Duros enfrentamientos en Tahrir

El centro de El Cairo ha revivido durante las últimas 48 horas escenas de violencia muy parecidas a las ocurridas durante la Revolución que destronó al “raïs” Hosni Mubarak el pasado febrero. Manifestantes y policías se enzarzaron en una verdadera batalla campal, replicada en otras grandes ciudades como Alexandria, Suez y Asuán, por el control de la Plaza Tahrir. Los disturbios, que tuvieron lugar a ocho días de las primeras elecciones libres del país, se saldaron con un 6 muertos, y más de 1.100 heridos.

Todo empezó la madrugada del sábado, cuando la policía antidisturbios desalojó por la fuerza a unas 200 personas acampadas en el centro de la mítica plaza cairota para solicitar que la junta militar entregue el poder a un gobierno civil. Muchos de aquellos activistas, como Yáser Abd Abou, son víctimas de la Revolución que han visto como el gobierno no ha cumplido sus promesas de indemnizarlos.

“Estábamos en la plaza protestando pacíficamente, cuando la policía vino y empezó a golpearnos con saña. La Revolución que empezó el 25 de enero continúa, y no terminará hasta que los militares abandonen el poder”, explica con gesto de cansancio Abd Abou, propietario de una tienda de teléfonos móviles, y que se ha pasado las últimas noches al raso.

Al enterarse de la noticia del brutal desalojo, varios miles de activistas se dirigieron a la plaza Tahrir para reocuparla. Fue entonces cuando se vivieron las escenas de mayor tensión. La policía usó gases lacrimógenos y disparó balas de goma para dispersar a los manifestantes, que respondieron lanzando piedras y cócteles molotov.

Después de varias horas de lucha por las calles del centro de la capital, la madrugada del domingo los manifestantes habían retomado la Plaza Tahrir. Por la tarde, aún se podía percibir una fuerte olor a gas lacrimógeno en la plaza, en cuyo corazón se levantaban una decena de tiendas de campaña. “Cada bala nos hace más fuertes!”, coreaban victoriosos unos 5,000 manifestantes, además del ya clásico “El pueblo quiere la caída del mariscal!”, en referencia a Mohamed Tantawi, el presidente de la junta militar.

Al caer la noche, terminó la tregua concedida por las fuerzas de seguridad, que volvieron a irrumpir en la plaza a base de disparos y golpes de porra, y quemaron las tiendas de campaña. Ni tan siquiera los médicos voluntarios de una clínica de primeros auxilios situada en un rincón de Tahrir, y que repartió las mascarillas que lucían muchos de los jóvenes revolucionarios, se libraron de la brutal ofensiva en la que murieron cuatro personas. Sin embargo, la violencia policial sólo aumentó la determinación de los activistas, que se multiplicaban a medida que avanzaba la noche, y consiguieron recuperar Tahrir.

“Esta es la misma violencia del antiguo régimen. Los policías dicen que tienen órdenes de pegarnos hasta que marchemos”, dijo Mona Seif, líder de la campaña No a los juicios militares. Según las organizaciones de derechos humanos, desde la Revolución unos 12.000 civiles han sido sometidos a procesos militares bajo la ley de emergencia, vigente desde hace tres décadas. Precisamente, el hermano de Seif, el conocido bloggero Alaa Abdel Fattah, detenido desde hace 20 días, se ha convertido en el último icono revolucionario. Su rostro, pintado sobre una plantilla con spray, decora el centro de El Cairo.

Los principales partidos políticos egipcios condenaron la actuación policial, que Mohamed Al-Baradei no dudó en calificar de “bárbara”, y varios de ellos, como la coalición progresista “La Revolución Continua”, suspendieron sus actividades de campaña. No obstante, de momento, se mantiene el calendario electoral previsto de una transición sumida en el desconcierto y la rabia.

El ejecutivo mantiene el calendario electoral

El ejecutivo egipcio, presidido por Essam Sharaf, celebró ayer por la tarde una reunión de urgencia para abordar la crisis. A su término, el gabinete se trasladó a la sede del Consejo Superior de las Fuerzas Armadas. Desde allí, emitió un comunicado en el que apostó por mantener la hoja de ruta de la transición, cuya próxima estación es la celebración de elecciones legislativas a partir del próximo 28 de noviembre.

Sin embargo, el texto no aclaró cuándo abandonará el poder la junta militar, que pretende administrar el país hasta la celebración de las elecciones presidenciales, aún sin una fecha determinada. “Tanto el gobierno como la junta militar deben dimitir. La brutalidad de hoy es inaceptable. La única salida es una transición acelerada a un poder civil”, declaró a Público Amal Sharaf, portavoz de Movimiento 6 de Abril, uno de los responsables de encender la mecha revolucionaria el pasado 25 de enero. De momento, un integrante del gabinete ya ha hecho caso a su llamada. Se trata de Emad Abu Ghazi, el Ministro de Cultura. Varios líderes políticos, incluido Amr Moussa, también solicitaron ayer públicamente a los militares un retorno inmediato a sus casernas. Aumenta la presión sobre una la junta cada vez más sola y debilitada.

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