Is perpetual revolution failing in Egypt?

In the last four months, almost every Friday Tahrir Square has either experienced a demonstration against the Supreme Military Council (SCAF) or clashes between the revolutionary youth and the security forces. In these confrontations, more than 100 people have died. The escalation of protests culminated last week in a general strike that did not have much following.

From my point of view, this perpetual state of agitation is due mainly to two factors: the constant abuses committed by the State institutions against activists and civil liberties; and the popular and leaderless nature of the Egyptian revolution, which has become a sort of religion for some Egyptians, as AUC Professor Samer Soliman argues.

There are dozens of revolutionary groups, and a lot of the young activists do not follow any of them. “Ana mustaquil!” (I am independent!), proclaim many demonstrators when asked to which organization or party they belong to. This fact makes that there is always some group ready to make a call for a concrete action.

From my point of view, this constant revolution will fail to achieve its main official aim: to force the fall of the SCAF before the deadline for the transfer of power to a civilian president, which is June 30th. A large part of the population feels tired of clashes and demonstrations, and longs to calm hoping that it will help reactivate the damaged Egyptian economy.

This does not necessarily mean that the so-called “silent majority” sides with the SCAF in its showdown against Tahrir. In fact, although it is not easy to sound out the public opinion in a fluid political period such as this one, I think that a majority does support the transfer of powers to a civilian government after 60 years of a failed military dictatorship. But the bulk of it is just not willing to engage in the demanding actions required to topple the SCAF. And the rest fears the disorder that a sudden fall of the regime may bring, and prefers an orderly transition.

Having this into account, I believe that it is a strategic mistake to organize a rebellion with a weekly heartbeat. It just drains the energy of the movement, since few people, even among the revolutionaties, have the energy and time to engage in protest activities so often. I argue that it would be more effective to make less demonstrations, since they will be more massive. In addition, they always should be linked to a limited and concrete demand to SCAF, not something as ambitious as asking for its resignation. Toppling the whole military elite is much harder than Mubarak.

Most revolutionaries, however, seem to be convinced of the soundness of their strategy. They argue that, even if they don’t succeed in forcing the SCAF to leave power before the official date, their constant pressure is not fruitless. It is thanks to this push that SCAF makes concessions from time to time, and may renounce to stay in power after the June 30th deadline.

It is impossible to read the mindset of such an opaque body as the SCAF -do we even know for sure who compose it?-, as it is not possible to test whether a different strategy would be able to extract more concessions from SCAF with less victims. Let us hope this strategy will be good enough to have a democratic Egypt in the coming months. Contrary to the gloomy visions associated with the concept of the “Arab Winter”, I contend that History has not yet issued its final verdict on the Egyptian revolution.

2 thoughts on “Is perpetual revolution failing in Egypt?

  1. Traducció

    ¿Está fracasando la revolución perpetua en Egipto? 19-02-2012

    En los últimos cuatro meses, casi todos los viernes la plaza Tahrir ha experimentado ya sea una manifestación contra el Consejo Supremo Militar (SCAF) o enfrentamientos entre la juventud revolucionaria y las fuerzas de seguridad. En estos enfrentamientos, más de 100 personas han muerto. La escalada de protestas culminó la semana pasada en una huelga general que no tenía mucho sentido.

    Desde mi punto de vista, este perpetuo estado de agitación se debe principalmente a dos factores: los constantes abusos cometidos por las instituciones del Estado contra los activistas y las libertades civiles, y el carácter popular y sin dirección de la revolución egipcia, que se ha convertido en una especie de religión para algunos egipcios, como las AUC según argumenta el profesor Samer Soliman.

    Hay docenas de grupos revolucionarios, y muchos de los jóvenes activistas no siguen a ninguno de ellos. “Ana mustaquil!” (Yo soy independiente!), Proclaman muchos manifestantes cuando se les pregunta a qué organización o partido pertenecen. Este hecho hace que siempre haya algún grupo dispuesto a hacer un llamamiento para una acción concreta.

    Desde mi punto de vista, esta revolución permanente no podrá alcanzar su objetivo principal oficial: forzar la caída del SCAF antes de la fecha límite para la transferencia del poder a un presidente civil, que es el 30 de junio. Una gran parte de la población se siente cansada de los enfrentamientos y las manifestaciones, y anhela la esperanza de que ayudará a reactivar la economía egipcia dañada.

    Esto no significa necesariamente que los llamados “mayoría silenciosa” apoyen el SCAF en su enfrentamiento contra Tahrir. De hecho, de hecho a pesar de que es difícil sondear la opinión pública en un período político fluido como éste, creo que la mayoría apoya la transferencia de poderes a un gobierno civil después de 60 años de una dictadura militar fallida. Sin embargo, la mayor parte de la población está dispuesta a participar en las acciones más exigentes requeridas para derrocar a los SCAF. Y el resto teme el desorden que una caída súbita del régimen puede traer, y prefiere una transición ordenada.

    Teniendo esto en cuenta, creo que es un error estratégico organizar una rebelión con un latido del corazón semanal. Sólo drena la energía del movimiento, ya que pocas personas, incluso entre los revolucionarios, tienen la energía y el tiempo para participar en actividades de protesta tan a menudo. Yo sostengo que sería más eficaz hacer menos manifestaciones, ya que serían más masivas. Además, siempre deben estar vinculadas a una demanda limitada y concreta a los SCAF, no algo tan ambicioso como ir pidiendo su dimisión. Derrocar a la élite militar conjunta es mucho más duro que lo de Mubarak.

    La mayoría de los revolucionarios, sin embargo, parecen estar convencidos de la solidez de su estrategia. Ellos argumentan que, incluso si no tienen éxito en forzar a los SCAF de dejar el poder antes de la fecha oficial, su presión constante, no es inútil. Es gracias a este impulso que los SCAF hacen concesiones de vez en cuando, y pueden renunciar a mantenerse en el poder después de la fecha límite 30 de junio.

    Es imposible leer la mente de un cuerpo opaco, tales como los SCAF- incluso aunque sepamos a ciencia cierta quienes lo componen -, ya que no es posible comprobar si una estrategia diferente sería capaz de extraer más concesiones de los SCAF con menos víctimas. Esperemos que esta estrategia será lo suficientemente buena para tener una sociedad democrática en Egipto en los próximos meses. Contrariamente a las visiones pesimistas asociadas con el concepto de “Winter árabe”, afirmo que la historia aún no ha emitido su veredicto final sobre la revolución egipcia.

  2. Por lo que cuentan los medios de comunicación, la Junta Militar será difícl de derrocar. Están en el poder desde hace mucho tiempo y no van a permitir que no se les tenga en cuenta en el nuevo Gobierno. Ahora bien, quizá tantas manifetaciones ya no tienen sentido, a menos que se produzca un hecho relevante que perjudique al pueblo egipcio. El tiempo corre veloz, ya estamos casi a finales de febrero y para el tan anhelado 30 de junio sólo faltan 4 meses, que no son nada. Más vale retener los nervios y evitar revueltas que por desgracia casi siempre se saldan con algunos muertos..

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