El Parlamento egipcio pide la expulsión del embajador israelí

El Gobierno israelí ha hecho oídos sordos al desaire que le dedicó el Parlamento egipcio al aprobar una resolución en la que insta al Ejecutivo a expulsar al embajador israelí de El Cairo como respuesta a los bombardeos israelíes en Gaza de los últimos días. La acción del legislativo es meramente simbólica, pues no tiene capacidad para imponer sus decisiones a la Junta Militar que administra el país tras la renuncia de Hosni Mubarak.

La resolución fue aprobada a mano alzada y por unanimidad en la Asamblea Popular a instancias del Comité de Asuntos Árabes. Además de pedir la expulsión del embajador israelí, la cámara baja urgió al Gobierno a retirar al embajador egipcio de Tel Aviv, Yáser Rida, y a suspender la exportación de gas al Estado hebreo.

Asimismo, a pesar de que ambos países firmaron un tratado de paz en Camp David en 1979, el texto afirma que Egipto “no será nunca un amigo, socio o aliado de la entidad sionista”, y define a Israel como “el enemigo número uno de Egipto y de la nación árabe”. Además, ofrece su total apoyo a la “resistencia palestina” en todas “sus formas y expresiones” ante las políticas agresivas de Israel.

Las relaciones entre ambos países se han deteriorado después de la Revolución que destronó a Hosni Mubarak, y muy especialmente después del asalto a la embajada israelí en El Cairo que tuvo lugar el pasado mes de septiembre. Tras aquel incidente, se evacuó al personal diplomátoco del país árabe, y la embajada permaneció cerrada durante varios meses.

La votación en Parlamento egipcio puso en evidencia la contradicción entre el sentir de la clase política egipcia hacia Israel, y la política de la Junta Militar. Y es que al mismo tiempo que los diputados urgían cortar cualquier relación o contacto con Israel, la cancillería del país árabe mediaba un alto al fuego entre las facciones palestinas y el Gobierno israelí. De hecho, el embajador israelí, Yaakov Amitai, ni tan siquiera ha sido llamado a una reunión en el ministerio de Asuntos Exteriores.

Durante las tres décadas de Gobierno de Hosni Mubarak, ambos países mantuvieron una relación que ha sido definida como una “paz fría”, pues combinaba una fluida cooperación sobre el terreno, plasmada en el férreo bloqueo a la franja de Gaza, con un distanciamiento en las declaraciones públicas. Por ejemplo, Mubarak sólo visitó Israel para asistir al funeral de Isaac Rabin.

A grandes rasgos, la Junta Militar ha mantenido esta misma política este último año, si bien relajó el bloqueo a Gaza, una medida destinada a congraciarse con la opinión pública egipcia, que simpatiza con la causa palestina. Sin embargo, los expertos pronostican que una vez se haya completado la transición democrática, y las políticas del Gobierno reflejen el sentir de la población, la política exterior egipcia adoptará posiciones de mayor hostilidad hacia Israel. Y para muestra la votación del Parlamento.

Los Hermanos Musulmanes, cuya marca electoral domina la Asamblea Popular, han asegurado que respetarán los acuerdos de paz de Camp David con Israel, si bien no descartan impulsar modificaciones aquellas provisiones consideradas humillantes para Egipto. Esta postura no sólo es compartida por las otras fuerzas islamistas, sino también por la mayoría de los partidos laicos, y la opinión pública. De acuerdo con varios sondeos, aproximadamente un 70% de los egipcios se declara partidario de retocar los acuerdos de Camp David. 

Artículo publicado en El País (13-03-2012)

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