¿Una conspiración política detrás de la tragedia?

En un país tan proclive a las teorías conspirativas, no es de extrañar que un incidente tan dramático e inédito como la muerte de al menos 75 personas en un estadio de fútbol haya despertado todo tipo de suspicacias. Un año después de su Revolución, que derrocó al dictador Hosni Mubarak, en Egipto la transición hacia la democracia transita por un camino lleno de incertidumbre y espasmos violentos, ya sea en una manifestación de cristianos coptos, en la Plaza Tahrir. O en un estadio de fútbol.

Varios son los factores que estimulan la aparición de este tipo de teorías. Para empezar, no existe una rivalidad especialmente fuerte entre los dos equipos que jugaron ayer un partido en la ciudad portuaria de Port Said, el Masry y el Ahly, el club más laureado de Egipto con 35 títulos de Liga. Los “derbis” de mayor tensión en este país enfrentan al Ahly con el Zamalek, el otro gran equipo de El Cairo. Para más inri, el Masry, el equipo local se impuso con claridad en el encuentro por 3 a 1, por lo que aún es más difícil de explicar la furia de sus hinchas.

Además, también resultó sorprendente la escasez de efectivos policiales en el estadio, así como su pasividad. Los ultras del Masry llevaron su “caza” de los adversarios hasta el mismo vestuario del Ahly. “Las fuerzas de seguridad nos abandonaron, no nos protegieron. Un seguidor ha muerto enfrente del vestuario, delante mío”, denunció a gritos el veterano jugador del Ahly Mohamed Abou-Treika en una entrevista para el canal de televisión de cable del club cairota.

La teoría conspirativa más extendida entre la clase política ayer por la noche señalaba que la masacre podría haber sido planeada por la Junta Militar que administra el país con la finalidad de convencer a la sociedad de mantener la ley de emergencia. Esta legislación, decretada en 1981 tras la muerte de Anuar Sadat a manos de yihadistas, ha servido durante las últimas tres décadas como cobertura legal de la represión a los activistas políticos de la oposición.

El pasado martes, el día antes del primer aniversario de la Revolución del 25 de enero, el mariscal Tantawi, presidente de la Junta Militar, anunció en un mensaje televisivo el levantamiento de la ley de emergencia, pero añadió una excepción: los actos de “gamberrismo”. Tantawi no definió el concepto de “gamberro”, pero era el que aplicaba el antiguo régimen a los jóvenes disidentes, lo que suscitó los recelos de organizaciones de Derechos Humanos y partidos.

Por esta razón, una de las primeras sesiones del nuevo Parlamento democrático se dedicó a abordar la suspensión absoluta, y sin excepciones, de la ley. “Lo que ha pasado no puede ser una coincidencia. Esta masacre y tres asaltos armados sucedieron sólo un día después de que el ministro del Interio vino al Parlamento a tratar de convencernos de mantener el estado de emergencia”, declaró a la televisión Ziad el-Elaimi, diputado del Partido Social Demócrata.

“Esto es una masacre, nunca he visto tantos cadáveres en un sólo lugar en todas las guerra en las que he visto”, aseguró apesadumbrado Badry Farghaly, el diputado de Port Said, que tampoco se podía explicar el porqué de la masacre.

Los responsables del Partido de la Libertad y la Justicia (PLJ), la marca electoral de los Hermanos Musulmanes, expresaron sin tapujos sus sospechas de que la carnicería había sido planeada. Sin embargo, los islamistas no culparon a la Junta Militar, con la que algunos analistas políticos creen que habría sellado un pacto secreto para gobernar conjuntamente el país. “Los acontecimientos de Port Said son orquestados y son un mensaje de los “fulul”, los remanentes del antiguo régimen”, denunció el vicepresidente del PLJ, Essam al-Arian, en un comunicado difundido en la página web de la fuerza islamista.

La interpretación de Essam al-Arian carece de mucha lógica, pues no explica cuál sería el presunto mensaje de los “fulul”, ni a quién iría dirigido. Tras las elecciones, los simpatizantes de algunos nuevos partidos creados por ex partidarios de Mubarak realizaron algunas protestas, como cortes de vías, como medida de protesta por la derrota de sus candidatos al Parlamento a causa del fraude. Sin embargo, aquellas protestas quedan ya lejos. Asimismo, parece difícil vincular los incidentes con el futuro del juicio al “raïs” Mubarak, que se encuentra ya en su fase final.

Ahora bien, sí es cierto que los hinchas radicales del Ahly jugaron un papel muy activo durante la Revolución del 25 de enero, situándose en la primera línea del frente de batalla con las fuerzas del orden. El pasado diciembre, y tras una escaramuza con la policía, emitieron un comunicado en el que explicaban el suceso: “El problema va más allá del fútbol. Queremos saldar cuentas con los remanentes del antiguo régimen … y su represión de la juventud egipcia”.

Quizás, más que fruto de oscuras conspiraciones y mensajes en clave, la masacre responda a un sentimiento tan primario como la venganza. Me refiero a la de las de unas pasivas fuerzas del orden que se negaron a proteger a sus enemigos jurados el día se encontraban en minoría en un estadio hostil.

Artículo publicado en La Nación (2-2-2012)

2 thoughts on “¿Una conspiración política detrás de la tragedia?

  1. Pienso que desgraciadamente ha habido una conspiración egipcia, bien sea de los seguidores de Mubarak, como se apuntaba al principio, como de los militares, versión que me convence más con las aclaraciones de este artículo. Se ve a las claras que los militares no quieren dejar el poder porqué el mismo mariscal Tantawi dijo que se levantaba la Ley de emergencia salvo actos de “gamberrismo”, y este acto dentro del partido de fútbol empezó con gamberrismo pero acabó en tragedia para muchas personas y familias. ¡Qué pena que valoren tan poco la vida humana!

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