Los desafíos de la nueva Libia

La muerte del coronel Moamar Gadafi el pasado 20 de octubre, reproducida casi en tiempo real por los medios de comunicación del mundo entero, tuvo una enorme carga simbólica, y sirvió de dramático epílogo a más de ocho meses de guerra civil.

El hombre que ostentó durante 42 años un poder absoluto en Libia, ejercido a menudo desde la extravagancia, fue capturado en un conducto del sistema de alcantarillado solo, desorientado, con una pistola de oro y un teléfono móvil como únicas pertenencias. Toda una advertencia para aquellos líderes como Bashar al-Assad en Siria, o Abdullah Saleh en Yemen que se resisten obstinadamente a ser desalojados del poder por la ola revolucionaria árabe, mientras encaminan a sus respectivos países hacia la guerra civil.

Sin embargo, las oscuras circunstancias que envuelven el probable asesinato a sangre fría del dictador suponen también una advertencia para las potencias occidentales respecto a los enormes retos que presenta la construcción de la nueva Libia. Varios países, entre ellos EEUU, y organizaciones de derechos humanos han solicitado la apertura de una investigación sobre los abusos que habría padecido líder libio tras su captura, pues podrían constituir crímenes contra la humanidad.

Este suceso, junto a la revelación sobre la existencia de fosas comunes en Sirte con decenas de cadáveres de seguidores de Gadafi, representan una ominosa mancha en el expediente del Consejo Nacional de Transición (CNT), y ponen de manifiesto el azaroso camino que deberá transitar el país hacia una democracia liberal. De acuerdo con su hoja de ruta, durante los próximos 30 días, se formará un gobierno interino representativo de la sociedad libia encargado de gestionar el país hasta la celebración de las primeras elecciones libres, previstas de aquí a ocho meses. Posteriormente, el parlamento elegirá un nuevo ejecutivo, y redactará la constitución.

El reparto de las diversas carteras en el nuevo gabinete permitirá saber hasta qué punto la nebulosa de facciones, partidos y tribus que incluye el CNT posee realmente una misma visión sobre el futuro del país, o bien si el único cemento que les unía era el rechazo al gobierno de Gadafi. Habida cuenta que el ejército rebelde nunca pasó de ser la suma de varias milicias locales, existe el riesgo que alguna de ellas recurra a la violencia si considera que no goza del peso suficiente en el nuevo ejecutivo. Quizás por esta razón, esta tarea fue pospuesta durante varias semanas.

Además de la desmovilización del ejército popular, otro asunto clave será la realización de gestos de reconciliación por parte de la CNT hacia aquellos sectores que han apoyado a Gadafi hasta el final, muy especialmente la tribu de los Gadafa, a la que pertenecía el dictador, y aproximadamente también unos 500.000 de los 6 millones de ciudadanos libios. “El gobierno debe reconocer que esto ha sido una guerra civil, no sólo la lucha contra un déspota, por lo que su primer desafío será traer la reconciliación a Libia”, sostiene Karim Mezran, un politólogo libio profesor de la Universidad Johns Hopkins. En este sentido, el trato dispensado al cadáver del coronel no es una señal demasiado esperanzadora.

En comparación con Túnez y Egipto, los otros países donde ha triunfado la “Primavera Árabe”, la transición democrática en Libia presenta la complicación de no contar con una sociedad civil o un Estado en los que apoyarse. Con la finalidad de evitar el surgimiento de cualquier centro de poder que pudiera representar un peligro a su mandato, Gadafi se negó a construir instituciones estatales sólidas, y gestionó el país a través de redes clientelares que distribuían las rentas obtenidas con la exportación del petróleo.

“No existe hoy en Libia una cultura política que pueda conducir a la creación de una democracia liberal, que promueva el debate y el diálogo. Por eso, a corto plazo, las posibilidades de construir un sistema democrático son nulas. Se equivoca Occidente en presionar para celebrar elecciones democráticas de forma inmediata”, alerta Mezran, muy escéptico respecto a la hoja de ruta del CNT.

Un país sin identidad nacional

Nacido en 1951 como consecuencia del fracaso de los proyectos coloniales europeos, Libia está formado por tres provincias con una cultura e historia diferentes: Tripolitania, Cirenaica, y Fezzan. De ahí que la construcción de una identidad nacional que cohesionara las diversas tribus que incluía en su seno fuera uno de los grandes retos del rey Idris Sanussi, primer mandatario del país tras la independencia.

