Dimite el gobierno egipcio a causa de los enfrentamientos

Los jóvenes revolucionarios egipcios que llevan tres días seguidos batallando contra las fuerzas del orden por hacerse con el control de la Plaza Tahrir consiguieron ayer por la noche su primera victoria de calado: la dimisión en bloque del gobierno del primer ministro, Essam Sharaf. Sin embargo, el precio que han tenido que pagar ha sido muy elevado, pues se cuentan ya al menos 24 muertos y unos 1.700 heridos.

El gabinete, formado el pasado mes de marzo, presentó ayer por la tarde su dimisión ante el Consejo Superior de las Fuerzas Armadas, la junta militar que administra el país desde la caída de Hosni Mubarak. Los militares no aceptaron la dimisión de forma inmediata, sino que la suspendieron hasta llegar a un consenso sobre la composición del nuevo gobierno.

No obstante, no parece que un simple cambio de gobierno sea suficiente para poner fin a la revuelta en las calles de las principales ciudades del país, ya que se considera al ejecutivo una marioneta en manos de la junta militar. “La dimisión de Sharaf es insignificante. Queremos la dimisión y juicio de la junta militar por sus crímenes”, escribió en twitter el periodista y activista Hossam el-Hamalawy.

Durante la tarde de ayer, unas 50.000 personas ocupaban pacíficamente la emblemática plaza, donde se han vuelto a levantar tres clínicas de primeros auxilios y varias tiendas de campaña. Horas después de los últimos altercados, el olor a gases lacrimógenos era tan fuerte, que llegaba hasta el andén de la parada de metro de Sadat, situada debajo de Tahrir.

En la céntrica plaza se respiraba una calma tensa, alterada sólo por las sirenas de las ambulancias que se abrían camino entre la muchedumbre. La línea del frente se había desplazado a la calle adyacente de Mohamed Mahmud, que conduce a la sede del Ministerio del Interior. La tregua ya había sido anunciada por el general Said Abbas durante el mediodía: “Los manifestantes que permanezcan en la plaza no serán atacados por la policía o el ejército. Sólo protegeremos el Ministerio del Interior”.

Precisamente de allí llegaban los heridos que eran atendidos en uno de los puestos de atención médica operado por una veintena de voluntarios, que a menudo se veían desbordados. “Aquí han muerto hoy unas cinco personas. Cuatro de ellas por herida de bala, y una por asfixia”, cuenta a Público Hadir, una estudiante de enfermería de 18 años. Según los relatos de varios testigos, la policía cambió las pelotas de goma por las balas el domingo por la noche.

Los disturbios se iniciaron el viernes por la noche, luego de una multitudinaria concentración para pedir a la junta militar que acelere la transferencia del poder a un gobierno civil. Si bien la manifestación estuvo dominada por los militantes de los Hermanos Musulmanes, el principal partido islamista egipcio, al iniciarse los disturbios los activistas laicos volvieron a recuperar la iniciativa.

Al igual que nueve meses atrás, son los jóvenes revolucionarios quienes marcan el paso a unos partidos políticos que les siguen a remolque. Cuando Mohamed Beltagi, uno de los líderes de los Hermanos, se acercó ayer a Tahrir, los activistas le expulsaron, recriminándole que su partido declinara apoyar la revuelta durante sus primeras horas. La mayoría de partidos se ha limitado a emitir declaraciones de condena, sin llamar a sus seguidores a acudir a la plaza.

Además de laicos, ayer también estaban presentes en Tahrir numerosos militantes salafistas, una corriente islamista radical. “De aquí no me moveré hasta que los militares abandonen el poder”, proclamaba Abdel Majid, un joven estudiante de informática que lucía una larga barba, típico signo de identidad salafista.

“Antes de lo que ha pasado estos días, me conformaba con que volvieran a las casernas en abril, pero ahora quiero que marchen ya”. En cambio, otros manifestantes se mostraban más flexibles. Varios sostenían un mismo cartel que rezaba: “Nuestra única demanda: un calendario para la entrega del poder”.

Los enfrentamientos han añadido un halo de incertidumbre a las elecciones legislativas, cuya primera ronda está prevista que se celebre el próximo lunes. De acuerdo con la hoja de ruta de la junta militar, tras los comicios se comenzará a redactar la Constitución. Una vez aprobada en referéndum, tendrían lugar las elecciones presidenciales, y la entrega formal del poder a la autoridad civil.

Según los analistas, la transición podría alargarse hasta bien entrado el 2013, algo que rechazan de plano todos los partidos políticos. Su plazo límite es el próximo mes de abril.

Una de las posibles salidas a la crisis que se rumoreaba en los mentideros cairotas era la formación de un gobierno de “salvación nacional”, en el que estuvieran representados todos los grandes partidos, y que se debería encargar de pilotar la transición hasta la celebración de las elecciones presidenciales. El nombre de Mohamed Al Baradei, el ex secretario general de la OIEA, sonaba como posible aspirante a primer ministro. Sin embargo, habría puesto como condición disponer de plenos poderes frente a la junta militar.

Publicado en Público el 22-11-2011

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