Una “conllevancia” erosionada: Es el escenario más parecido al status quo de las últimas tres décadas. Tras concluir que ni España es suficientemente fuerte como para asimilar la identidad catalana, ni Catalunya lo es para independizarse, el ex presidente del Gobierno español, Felipe González, definía las relaciones entre los dos territorios como basadas en la “conllevancia”. Recurriendo a la manida metáfora del matrimonio, Catalunya y España serían como una pareja que no se quiere, pero a la que unen intereses demasiado potentes como para divorciarse. Simplemente, se soportan.

Esta, obviamente, es la opción preferida por Rajoy y Rubalcaba, que ha propuesto recuperar algunos puntos del Estatut, e introducir cambios en el sistema de financiación. Es decir, más de los mismo. No obstante, las coordenadas han cambiado, y la desconfianza ente cónyuges se ha multiplicado. Más que tolerarse, Catalunya y España se convirtirían en la típica pareja que se pasa el día como el perro y el gato. Este escenario sería consecuencia del fracaso del nacionalismo catalán a la hora de movilizar a la ciudadanía en favor de su proyecto, con o sin referéndum de autodeterminación. 

-La vía confederal: Esta había sido siempre el encaje ideal en España para los partidos mayoritarios del nacionalismo catalán y vasco. De hecho, era solución que propugnaba el malogrado plan Ibarretxe. Es decir, un reconcimiento pleno de la identidad nacional de Catalunya y de su derecho a la soberanía. A nivel institucional, este se traduciría en una Generalitat con muchos atributos estatales (Hacienda y poder judicial propio, por ejemplo), y con una relación bilateral con el Estado, al que cedería unas pocas competencias, como relaciones exteriores y defensa.

Este escenario implica una reinvención profunda del concepto secular de España, con modificación de la Constitución incluido. De momento, más allá de Izquierda Unida, PP y PSOE no parecen ni tan siquiera abiertos a discutir esta opción, la única que podría dividir a quienes se manifestaron el 11-S, debilitando el independentismo catalán. ¿Podría realmente esta vía conseguir un encaje estable de Catalunya en España, por primera vez en 300 años?

La única posibilidad para que se materializara este escenario sería que CIU arrasara las próximas elecciones, y que a PP y PSOE les entrara el miedo en el cuerpo. Sólo si consideran la independencia como probable, los dos grandes partidos estatales se podrían replantear la esencia del Estado.

-La indepedencia: Conseguirla requerirá que el nacionalismo catalán, abanderado por el presidente Mas, es capaz de pilotar con pericia un camino lleno de minas. Sin embargo, mal que le pese a Don Juan Carlos I, no es una quimera. La distancia emocional entre las opiniones públicas catalana y española crece a un ritmo vertiginoso, y aún cuando poderosos sectores del empresariado catalán y español intentarán apretar los frenos, no está nada claro que lo consigan. En España, las tendencias centrífugas y centrípetas se retroalimentan, y se amplifican. Ahora bien, no está claro que la mayoría clara a favor de la independencia que apuntan las encuestas, se tradujera en una victoria del “sí” en un referéndum.

Una cuarta opción, la del uso de la fuerza para aplastar las reivindicaciones catalanas, no entra dentro de mis cálculos. Lo ha pedido Rosa Díez, invocando el artículo 155 de la Constitución, pero Rajoy sabe que es inviable. Esa fue la respuesta del Gobierno central ante otras rebeliones nacionales catalanas, la del president Companys en 1934, proclamó la República Catalana y terminó entre rejas. Sin embargo, en pleno siglo XXI, y con la UE como superestructura que todo lo domina, cualquier iniciativa que pase por el uso de la fuerza está condenada al más estrepitoso de los fracasos.

En estos momentos, identificar las probabilidades de cualquiera de estos tres escenarios se me antoja imposible. Sólo diré que, a mi juicio, el menos probable a corto plazo es la solución confederal. El resultado final de esta partida recién iniciada dependerá del acierto en sus decisiones de los principales protagonistas. Pero no sólo de ellos, si no también de la reacción de otros actores, sobre todo la Unión Europea. Y el nacionalismo vasco, que parece encaminado a obtener una gran victoria de aquí un mes, abriendo probablemente un nuevo frente para el Gobierno de Rajoy. Las costuras de la España del “café para todos” se están descosiendo …

One thought on “Tres posibles escenarios para las relaciones Catalunya-España

  1. En mi opinión, y basándome en las informaciones de la prensa y telediarios, más la macro- manifestación del día 11 de septiembre y ayer mismo por la tarde-noche, la imagen de la Plaça Sant Jaume llena esperando al President que llegaba de Madrid de entrevistarse con Rajoy, están pidiendo la “independencia” a todas luces. Tendrán que trabajar mucho nuestros políticos de la Generalitat, y hacerlo muy bien, cediendo quizá en algún punto, pero no concediendo que es distinto, pues los catalanes queremos el independentismo cuanto antes, y nuestros políticos ven que es una realidad, que estamos quemados y no podemos aguantar por más tiempo que desde el Gobierno central nos vacíen las arcas para hacer obras faraónicas en otras provincias o autopistas gratuitas, mientras en Catalunya tenemos que pagarlas.

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