The democratic paradox of Egyptian revolutionaries

The process of electing the assembly in charge of writing the new Constitution has shown again the recurrent contradiction between the ideals and positions of Egyptian revolutionaries. On the one hand, their struggle to topple Mubarak’s regime was aimed at achieving a democratic country. But on the other, given the hegemony of political Islam in the streets, they demand elitist procedures to shape the outline of the new political system.

In the last days, many activists and liberal political parties argued that MPs should be a small minority in the constitutional assembly. Some even contended that they should be absent from the committee. One of their arguments was that the task of writing the basic law should be assigned to “experts on Constitutional law”. Knowledge and not votes should be the requisite to be in the assembly, they said. Another argument was that, with a direct involvement of the Parliament, all segments of society would not be duly represented.

However, in most countries that have experienced a democratic transition, the Parliament has played an important role in designing the new Constitution. This is normal, since the Parliament is the institution representative of people’s will. Also, from a democratic point of view, it is logical that the Constitution reflects the views and values of the majority of the population.

The problem is that many activist seem to have a condescending view on their fellow citizens, as if they were not smart enough to take the right decisions to shape their own future. And here lies the tough contradiction of Egyptian liberals: they would love to espouse a democracy, but deep in their heart, what they want is a system led by a cultured and non-Islamist minority.

All this said, liberals are right in one of their points: a democracy does not only mean the rule of the majority, but also the respect for the rights of minorities and the weak sectors of society, which in Egypt means women and Copts. Therefore, although is logical that Islamist have a strong influence in the constitutional assembly, they should seek a consensus, and not impose their views on the whole society. In the coming weeks, we will see if they are up to the job.

One thought on “The democratic paradox of Egyptian revolutionaries

  1. Traducción de Google

    La paradoja democrática de los revolucionarios egipcios

    Publicado el 24 de marzo de 2012

    Ricard González. El Cairo

    El proceso de elección de la asamblea encargada de redactar la nueva Constitución ha puesto de manifiesto una vez más la contradicción recurrente entre los ideales y las posiciones de los revolucionarios egipcios. Por un lado, su lucha para derrocar el régimen de Mubarak estaba dirigido a lograr un país democrático. Pero por otro lado, dada la hegemonía del Islam político en las calles, que exigen los procedimientos elitistas para dar forma al contorno del nuevo sistema político.

    En los últimos días, muchos activistas y partidos políticos liberales argumentaron que los diputados deben ser una pequeña minoría en la Asamblea Constituyente. Algunos incluso sostuvieron que deben estar ausentes de la comisión. Uno de sus argumentos fue que la tarea de escribir la ley fundamental debe ser asignada a “expertos en Derecho Constitucional”. El conocimiento y no los votos debe ser el requisito para estar en la asamblea, dijeron. Otro argumento fue que, con una participación directa del Parlamento, todos los segmentos de la sociedad no esté debidamente representado.

    Sin embargo, en la mayoría de los países que han experimentado una transición democrática, el Parlamento ha jugado un papel importante en el diseño de la nueva Constitución. Esto es normal, ya que el Parlamento es la institución representativa de la voluntad del pueblo. Además, desde el punto de vista democrático, es lógico que la Constitución refleje los puntos de vista y valores de la mayoría de la población.

    El problema es que muchos activistas parecen tener una visión condescendiente de sus conciudadanos, como si no fueran lo suficientemente inteligentes como para tomar las decisiones correctas para forjar su propio futuro. Y aquí radica la contradicción difícil de los liberales egipcios: les gustaría abrazar una democracia, pero en el fondo de su corazón, lo que quieren es un sistema dirigido por una minoría culta y no islamista.

    Dicho todo esto, los liberales tienen razón en uno de sus puntos: una democracia no sólo significa la regla de la mayoría, sino también el respeto de los derechos de las minorías y los sectores débiles de la sociedad, lo que significa en Egipto significa mujeres y coptos.. Por lo tanto, aunque es lógico que islamistas tienen una fuerte influencia en la Asamblea Constituyente, que debe buscar un consenso, y no imponer sus puntos de vista sobre la sociedad en su conjunto. En las próximas semanas, vamos a ver si están listos para el trabajo.

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