La débil salud de Mubarak, de tabú a fábrica de rumores

La salud de los faraones fue siempre un secreto de Estado. Quizás por esta razón, Hosni Mubarak, uno de los gobernantes más longevos de la larga Historia de Egipto, prohibió durante su “reinado” la publicación en los medios de comunicación de cualquiera de los muchos rumores que circulaban sobre su estado salud. La revolución del año pasado no ha servido para poner fin al runrún sobre el último faraón. El único cambio es que ahora nadie teme ya a la hora de realizar sus comentarios públicamente.

Uno de los legados de varias décadas de colonialismo, una asfixiante dictadura militar, y de ser el escenario de las luchas de poder de las grandes potencias ha sido estimular la imaginación colectiva del pueblo egipcio. Tan grande es su desconfianza hacia las noticias oficiales, como su credulidad y fascinación por las teorías conspirativas de todo tipo. Y la más extendida durante los últimos días es que Mubarak ha muerto. De hecho, si los egipcios tuvieran que creer las noticias que escuchan en la calle, o leen en las redes sociales, el “raïs” destronado” moriría varias veces al día.

Desde su sentencia a cadena perpetua del pasado sábado, los rumores relacionados con ex presidente han hecho correr ríos de tinta en los periódicos egipcios. Desde su presunta resistencia durante cuatro horas a bajar del helicóptero que le trasladó a la prisión de Tora, a su miedo a que las autoridades de la cárcel lo asesinen, cada día aparece en la prensa un nuevo capítulo del culebrón “Mubarak”. La mayoría de ellos hacen referencia a su delicado estado de salud, y en numerosas ocasiones filtraciones de los doctores que lo cuidan han asegurado que se encontraba al borde de la muerte.

Sin embargo, las últimas informaciones oficiales apuntan a que su diagnóstico se ha estabilizado durante las últimas horas. Además de dolor en las articulaciones, a sus 84 años de edad, el ex “raïs” egipcio padece de alta presión sanguínea, y de serios problemas respiratorios y cardíacos. Todos ellos se habrían agravado durante los últimos días debido a una recaída en su depresión. Por esta razón, durante su primera noche en la prisión, Mubarak estuvo bajo respiración asistida, y el día siguiente, los doctores tuvieron que recurrir a un desfibrilador cardíaco.

“No me creo nada sobre la gravedad del estado de salud de Mubarak. Creo que todo son filtraciones interesadas por parte de la Junta Militar para crear un estado de ánimo en la opinión pública favorable a su liberación”, sostiene Manar, una profesora de árabe que simpatiza con las demandas de los revolucionarios. En cambio, Mundar, un joven recién graduado en Comercio en la Universidad Americana de El Cairo, discrepa. “A su edad, y con el shock que debe haber supuesto pasar de ser una especia de Dios en la tierra, a un preso más en Tora, a mí lo que me extraña es que aún continúe con vida”.

El equipo de médicos que lo cuida ha solicitado su traslado a un hospital, pues argumenta que su estado de salud es demasiado delicado para poder tratarlo debidamente. Docenas de sus seguidores se han manifestado a las puertas de Tora para presionar a favor de su partida de la prisión. No obstante, los responsables del ministerior del Interior se niegan a autorizarlo, y aseguran que el hospital de la prisión está perfectamente equipado. De hecho, la pequeña clínica fue acondicionada durante semanas para recibir a su ilustre huésped en unas reformas que costaron al erario público cerca de un millón de dólares.

A tan sólo 48 horas del inicio del ballottage para decidir quién será el sucesor de Mubarak, es inevitable que la rumorología sobre su salud se interprete en clave electoral. La mayoría de analistas considera que su salida de la cárcel podría perjudicar las aspiraciones de Ahmed Shafiq, considerado el candidato favorito de la Junta Militar y del antiguo régimen. Sin duda, su rival, el islamista Mohamed Morsi, lo aprovecharía para denunciar la existencia de un plan para exonerar a Mubarak de sus responsabilidades, y recrear su régimen, lo que pasaría por la elección de Shafiq como nuevo presidente.

Publicado en La Nación el 14-06-2012

One thought on “La débil salud de Mubarak, de tabú a fábrica de rumores

  1. Sólo falta que entre en el campo de batalla el estado de salud de Mubarak. No le deseo la muerte, ésta para mí está en manos de Dios, pero que enreden ahora en que empeora o mejora su salud, es desviar la atención de lo realmente importante en la vida política del país en estos días cruciales. Además, si ya han arreglado el hospital de la cárcel donde está, cosa que me alegra porqué supongo servirá para atender mejor clínicamente a todos los presos, ¿porqué quieren trasladarlo a un hospital?. A mi juicio es un preso más, condenado a cadena perpetua y de allí no ha de salir. Si tiene dolencias, que le atiendan los médicos que debe haber en la cárcel, como deben como deben hacerlo conl resto de presos, ni mejor, ni peor.

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