La transición egipcia entra en su fase más confusa

Extracto de un artículo publicado en el útlimo número de la revista Afkar-Ideas 

“Para ser exitoso, un proceso de transición hacia un sistema democrático requiere por parte de sus protagonistas de una actitud flexible, y de la disposición a realizar concesiones políticas en aras del consenso. Desafortunadamente, este espíritu de unidad ha brillado por su ausencia en el periodo que se abrió con la renuncia de Hosni Mubarak, el 11 de febrero del 2011. La desconfianza no sólo ha marcado las relaciones entre la oposición a Mubarak y los miembros del antiguo régimen, sino también entre las propias fuerzas revolucionarias, sobre todo aquellas que si sitúan en campos opuestos dentro del eje islamismo-laicismo.

A medida que se acercaba la fecha decisiva de las elecciones presidenciales, y por ende, el final del periodo de transición, fueron aflorando a la luz pública las soterradas tensiones derivadas de la lucha de poder entre los principales actores del panorama político egipcio. En concreto, el pulso más relevante es el que libran las dos instituciones más poderosas del país, el ejército y los Hermanos Musulmanes, inmersas desde los años cincuenta en una vieja guerra por hacerse con las riendas de la nación árabe más poblada.

La alianza entre ambas instituciones tras la Revolución, que permitió aprobar la hoja de ruta de la transición a través de un referéndum popular, se mantuvo en los meses de noviembre y diciembre, mientras los jóvenes revolucionarios libraran una sangrienta batalla en los aledaños de Tahrir. Por miedo a que una escalada de los disturbios llevara a la cancelación de las elecciones parlamentarias, la cofradía se mantuvo al margen de los enfrentamientos, e incluso alguno de sus representantes llegó a ponerse del lado de la Junta Militar en la represión de los manifestantes.

Su pacto secreto, o simple alianza tácita, se empezó a torcer cuando fueron incapaces de encontrar un candidato de consenso a la presidencia del país. Su objetivo era escoger una figura neutral, y que fuera bien vista por ambos. Según se filtró a la prensa, llegaron a un principio de acuerdo en apoyar la figura de Mansour Hassan, veterano un empresario que fue ministro durante la época Sadat. Sin embargo, finalmente, el pacto no se llegó a sellar, y los Hermanos Musulmanes decidieron presentar su propio candidato. Este movimiento, con el que rompían una promesa de no pretender monopolizar el poder hecha hasta la saciedad, abrió la caja de pandora, anticipando el conflicto abierto que estalló dos meses después”.

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