Un aniversario con sabor islamista

Un muro de unos tres metros de altura, formado por una veintena de bloques de hormigón, bloquea completamente la calle Qasr al-Aini, la céntrica vía que conecta la Plaza Tahrir con la sede del Parlamento egipcio. La pared fue construida el mes de diciembre para separar policías y manifestantes en el último espasmo revolucionario, y representa una metáfora de la desconexión entre jóvenes activistas, partidos políticos, y la Junta Militar que administra el país desde la caída de Hosni Mubarak, el último faraón.

El choque de legitimidades entre los tres actores centrales del panorama político egipcio se hará más evidente esta semana, al coincidir la celebración del primer aniversario de la Revolución con la constitución del primer Parlamento democrático del país después de seis décadas de dictadura militar. En concreto, la histórica primera sesión del Congreso será el lunes, dos días antes de la efeméride, temida por un sector de la ciudadanía ante la posibilidad de que desemboque en nuevos enfrentamientos violentos.

“No sé si el día 25 de enero habrá una nueva ola revolucionaria. Quizás será el 27, o el 30 de enero. O quizás será en febrero. Pero no tengo dudas de que conseguiremos forzar la dimisión de la Junta Militar”, declaró a El SIGLO la célebre periodista Buzaina Kamel, la primera mujer candidata a la presidencia en la historia del país, y todo un símbolo para la juventud revolucionaria. “La gente se ha dado ya cuenta que el ejército no trabaja a favor de la Revolución, sino en su contra, y es culpable de los abusos y la muerte de decenas de personas en los últimos meses”.

Para contrarrestar estas acusaciones, lavar su imagen, y reivindicar su legitimidad revolucionaria, la Junta Militar está preparando un programa de actividades festivas en varias ciudades para el día 25 de enero, como desfiles militares, conciertos, y exhibiciones de las Fuerzas Aéreas. En El Cairo, éstas tendrán lugar en la Plaza Tahrir, por lo que los activistas aún debatían pocos días antes si intentar boicotearlas, o simplemente ignorarlas buscando una nueva sede para manifestarse.

Probablemente, la juventud revolucionaria ya no gozará a partir de ahora del mismo grado de protagonismo y legitimidad que en los últimos doce meses. Ante la falta de un órgano representativo de la voluntad ciudadana, y la debilidad de unos partidos políticos recién creados, los activistas podían fácilmente arrogarse la legitimidad popular en su lucha contra la cúpula del ejército. De ahí que su más célebre eslogan fuera: “El pueblo quiere la caída del régimen”.

No obstante, tras las elecciones legislativas, será el flamante Parlamento quien se erija en el verdadero representante de la voluntad popular. Tanto los medios de comunicación como algunas organizaciones que supervisaron el maratoniano proceso electoral denunciaron la existencia de irregularidades, pero ninguna de ellas fue de gran calado. Por ello, y gracias a la elevada tasa de participación -alrededor del 60%-, analistas, fuerzas políticas y la mayoría de la población consideran que los resultados son legítimos y reflejan de forma certera la realidad socio-política del país.

Sin duda, el gran ganador de los comicios es el islamismo en sus dos vertientes, la más pragmática, representada por los Hermanos Musulmanes, y la más radical, agrupada en torno a la coalición fundamentalista Nour. En cambio, la alianza “Revolución Continua”, que representaba a los jóvenes revolucionarios de Tahrir obtuvo un muy pobre resultado, con sólo un 2,5% de los sufragios.

Para continuar leyendo el artículo, publicado en EL SIGLO, haga click aquí

2 thoughts on “Un aniversario con sabor islamista

  1. Ricard, en primer lugar quiero felicitarte por el artículo, porque paso a paso sitúas al lector sobre los resultados de las elecciones y las posibles situaciones que se pueden dar, dado el peso de las mayorías. Ojalá todo transcurra con “normalidad” como en Túnez que cuenta con una democracia recién estrenada, pero da la impresión que se asienta sobre una base sólida.

  2. Efectivamente el islam se está imponiendo en la política democrática de los países de Oriente Medio; Marruecos, Túnez y ahora Egipto. Pero en Egipto dada la mayoría de los Hermanos Musulmanes pueden aliarse con los salafistas que se hicieron con un 25% de los votos, pero también con los partidos laicos que son mayoría. Yo no entiendo mucho de oilítica, me gusta estar al día por la prensa, y el caso de Egipto lo he seguido con mucho interés por un asunto personal, pero creo que entre los islamistas los hay muy respetables y que ellos a su vez también lo son, aunque aquí en Occidente se les vea a todos como terroristas. Para mí, eso es un error.

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