El islamista Morsi presidirá el Egipto post-Mubarak

Egipto experimentó ayer un nuevo hito en el proceso histórico que inauguró el año pasado con su Revolucion: la elección democrática de su primer presidente civil tras más de seis décadas de dictadura militar. Mohamed Morsi, el candidato de los Hermanos Musulmanes, la histórica organización islamista, será el sucesor de Hosni Mubarak, el dictador destronado que agoniza en su lecho de muerte luego de sufrir esta semana una embolia y un infarto de corazón.

La confirmación oficial del triunfo de Morsi, anunciado por los medios de comunicación egipcios horas después de cerrar las urnas, llegó después de una semana llena de tensión y rumores de todo tipo. El presidente de la Junta Electoral, Faruq Sultán, descartó buena parte de las alegaciones de fraude hechas por ambas campañas, y dictaminó que el aspirante islamista se impuso con un 51% de los sufragios frente al 48% de su adversario, Ahmed Shafiq, el último ministro de Mubarak.

El largo discurso introductorio de Sultan, de cerca de media hora de duración, mantuvo al país entero en vilo. Bajo un sol de justicia, en Tahrir miles de personas estaban pegadas a los transistores. Un silencio casi total dominaba la mítica plaza, epicentro de la Revolución y las protestas contra la Junta Militar. Pero tan pronto como Sultán pronunció los resultados definitivos, se produjo un estallido de euforia. No sólo en la mítica plaza, sino en todas las calles de El Cairo se escucharon petardos, bocinas y cánticos de celebración.

“Hoy es un gran día. Así es como suena la palabra democracia en lengua árabe”, declaró Mohamed, un barbudo seguidor de la cofradía islamista, mientras un grupo de jóvenes se abrazaba formando un círculo y saltaba. En un ambiente festivo que recordaba el de febrero del 2011, miles de personas corearon de nuevo el lema: “Levanta tu cabeza, eres un egipcio!”. Algunos también gritaban el grito de guerra islamista: “Alá Akbar” (Alá es grande).

Su alegría estaba plenamente justificada, ya que la Hermandad acababa de conseguir un viejo sueño después de más de ocho décadas marcadas por el ostracismo y la persecución. Incluso muchos egipcios que no apoyan a los Hermanos Musulmanes respiraron ayer aliviados al oír los resultados oficiales, que alejaban el espectro de un conflicto violento. Y es que los últimos días se había evocado a menudo en Egipto el llamado “escenario argelino”, en referencia a la larga y cruenta guerra civil que se desencadenó tras el golpe de Estado militar que abortó el triunfo electoral de los islamistas en 1991.

“No estaría hoy aquí como primer presidente electo de forma libre sin los sacrificios de los mártires y los heridos”, dijo Morsi en un mensaje televisivo dirigido a la nación. “Seré el presidente de todos los egipcios … ahora necesitamos unidad”, añadió en un tono conciliador, en línea con su promesa de formar un gobierno de coalición abierto a otras fuerzas políticas, y liderado por un primer ministro que no sea miembro los Hermanos Musulmanes.

En un discurso de tintes institucionales, el presidente electo intentó calmar los miedos de una buena parte de la sociedad egipcia, que teme la imposición de un proyecto teocrático. Asimismo, lanzó un guiño a la comunidad internacional, al reiterar que respetará los acuerdos firmados por el país, en una velada referencia a los acuerdos de paz con Israel. Morsi, que cumplió de forma inmediata su promesa de dimitir de sus cargos en la Hermandad, recibió la felicitación de Shafiq, que reconoció públicamente su derrota.

De acuerdo con la mayoría de expertos, la victoria de Morsi no pondrá fin de forma inmediata al  periodo de inestabilidad y confrontación política que vive el país. Tras conocerse los resultados oficiales, Mohamed Beltagui, uno de los líderes del brazo político de la Hermandad aseguró en la cadena Al Jazeera que no piensan desalojar Tahrir hasta que no se cumplan sus demandas, que no se limitan al respeto del veredicto de las urnas. Todo un órdago a la cúpula militar.

La disolución del Parlamento, controlado por los islamistas, y la promulgación por parte de la Junta Militar de un anexo constitucional que recorta los poderes presidenciales pusieron en pie de guerra a la Hermandad a principios de esta semana. “Sería bueno para el país que los Hermanos Musulmanes cedieran, y aceptaran un acuerdo con los militares que devolviera la estabilidad al país”, declaró a La Nación el analista Khaled Dawud. Todo parece indicar que la investidura de Morsi el próximo fin de semana no será culminación del atribulado proceso de transición en Egipto, sino tan sólo un capítulo más de una larga lucha por el poder.

Artículo publicado en La Nación el 25-06-2012

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