Obama y la “Primavera Árabe”

Artículo publicado en Política Exterior, núm. Julio-Agosto

Durante décadas, el Mundo Árabe, pareció una región anclada en el pasado. Aislado de los vientos de libertad que soplaron tras la caída del Muro de Berlín, y ajeno a la “tercera ola de democratización” de Samuel Huntington, sus presidentes y reyes parecían capaces de eternizarse en el poder sin mayores sobresaltos.

Sin embargo, esta realidad cambió de un plumazo al inicio del año 2011, y la región entró en un periodo de aceleración histórica. En tres meses, se experimentaron más cambios que en tres décadas. Dada su importancia geostratégica, ello ha representado un reto para todos los actores internacionales, pero muy especialmente para EEUU, la potencia hegemónica en la región.

Medio año después de que Mohammed Bouazizi se inmolara frente a un cuartel de policía en un pueblo de Túnez, la chispa que encendió las ansías de libertad y dignidad en todo el Mundo Árabe, periodistas y expertos estadounidenses intentan descifrar cuál es la doctrina de la administración Obama para encarar esta poderosa pulsión de cambio.

Se busca una política coherente y estructurada, que defina unos objetivos y los vincule a una serie de principios y medios de actuación, tal como hizo Harry Truman al inicio de la Guerra Fría, o George W. Bush tras el 11-S.

No obstante, de momento, la administración actual no ha ofrecido aún un plan de actuación detallado que pueda catalogarse de doctrina. Se esperaba que Obama lo hiciera en su discurso del pasado 19 de mayo sobre Oriente Medio, pero su mensaje fue demasiado vago. El presidente de EEUU dio algunas pistas sobre su visión de futuro para la región, pero no quiso concretar.

La política exterior de Washington en Oriente Medio lleva medio año a remolque de unos acontecimientos que no previó, y que le han superado. De momento, su política es ad hoc, fruto de una búsqueda constante de equilibrio entre los principios y los intereses de EEUU, y basada en la evaluación de una realidad que cambia a la velocidad de la luz, y que le obliga a ir modificando sus posicionamientos constantemente.

Además de una realidad muy fluida, el Mundo Árabe, incluye en su seno una gran diversidad tanto política, como económica o social. Entre los 22 estados que lo integran, se encuentran algunos de los países con un PIB per cápita más alto del mundo, y otros que figuran en la lista de los más subdesarrollados; Estados completamente homogéneos desde el punto de vista religioso y étnico, otros que constituyen auténticos mosaicos identitarios; monarquías aliadas de Occidente, y repúblicas cuya legitimidad se asienta en una ideología revolucionaria.

En definitiva, la región constituye un verdadero rompecabezas para las cancillerías occidentales. Si a ello, le sumamos el carácter pragmático de Obama, uno de los presidentes menos ideológicos de la historia reciente de EEUU, lo más probable es que la actual administración no desvele una doctrina para el Mundo Árabe en los próximos meses. De hecho, quizás no es ni tan siquiera deseable que así sea.

Ahora bien, esto no significa que no haya una serie de grandes principios que articulen la política de EEUU, así como también una cierta visión del mundo que corresponde a esta administración, lo que nos puede permitir anticipar su comportamiento.

La cautela como brújula

Si algo ha caracterizado la actuación de la administración Obama durante la “primavera árabe” ha sido la cautela. Tanto las declaraciones y acciones del presidente, como de su portavoz, Jay Carney, o la secretaria de Estado, Hillary Clinton, han sido siempre muy mesuradas y prudentes. Nunca se avanzaron a los acontecimientos, y prácticamente en ninguna ocasión se vieron obligados a rectificar sus palabras a causa de la reacción que habían generado sobre el terreno, o entre sus aliados.

Ahora bien, ello no significa que la postura de la Casa Blanca haya sido estática, sino todo lo contrario. Su reposicionamiento, los cambios en su lenguaje al abordar una determinada crisis, han sido constantes, pero sutiles a la vez. En lugar de realizar virajes bruscos, Obama ha ido imprimiendo giros suaves a su política, casi siempre en la dirección correcta.

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One thought on “Obama y la “Primavera Árabe”

  1. Ahora que hemos vivido fuertes altercados en lo que en su día denominaron “Primavera árabe”, creo que Estados Unidos sí deberá posicionarse, al igual que otros países que dependen en gran medida del petróleo que hay en los países árabes. Pueden aportar ayuda en la reorganización de ellos, después de las elecciones que se han celebrado o se celebrarán próximamente, y también ayudar a establecer el diálogo como mediadores de los intereses de los partidos que salgan elegidos.

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