Sin embargo, tras la revolución de 1969, Gadafi frenó estos esfuerzos en aras de otros proyectos identitarios más ambiciosos. En las primeras décadas de su mandato, quiso convertir Libia en el adalid del nacionalismo árabe, postulándose como el heredero de Gamal Abdel Nasser. Tras su fracaso, “redescubrió” la identidad africanista de Libia con el objetivo de liderar la Unión Africana. Tampoco esta empresa fue más exitosa.

El legado de este zig-zag identitario es un país con un fuerte sentimiento de pertenencia regional en las grandes ciudades, y tribal en las zonas rurales. De ahí que algunos analistas apunten que el único sistema viable en Libia es una federación laxa de las tres provincias históricas, con un alto nivel de descentralización local y un poder central débil que cuente con el Islam como verdadero elemento aglutinador.

De hecho, el islamismo fue el principal vector ideológico de oposición a Gadafi durante la última fase de su régimen. Su mayor bastión fue Bengazi, de donde provienen la mayoría de líderes del CNT. Por ello, a nadie debería extrañar el barniz islamista del discurso de Mustafá Abdel-Jalil, el presidente del CNT, el día de la proclamación de la victoria: “Nosotros somos un país musulmán, hemos adoptado la “sharia” como principal fuente de legislación, y toda ley que se contradiga con ella será nula”.

No obstante, al día siguiente, y después de las expresiones de malestar en las cancillerías occidentales, Abdel-Jalil matizó sus declaraciones, y aseguró que los libios son “musulmanes moderados”, y que sus palabras “no significan que se vaya a cambiar ninguna ley”. La rápida rectificación del mandatario libio demuestra que las potencias occidentales tienen una notable capacidad de influencia entre las autoridades rebeldes. No en vano, sin su apoyo militar, nunca habrían vencido en la guerra civil.

En una nueva muestra de su dependencia, Abdel-Jalil solicitó a la OTAN que rectificara sus planes de terminar sus operaciones en Libia el 31 de octubre, y las prolongue hasta finales de año. Más allá de la seguridad, un ámbito que Libia necesitará la asistencia técnica de la comunidad internacional es en la construcción de unas estructuras estatales modernas.

No obstante, no todo son desventajas en Libia. Por ejemplo, en comparación con la experiencia iraquí, uno de los factores alentadores respecto al futuro es que todas las potencias regionales, desde Algeria a Arabia Saudita, apuestan por la estabilización del país.

Desde el punto de vista económico, el país debería ser capaz de financiar su reconstrucción gracias a sus enormes reservas de petróleo, aunque la industria petrolífera haya visto dañada sus infraestructuras, Según Daniel Lacalle, experto en energía del hedge fund Ecofin, se espera que su producción alcance los 500.000 barriles diarios a finales del presente año, y en enero del 2013 ascienda ya a 1,5 millones, el volumen anterior al estallido de la guerra. Lo que está por ver es si el nuevo gobierno mantendrá los acuerdos con las empresas petrolíferas firmados por Gadafi, y que benefician sobre todo a las compañías italianas.

Articlo publicado en la revista Siglo el 31-10-2011

One thought on “Los desafíos de la nueva Libia

  1. He mirado el blog porqué me lo ha comentado un amigo y en los artículos que llevas escritos me has aclarado muchas ideas erróneas que yo tenía sobre Oriente Medio.
    De este artículo he de decirte que facilita mucho entender el entramado de Libia, que aunque tiene mucha riqueza petrolífera, carece de personas preparadas para ejercer cargos en un gobierno democrático.
    Pienso sinceramente que se les debería tender la mano para ayudarles a negociar entre ellos y sobretodo dialogar. Si se ha notado, en la rectificación de lo que dijo Abdel-Jalil, que occidente tiene peso, los países occidentales han de mover pieza ya para irles dando instrucciones de cara al futuro y a las elecciones. Otro dato alentador es que las potencias regionales apuesten por la estabilización del país.
    Ojalá les sirva de ejemplo Túnez, aunque en realidad siendo países de Oriente Medio cada uno tiene su tendón de Aquiles.
    Enhorabuena y sigue poniéndonos al corriente con tu pluma de las novedades de estos países olvidados hace bastantes décadas, y ahora metidos en guerras o rebeliones que esperemos desemboquen en democracias.

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out / Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out / Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out / Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out / Canvia )

Connecting to %s