Why al-Shater is running (and why he shouldn’t)

Khairat al-Shater, the strongman of the Muslim Brotherhood, filed last Thursday the required documents to take part in the upcoming presidential elections in Egypt. The decision has been very controversial, given that the Brohterhood had promised several times since last year that they would sit out of these elections.

From my point of view, these are the keys to interpret Brotherhood’s reversal, a real earthquake in the Egyptian political scene:

-Increased confidence: The Brotherhood made the promise not to run for the elections to reassure foreign powers and the Egyptian army. Having a long history of suffering and repression, the Islamist movement acted with a lot of caution in the wake the Revolution. One year later, after its overwhelming victory in the parliamentary elections and having achieved the recognition by the US, they don’t think a coup d’Etat by the army is really possible. The “Algerian scenario” is not scary anymore.

-Lack of an alternative candidate: For a long time, the Brotherhood searched for a candidate to endorse. They wanted someone with enough popular support so it could win, but without too much carisma, so they could control him. Few weeks before the deadline set up by the Electoral Comission, they realized that there was no candidate who fulfilled all the requirements.

-Internal cohesion: The selection of a presidential candidate had become a real headache. Some factions, especially the youth, had become very vocal about whom to support, and there was a real risk of an internal rebellion in a organization characterized by its sense of discipline. Presenting al-Shater, considered to be the strongest figure in the movement, the Brothers tried to force their ranks to unite.

-Fear of losing it: The Brotherhood have never been so close to power, and they absolutely don’t want to miss this chance. Right now, it is clear that writing the the Constitution will not be finished before the elections, which means that the new president will assume its position under the current basic law, which grant pharaonic powers to the “rais”. The Brothers are afraid that “their Parliament” becomes a weak and ineffective institution subordinated to a strong president they can’t control.

Although, considering all these reasons, the decision to run for the elections make sense, I still think it was a big blunder that the leadership of the organization will soon regret. And here it is why:

-Loss of credibility: After promising some many times that they would not run a candidate, they have lost a lot of credibility among many Egyptians, who just see them as an opportunist and greedy organization who puts first its own interests to the nation’s.

-Strained relations with other political parties: After having imposed the composition of Constitutional Assembly, this decision will definitely make very difficult for the Brothers to form any kind of alliance with other political parties in the coming future. Maybe now they think they don’t need it, but sooner or later their power will erode, and they will need partners. At that point, it will be very difficult to win their trust.

-Risking a showdown with the military: By pushing so hard in the Egyptian power battle, they have invited other actors to do the same, setting them in a course of collision. Of course, I am talking especially about the army. The stakes are now very high, so no wonder that the Junta has pushed Omar Suleiman to also run for the elections.

-Losing by winning: Even if they have another electoral success, their victory might short-lived. The expectations of the Egyptian population are very high, and the chances for the next Government to fulfill them are very small. The economy is in shambles, and there is no easy path to recovery. By assuming full powers, the Brotherhood will have full responsibility for the failure of the new elite to live up to expectations.

One thought on “Why al-Shater is running (and why he shouldn’t)

  1. Traducció de Google

    ¿Por qué al-Shater se está ejecutando (y por qué no debería)

    Publicado el 6 de abril 2012

    Ricard González

    Khairat al-Shater, el hombre fuerte de la Hermandad Musulmana, presentó el pasado jueves los documentos requeridos para participar en las próximas elecciones presidenciales en Egipto. La decisión ha sido muy controvertida, dado que el Brohterhood había prometido en varias ocasiones desde el año pasado que se sentaba fuera de estas elecciones.

    Desde mi punto de vista, estas son las claves para interpretar la inversión de la Hermandad, un verdadero terremoto en la escena política egipcia:

    -Aumento de la confianza: La Hermandad hizo la promesa de no postularse para las elecciones para tranquilizar a las potencias extranjeras y al ejército egipcio. Con una larga historia de sufrimiento y de represión, el movimiento islamista actuó con mucha precaución a raíz de la Revolución. Un año más tarde, después de su abrumadora victoria en las elecciones parlamentarias y después de haber logrado el reconocimiento por parte de los EE.UU., no creo que un golpe de Estado por el ejército sea realmente posible. El “escenario argelino” no les da miedo.

    -La falta de un candidato alternativo: Durante mucho tiempo, la Hermandad ha buscado un candidato a apoyar. Ellos querían a alguien con el apoyo popular suficiente como para que pudiera ganar, pero sin demasiado carisma, para que pudieran controlarlo. Pocas semanas antes de la fecha límite establecida por la Comisión Electoral, se dieron cuenta de que no había ningún candidato que cumpliera todos los requisitos.

    -La cohesión interna: La selección de un candidato presidencial se había convertido en un verdadero dolor de cabeza. Algunas facciones, especialmente los jóvenes, se habían vuelto muy críticos sobre quién apoyar, y no había un riesgo real de una rebelión interna en una organización caracterizada por su sentido de la disciplina. La presentación de al-Shater, es por ser considerado como el más fuerte de la figura en el movimiento, los hermanos trataron de obligar a unir sus filas.

    -El miedo de perderla: La Hermandad nunca ha estado tan cerca del poder, y en absoluto quiere perder esta oportunidad. En este momento, está claro que la escritura de la Constitución, no estará terminada antes de las elecciones, lo que significa que el nuevo presidente asumirá su posición conforme a la legislación básica actual, que concede poderes faraónicos al “rais”. Los hermanos tienen miedo de que “el Parlamento” se convierta en una institución débil e ineficaz subordinado a un presidente fuerte que no pueden controlar.
    Aunque, teniendo en cuenta todas estas razones, la decisión de postularse para las elecciones tiene su sentido, sigo pensando que fue un gran error por parte de los dirigentes de la organización de la que pronto se arrepentirá. Y aquí está el porqué:

    -La pérdida de credibilidad: Después de prometer algunas cosas que no se ejecutan, han hecho perder mucha credibilidad entre muchos egipcios, que solamente los ven como una organización oportunista y codiciosa que pone en primer lugar sus propios intereses a los de la nación.

    -Tensas relaciones con otros partidos políticos: Después de haber impuesto la composición de la Asamblea Constituyente, esta decisión sin duda hará muy difícil para los hermanos formar cualquier tipo de alianza con otros partidos políticos en el futuro próximo. Tal vez ahora piensan que no lo necesitarán, pero tarde o temprano, su poder se erosionará, y necesitarán socios. En ese momento, será muy difícil ganar su confianza.

    -Arriesgar un enfrentamiento con los militares: Al empujar con tanta fuerza la batalla por el poder egipcio, han invitado a otros actores a hacer lo mismo, colocarlos en un curso de colisión. Por supuesto, estoy hablando sobre todo del ejército. Los riesgos son ya muy elevados, por lo que no es de extrañar que la Junta haya empujado a Omar Suleiman, para estar también en las elecciones.

    -Perder ganando: Incluso si tienen otro éxito electoral, su victoria podría ser de corta duración. Las expectativas de la población egipcia son muy altas, y las posibilidades del próximo Gobierno para cumplir esos compromisos son muy pequeñas. La economía está en ruina, y no hay un camino fácil hacia la recuperación. Al asumir plenos poderes, la Hermandad tendrá toda la responsabilidad por el fracaso, según la altura de las expectativas de la nueva élite.

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